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Casa de Gobierno (ca. 1918). Fotografía: del libro “Signos Santafesinos en el Bicentenario”. Ministerio de Innovación y Cultura de la Provincia de Santa Fe, 2012.
Saber dónde estamos para, luego, develar a dónde vamos pueden ser inquietudes, pero también se convierten en demandas exigentes. Aquel código inserto en un celular nos conduce a un núcleo con múltiples significados en el pasado y también en el presente. La plaza 25 de Mayo es una referencia tanto para quienes viven en la ciudad como para quienes la visitan. Su propio nombre expone las huellas de la historia. Recién en 1887 recibió el nombre que hoy registramos. Sin embargo, los anteriores (Pública, Mayor, de Armas, Independencia, del Congreso Constituyente) denotan que no tuvo la denominación que la identifica en la actualidad. Los cambios expresan no solo el peso del tiempo, desde su momento fundacional en 1573, sino también los diferentes sentidos que ese espacio adquirió al calor de su adaptación a los nuevos usos. Más notorias, marca su transformación una serie de remodelaciones. Y, sin dudas, la política recorre túneles y laberintos que esa misma plaza cobija y une, aunque no se los perciban tan nítidamente.
Aunque no las reconozcamos, las huellas están allí. En la misma medida, las emociones también manifiestan su protagonismo en relación con lo que sucede en este espacio público. Festividades, protestas, marchas, celebraciones, cantos, ferias, movilizaciones, actos, aplausos, gritos, golpes, volanteadas, huelgas de hambre, cacerolazos, proclamaciones, acampes, recitales, represiones han recorrido ese espacio, en su tiempo, forma y sentido particulares. Estos sucesos provienen desde el gobierno de turno o desde alguna organización convocante. Tanto la defensa como la ocupación de la plaza implicó un significado para sus protagonistas. Así, las demandas por transformar o conservar cierta situación tuvieron allí su escenario.
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Cabildo y Plaza Principal (ca. 1900). Fotografía: CeDIAP - Centro de Documentación e Investigación de la Arquitectura Pública. Archivo SFA.
Como observamos, la dimensión espacial es muy significativa. La plaza es punto de llegada, pero también de partida. Es el kilómetro cero de los caminos provinciales, tal como es punto de inicio del ordenamiento urbanístico desde su momento fundacional. Pero la dimensión temporal, a su vez, resulta imprescindible para la explicación y la interpretación. El pasado se manifiesta en huellas dispersas, algunas más visibles que otras. La plaza fue el núcleo fundacional de la pequeña ciudad. Incluso, ratificó su condición de epicentro pese al traslado desde su emplazamiento original. Santa Fe, una localidad trasplantada, mudada, migrada que, a partir de un movimiento que demandó casi una década, conservó el diseño original para sobreimprimirse en un nuevo suelo arenoso, hoy invisible.
No solo el nombre de la plaza se modificó. En estos 450 años también cambiaron su superficie, diseño, paisaje. A lo que se sumó la modificación en los nombres y sentidos de las calles que la rodean. Calles que fueron la vía de comunicación para paseantes y medios de transporte que llegaban o partían de la plaza. Estas otras transformaciones impactan también sobre el uso público de ese centro.
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Plaza y Cabildo (ca. 1900). Postal antigua. Gentileza Lic. Graciela Hornia. Archivo SFA.
Como continuidad en medio de variopintas rupturas, la plaza no perdió su condición de núcleo que concentra el poder en sus diversas dimensiones. No solo el político por la presencia del Cabildo -por muchos años sede de las autoridades ejecutivas y legislativas- en cuyo solar, luego de la demolición de aquel, encontramos la Casa de Gobierno. La sede del poder gubernamental conforma junto a la plaza un maridaje interesante. En un caso, emplazamiento de las autoridades cuyo respeto se encuentra auscultado por una sociedad que, más o menos, atiende el efecto de sus decisiones. En otro caso, la plaza como lugar de enunciación, reunión, diálogo, concentración de protagonistas que guardan algún tipo de vinculación con quienes ocupan dichas instituciones, mientras otros recorren los patios interiores de los ambientes del poder.
El poder religioso, expuesto en la Iglesia Matriz -después denominada Catedral Metropolitana Todos los Santos- se encuentra justo enfrente del político. Paradoja mediante, el cabildo hoy no está. La catedral, pese a sus diferentes modificaciones arquitectónicas, sí. Ruptura y permanencia en cada caso que en su combinación transmite un mensaje. La sede del poder político es la que más debió escuchar a diferentes voces de consenso, crítica o protesta; por su parte el religioso ha recibido manifestaciones del primero, mostrándose mucho menos interpelado en esta historia de cuatro siglos y medio.
Pero el poder religioso también se visibiliza en la iglesia Nuestra Señora de los Milagros que, junto al colegio Inmaculada, constituyen la presencia jesuítica. El poder educativo-cultural que allí se enhebró, a partir de una graduación que unió la educación elemental con la superior, tuvo relevancia en la formación de quienes protagonizaron muchas de las acciones políticas en la capital de la provincia. La ocupación de los espacios institucionales y burocráticos de la ciudad necesitó de una serie de funcionarios, jueces, abogados, legisladores, maestros, sacerdotes que ejercieron sus funciones incluso más allá de la capital, en un Estado que expandió sus fronteras hacia diversos puntos cardinales. Esa formación jesuítica a través de aquellos protagonistas terminó articulando, por un tiempo considerable, el poder educativo-cultural con el político-gubernamental.
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San Jerónimo y Tres de Febrero (ca. 1944). Fotografía: Archivo General de la Nación. Depto. Doc. Fotográficos - Bs. As.- Argentina. Archivo SFA.
Como los otros poderes mencionados, el judicial también mira hacia la plaza. Su presencia algo más tardía muestra los diferentes ritmos en la conformación de las maneras de ordenar una sociedad o, en otras palabras, expone una secuencia en la aparición de las piezas del edificio republicano. Los estudios en jurisprudencia conectaron de manera intensa a las Facultades Mayores, que funcionaron en el colegio Inmaculada hasta la creación de la Universidad de Santa Fe, con el Palacio de Justicia. La formación en derecho no solo fue significativa para nutrir varios de los cargos políticos en la historia santafesina. Décadas después, también se convirtió en el núcleo fundante de la Universidad Nacional del Litoral. Más recientemente, así como las acciones políticas hicieron escuchar su voz al poder político, los reclamos de justicia que se formulan desde la plaza hacia la sede judicial son cada vez más reconocibles.
Las profundas refuncionalizaciones que sufrió la plaza conviven con los intersticios que caracterizan a las memorias, algunas activadas por papeles sensibles. Las imágenes retratadas en fotografías y postales históricas dan cuenta del peso de las transformaciones en el tiempo, en simultáneo a la conservación del espacio y sus múltiples funciones. Otra dimensión del poder puede reconocerse. La plaza como espacio de sociabilidad patricia y también popular, aunque en general no convivan. O, si lo hacen, la distinción expone las diferencias. Formas de ocio y consumo, temas de diálogo, modos de diversión junto a los motivos de agrupamiento, han sido las maneras de ocupación cotidiana de ese espacio público. Manifestaciones artísticas, monumentos, fuentes, tratamiento paisajístico, senderos, bancos, juegos, marcas testimoniales han ido sucediéndose, dando lugar a diferentes rostros en esta historia. Algunos de ellos han quedado retratados, otros están en la memoria y varios frente a nuestra vista. En ocasiones obligan a mirar hacia arriba y, en otros casos, al ras del suelo. Puede interpretarse densidades y potencialidades diferentes, pero sobre todo manifiestan una lucha constante por la ocupación significativa del espacio, para así visibilizar el mensaje que se quiere transmitir.
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Plaza de Mayo (ca. 1909). Postal antigua. Gentileza Lic. Graciela Hornia. Archivo SFA.
Sin dudas, 450 años de la fundación de Santa Fe es un momento conmemorativo que, además, es una ocasión para la reflexión desde un presente que necesita un inobjetable diálogo con el pasado. La apelación a este da lugar a polifacéticas construcciones de imágenes y representaciones que se catapultan a partir de la rememoración de ciertos componentes georreferenciados en este espacio que, al final de cuentas, está cargado de significados y emociones. Desde la desesperación que manifiesta una impostergable demanda, hasta el amor que inicia cerca de esas fuentes que refrescan, casi siempre sin éxito, el calor citadino.
En la plaza 25 de Mayo se manifiestan las diversas dimensiones del poder que han mostrado el pulso de la política en esta historia. Conmemorar en 2023 es también una acción política que, en primera instancia, puede solo referenciar una fecha y un acontecimiento. Pero, sobremanera, puede ser la ocasión para reconocer que ese espacio es un teatro en permanente movimiento. Un escenario de 22.500 metros cuadrados que fue remodelado en diversos períodos. Que sus cambios son expresión de las pujas por el sentido de lo estético-urbanístico. Que quienes lo han ocupado practican la política de diversas maneras. Que sus cuatro costados han visibilizado esas acciones no como mudos testigos, sino como partícipes de las dinámicas de una comunidad que anida en la ciudad y que supera la individualidad, despertándola para alguna acción que necesita del lazo social a través de una ciudadanía que se traslada a ese centro.
A partir de la ubicación 31°39'26.1"S 60°42'37.7"W es posible iniciar un recorrido por caminos históricos. Se pueden observar las trazas de una constante metamorfosis manifiesta en reinauguraciones realizadas por gobiernos que buscaron dejar su sello, al calor de algún aniversario significativo. Sus mástiles exponen la presencia de la nación y de la provincia a través de sus respectivas banderas, en dimensiones simbólicas iguales. De todas maneras, sabemos que en la vida política no se guarda esa paridad. A partir de una ilusión óptica, aquellos parecen custodiar la pirámide que homenajea al Congreso Constituyente de 1853, una apuesta política relevante realizada en un edificio hoy inexistente.
En su historia reciente, en la plaza 25 de Mayo también se exponen las apuestas por un futuro diferente. Es un teatro en el que se depositan creencias, permanentemente renovadas al calor de dilucidar el sentido de lo público desde un presente complejo. Desentrañar esta incertidumbre que genera tantos interrogantes, es posible a través de esa capacidad progresista -pero también conservadora- de la política.
Por Bernardo Carrizo
Profesor de Historia (Facultad de Humanidades y Ciencias. Universidad Nacional del Litoral).
Magíster en Ciencias Sociales (Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales – Facultad de Humanidades y Ciencias. Universidad Nacional del Litoral).
Profesor Asociado.
Categoría docente-investigador: III
Asignaturas en que desarrolla su actividad académica en FHUC:
– Historia Argentina II (Profesorado de Historia, Licenciatura en Historia);
– Problemática Contemporánea de Argentina (Profesorado de Historia, Licenciatura en Historia);
– Historia Argentina I (Licenciatura en Ciencia Política, Licenciatura en Sociología);
– Historia Argentina II (Licenciatura en Ciencia Política, Licenciatura en Sociología).
– Seminario de Historia Argentina y Americana (Profesorado de Historia, Licenciatura en Historia)
Línea de investigación: Historia política y culturas políticas. Escala regional. Siglo XX.