Mirar las imágenes que nos acerca el Hubble, el telescopio más grande del mundo, es una experiencia fascinante. Sus descubrimientos nos dejan con la boca abierta. Como les sucedió a alumnos de tercer grado de Oklahoma, en Estados Unidos, a los que el físico argentino Daniel Golombek les hizo llegar unas gigantografías con nebulosas, cometas y galaxias provenientes del mismísimo Hubble. Seducidos por lo que pudieron ver, atesoraron las fotos “como si fueran autógrafos de Messi”, cuenta el científico, en una charla que mantuvo con Más la semana pasada.Es que el universo y sus revelaciones, las que nos llegan gracias a los enormes observatorios como el Hubble, generan un magnetismo indescriptible, tan poderoso como sus misterios.
“Lo importante es no perder jamás el asombro”, afirma el físico argentino que trabajó en el Hubble
Tan lejos, tan cercaEl Hubble se encuentra a unos 570 kilómetros de altura y completa una órbita alrededor de la Tierra cada 97 minutos. “Astrónomos, astronautas, ingenieros participaron en su planificación y ejecución desde los años 70, y también hubo astronautas involucrados”, cuenta Golombek sobre cómo se fue armando esta inmensa ventana al universo.
Construido por la Nasa para responder preguntas sobre el espacio, además de dar respuestas el Hubble abrió nuevos interrogantes. “Hay dudas muy grandes por responder, pero creo que de a poquito vamos armando la oración”, menciona el físico.Saber si todas las galaxias tienen en el centro un agujero negro, conocer mucho más sobre las estrellas y descubrir la edad del universo fueron los primeros grandes motivadores para la construcción del telescopio Hubble. Fundamentalmente esta última cuestión, que entre otras cosas le dio su nombre porque para saber si el universo es viejo o menos viejo de lo que se creía, se tomó en consideración el método ideado por Edwin Hubble, un astrónomo fallecido en 1953 que se había dedicado justamente a desarrollar esa medición. En honor a él, el apelativo.Tantos aportes hizo el telescopio que se logró, gracias a sus revelaciones, que se unificaran los métodos para medir distancias (eran muchos y muy variados). También se obtuvieron novedosos datos sobre los agujeros negros y las poblaciones estelares, entre otros hitos que quedarán para siempre en la historia de la ciencia. “Quizá el mayor valor de una herramienta científica, y el Hubble lo es, no es que puede solucionarnos ciertos problemas o interrogantes sino la posibilidad de hacernos repensar teorías y explicaciones”, menciona Golombek, que a los 60 años mira todo con ojos de niño y asegura: “Lo bueno es que los seres humanos nunca dejamos de hacer preguntas, de tratar de ver cómo son las cosas más allá, pero también más acá y en el costado”.El físico dice que le gusta que ahora se haga ciencia en equipo. “Ya es muy raro encontrar trabajos con un único autor. No importa dónde uno esté porque el acceso a los datos es universal, con unos clicks llegás a encontrar información muy valiosa para tus investigaciones y luego podés cotejarlas o compartirlas con colegas que pueden estar trabajando en Francia, en Estados Unidos o en Pakistán”.En rigor, el sucesor del Hubble (que igual tiene todavía larga vida) y otros observatorios requerirán del aporte de muchos países, tanto en dinero como en conocimientos: “Son grandes consorcios que deben invertir miles de millones para un telescopio. Para el próximo, por ejemplo, tendrán que desembolsar ocho mil millones de dólares, y así... Lamentablemente requieren mucha plata, pero lo bueno es que los astrónomos, físicos e investigadores que participan provienen de diversos países y culturas. Siempre habrá nuevas cuestiones, pero la suma de tantas y tan variadas miradas hace que las grandes respuestas no estén tan lejos”, dice el hombre al que los misterios del universo nunca le produjeron ni inquietud ni temor. El hombre cuya curiosidad pudo siempre más que el miedo.Amor por la física
El interés por las carreras vinculadas a la ciencia es creciente en todo el mundo. En los Estados Unidos, donde vive y trabaja el científico argentino Daniel Golombek, hay cada vez más entusiasmo por la física. “Ha resurgido el número de estudiantes de física y a niveles muy altos; el Bosón de Higgs (una nueva partícula descubierta en 2012), la difusión de temas vinculados a la astronomía y el acceso a información que antes sólo estaba en los libros han estimulado este crecimiento”, según lo expresa Golombek.“Aun en pleno verano del norte, en mi oficina hay doce pasantes y los programas de pasantías están repletos. Esta población, que es la población digital, está muy permeable al conocimiento, y sin dudas la difusión por los medios actuales y la accesibilidad provocan que haya un mayor interés”, menciona.
Y aunque los dispositivos como los celulares, las tablets, las computadoras de última generación son el medio ideal para la transmisión, el papel sigue teniendo su peso y su aporte. “Pero no todo pasa por el lenguaje digital, si bien es fundamental para nosotros conocerlo mucho y aprovecharlo. En el Instituto donde trabajo hicimos una encuesta porque íbamos a sacar una revista, preguntamos si la querían en papel o digitalizada, y ¡el papel ganó por mayoría!, algo que nos sorprendió. Lo que sucede es que los científicos hoy están todo el día en la pantalla y abriendo decenas de ventanas, y la revista en papel les sirve para descansar un rato, para encontrar allí cierto reposo ante tanto bombardeo de datos”, reflexiona el experto que asegura que los libros (autores argentinos y extranjeros, tanto en textos de su especialidad como literatura de ficción) siguen siendo sus aliados para bajar a tierra.














