La falta de tiempo, de ganas, algunas cuestiones físicas como los dolores de cabeza terminan convirtiéndose en las excusas más comunes y despreciables a la hora de decirle "no" al encuentro en la cama con el otro.
Cuáles son las más comunes y horribles excusas para decirle "no" al sexo
A la frase típica "no tengo tiempo", le responde Alicia Gallotti, del staff del sitio de relaciones extramaritales Victoria Milan: "La sexualidad hay que entrenarla a lo largo del día, con gestos, llamadas, mensajes, para que así surja de forma espontánea y no escuche como respuesta un "no tengo tiempo".
"No tengo ganas" es otro clásico que deja en evidencia que el sexo es aburrido y monótono, porque se convierte en la última prioridad en la lista del día, a no ser que estemos en época de enamoramiento que, como todos sabemos, dura sólo un rato. Si queremos que el sexo nos sorprenda y nos entusiasme, debemos abrirle la puerta. Además, como comenta Alicia Gallotti, "hay infinitas modalidades dentro de la sexualidad y no todo tiene que llevar a la penetración".
El dolor de cabeza: numerosos estudios se refieren a los beneficios del sexo para el sistema cardiovascular, nervioso, alivio del estrés, ansiedad, para ayudarnos a mantenernos más jóvenes, e incluso para evitar el alzheimer.
La Wake Forest University School of Medicine, en Winston-Salem, EEUU, concluyó que los que padecen estos fuertes dolores de cabeza tienen niveles de deseo más altos y que este malestar y la libido pueden estar desencadenados por la misma sustancia química en nuestro cerebro, según expone un artículo de la revista Science Daily. Entonces, aunque duela la cabeza, la respuesta a la propuesta de sexo es "sí".
Las excusas que nos damos a nosotros mismos: dentro de esta filosofía del engaño, es la más terrible de todas, porque por lo general se debe al aspecto físico de uno mismo o del el otro, como por ejemplo, ”no es lo suficientemente atractivo/a, interesante, sexy". En el fondo, no encierran sino los miedos y complejos no trabajados. En estas situaciones hay una clara falta de aceptación del propio cuerpo y el del otro.














