La serie danesa Borgen (tres temporadas, la última de 2013) trata sobre el camino y las consecuencias de acceder al poder para Birgitte Nyborg, una dirigente de centro que se consagra primera ministra, el cargo político más alto en ese país que se rige con monarquía parlamentaria.Sin caer en el pecado de adelantar o develar lo central de esta ficción (sin “spoilearla”, como se dice hoy), sí se puede destacar que hay un debate televisivo entre candidatos en uno de los primeros capítulos que resulta clave en el desarrollo de la trama. El debate malogra las chances de unos y fortalece las de otros, y se realiza en la noche previa a la votación en el canal más visto del país. El resultado de la elección y las posteriores consecuencias para la nación derivan directamente de esa puja de ideas (y algo más) en vivo y en directo, sin edición posible, vista por millones de personas a través de las pantallas.
Debates, de las series a la realidad
10 de mayo 2015 · 12:31hs
La estadounidense House of Cards, otra serie política, más conocida en estas latitudes que la anterior, también incluye en la temporada exhibida este año, la tercera, un debate entre tres candidatos presidenciales en el cual el protagonista de la historia, Frank Underwood (Kevin Spacey) se impone a sus dos contrincantes, sin desdeñar las malas mañas, como es propio de este personaje. Ambas ficciones muestran como lo más normal de una campaña política la chance de sentar frente a frente a los candidatos a los cargos nacionales más importantes para debatir, ponerse en juego y demostrar cuán preparados están para la función pública que pretenden ocupar. Ficción al fin, pero prácticas culturalmente arraigadas en ambos países, que en Argentina son apenas eventuales. No se trata solo a exponer ideas y propuestas, sino también de mostrar la templanza y la personalidad para discutir, soportar chicanas, verbalizar conceptos; observar cómo mira, cómo se ríe, cómo se enoja el candidato. Con el debate, el postulante queda obligado a la incomodidad de salir del afiche y de las respuestas prediseñadas para mostrarse lo más real posible. A Dilma Roussef, en Brasil, le sirvió para obtener la reelección el año pasado. En 2011, los santafesinos tuvieron la posibilidad de observar un debate en vivo organizado por Diario La Capital, Canal 5 y LT 8 de Rosario entre candidatos a gobernador. Este año todavía parece que esa posibilidad está verde. Tampoco se ha mencionado nada puntualmente para la ciudad de Santa Fe, entre los candidatos a intendente. Un debate entre estos últimos sería tan novedoso como atractivo. Frente a esto, la pregunta a formular es la siguiente: a esta altura del partido, con el desarrollo tecnológico y comunicacional existente, la instancia del debate público ¿puede seguir dependiendo de la voluntad de un candidato o sus asesores de imagen? Al menos para cargos ejecutivos, es hora de legislar al respecto, en todos los niveles. Porque así como sufragar es obligatorio, debatir ante la opinión pública también debiera serlo. Fernando Arredondo / [email protected]














