Diego Maradona protagonizó un vuelo agitado entre Dubai y Buenos Aires. Hubo turbulencias adentro del Boeing 777 de Fly Emirates que llegó el martes cerca de las 20 horas a Ezeiza con muy pocos pasajeros, casi todos ellos argentinos. Lujo, furia, gritos e insultos tiñeron las casi 20 horas que demandó el trayecto. Involuntarios testigos de toda esta locura resultaron el gobernador Antonio Bonfatti y los miembros de la delegación de la provincia de Santa Fe, quienes regresaban de una misión comercial e institucional por China y Dubai.
Cómo la esposa de Bonfatti calmó a Maradona en el agitado vuelo de regreso de Dubai
La primera noticia de que Maradona estaba en el vuelo se filtró casi como una curiosidad; una parte de la tripulación quiso sacarse una foto con él pero les resultó imposible. Diego viajó en una cabina súper premium, una especie de mini habitación, y cuando fueron a verlo ya estaba en pijamas y descansando. Una negativa frustrante, pero justificada. El primer estallido se produjo cerca de la escala en Río de Janeiro, más precisamente cuando la aerolínea confirmó que todo el pasaje debía bajar del avión. Los insultos de Diego retumbaron con claridad y fueron escuchados por quienes viajaban en primera clase.
Quizás por eso los argentinos que caminaron junto a él por la manga casi no le hablaron. Un rosarino desandó cerca de cien metros a su lado y no le habló; admitió luego que fue por una mezcla de timidez y temor a ser destinatario de un exabrupto de parte del ex técnico de la selección.
Maradona bajó con una valija de mano, jean, remera oscura y sus clásicos lentes negros. Pocos pasos atrás lo seguía Rocío Oliva, su novia de 22 años, informal y sencilla, también detrás de un par de anteojos negros. "Dale bebé, ayudá con algo; llevá la raqueta al menos", dijo el ex jugador sin darse vuelta y lo suficientemente fuerte como para que todos los que estaban por allí lo escucharan.
En el aeropuerto de Río permanecieron aislados del resto del pasaje y cuando volvieron a subir al avión lo hicieron lejos de las miradas indiscretas. Lejos de ese escándalo, el ex delantero de Central Germán Herrera recibió innumerables saludos de hinchas brasileños, que recuerdan todavía su paso por Botafogo. El Chaqueño viajó con su esposa y su pequeña hija.
Lo más tenso
Las reacciones iracundas del Diez se repitieron apenas la aeronave retomó vuelo, esta vez en contra de su novia. El momento más tenso se produjo cuando la joven irrumpió corriendo en primera clase y Maradona, que venía detrás, la tomó del cuello, descontrolado. Allí intervino Silvia Tróccoli, subsecretaria de Inclusión para personas con Discapacidad de la provincia de Santa Fe y esposa del gobernador Antonio Bonfatti, y logró tranquilizarlo. "Diego tranquilo, cálmate", le dijo repetidamente. Maradona, efectivamente, dejó de insultar y volvió a ocupar su lugar en el avión. Pero las amenazas de iniciarle una demanda a su novia quedaron flotando en el ambiente largo rato.
La paz duró pocos minutos y después otra vez le dio paso a la furia. El centro de su enojo pasaron a ser las azafatas: las acusó a los gritos de invadir su privacidad. El capítulo final se escribió en Ezeiza.













