El juez de Garantías que interviene en el denominado cuádruple crimen de La Plata aseguró este jueves que el detenido Javier "la Hiena" Quiroga admitió en su indagatoria haber presenciado los homicidios y que el karateca Osvaldo Martínez utilizó guantes para matar a sus víctimas y que se cambió de ropa antes de escapar.
La Plata: la confesión contra el karateca
"En su indagatoria dijo haber concurrido a la casa donde el 27 de noviembre último fueron encontradas asesinadas a golpes y cuchilladas las cuatro mujeres a pedido de Martínez y haber observado cómo Martínez cometía el crimen", dijo el juez Guillermo Atencio en declaraciones a la prensa, quien admitió que "el relato (del imputado) es veraz".
Según el magistrado, el acusado dijo que fue obligado por Martínez a dejar sus huellas "en determinados elementos", por lo que su ADN fue hallado en la escena del crimen. "Sostiene haber dejado sus huellas por obligación en algunos elementos, dejando de lado otros lugares, como por ejemplo las uñas de las víctimas que de ninguna manera pudieran haber sido implantadas", explicó el juez.
A continuación la declaración de "la Hiena" Quiroga
En el comienzo del relato, Quiroga detalló que “el día 26 de noviembre de 2011, Martínez se presenta en mi domicilio, el de calles 146 nº 1388, alrededor de las 16:00 o 17:00 horas. Llegó en un auto (…) y nos fuimos a tomar una cerveza a la vuelta de mi casa, a un almacén. Allí Martínez me comenzó a contar que tenía un problema con Bárbara, que se estaba separando, y allí me regala una rodaja de merca, y quedamos que nos íbamos a ver a la noche en la casa de la chica porque me dijo que había que realizar otro trabajo. En ese momento yo también me estaba separando, estaba en un iba y venía, y le dije a Martínez que lo comprendía, que el tema de mi separación yo se lo había comentado a las chicas y a la flaca”.
“Así fue que a la noche de ese mismo día, me fui a la casa, y me atendió la señora Susana, y le dije que venía a ver un trabajo. Ella me preguntó ‘quién le dijo del trabajo’, y yo le respondo el muchacho, su yerno. Como me conocían, me dejaron entrar y yo le pregunto cómo está -por Martínez- respondiéndome Susana ‘esperá que le pregunto a Bárbara’, mientras entrábamos a la casa”, siguió con el relato.
“En el momento de entrar a la casa, Susana me dijo ‘me viniste justito, porque tengo que arreglar un cajón’, y allí yo le contesto que no tengo herramientas, a lo que ella me respondió ‘no importa yo tengo’, por lo que le arreglé los cajones, mientras Susana me cebaba unos mates y me fumaba unos cigarrillos, que me convidó Susana”.
“En ese ínterin es que sale Bárbara de la habitación, y me vio allí en la casa, arreglando los cajones, ella me saluda y me pregunta cómo andaba, yo le dije que estaba bien y le pregunté cómo había quedado el techo. Me dijeron que había quedado ‘bien’, y Susana le dijo que venía a ver el trabajo del cieloraso, por lo que su hija respondió, ‘ah, bueno’. Yo le dije en ese momento que me había ido a buscar Martínez, su novio, y ella me dijo ‘ahora lo llamo’”.
“Intentó llamar a Martínez, se va para el lado de la pieza, y al ratito, 10 o 15 minutos, vuelve y dice ‘mami yo me voy a bañar’ tardó mucho, no sé que hizo, por lo que habiendo pasado mas o menos veinte minutos, o media hora; mas o menos, en ese tiempo me fumé como dos o tres cigarrillos, escuché que sonó el timbre, salió Bárbara desde la habitación con una toalla en la mano, la deja arriba de una mesa en la que estaba en DVD, pudiendo ver que todavía no se había bañado, y se fue a atender el timbre, vuelven hablando con Martínez, quien traía un par de zapatillas debajo del brazo. Yo seguía en la cocina con Susana, y ellos entran, charlan un poco en el living y ella se va a la pieza para bañarse”.
“Martínez se dirige a la cocina, y sin saludar me dice ‘te fijaste lo del trabajo’, pero no le dije nada, me levanté y me fui a ver el yeso del living, que era donde estaba roto. Que cuando hago eso siento un ‘ay’ que no fue un grito que hace la señora. Me doy vuelta y lo veo a Martínez que me viene apuntando con un arma de fuego, no se si era pistola o revólver, y me dice ‘correte para allá hijo de puta’. Me corro hacia el costado, al lado del patio. En ese momento Martínez sale corriendo para el baño y ahí se siente que algo se rompe, no escuchando bien, ya que estaba tratando de salir yo del problema”.
“Escuché que Martínez le dice ‘que te vas a ir a bailar’, al verla que se estaba preparando para salir. En ese momento, cuando yo trataba de salir, veo que viene Bárbara desnuda, queriendo taparse con la toalla, y se cae en el living.
Martínez sale del baño y agarra a Bárbara, la levanta, yo estaba medio escondido, y veo que la estaba apuñalando, la suelta, sin hablar me mira a mí de nuevo, y se va a la pieza, donde estuvo un segundo. Salió, me vuelve a mirar, sin hablar, con el arma en la mano, y en ese momento suena el timbre”.
“Martínez se saca la remera, atiende por el portero, y sale a recibir a la persona que llamaba a la casa con el torso descubierto. En ese momento y antes de salir a atender, me dice ‘correla de los pies hijo de puta’, en referencia a Bárbara para así poder abrir la puerta”.
“Así fue que entra Martínez hablando con una chica, y él le pregunta a ella ‘¿qué, van a salir?, ahí la chica abre la puerta y dice ‘¿qué pasó?’. Martínez la empuja, la lleva hacia la cocina, ahí se siente un ruido como que algo se rompe, la chica grita, y cae, y no se escucha nada más”.
“Martínez vuele a cerrar la puerta, levanta un cuchillo, que estaba al lado de Bárbara, arrastrando a Bárbara hacia la cocina, la sigue apuñalando y la deja al lado de la mesa”.
“Martínez se levanta, me mira, me dice ‘hijo de puta, hijo de puta’ y me apuntaba con el arma. Vuelve a las piezas y se escucha como que desarma, como que revuelve, como que busca algo, y ahí sale son una bolsa de papel, la que deja arriba de la mesa, me llama a mí, me dice ‘vení hijo de puta’, me forcejea la mano lastimándome con el cuchillo, ya que no soltaba ni la cuchilla ni el arma de fuego”.
“Martínez me lastima la mano, tenía colocado unos guantes medio de cuero como de moto, finitos”.
“Luego me apunta con el arma de fuego en la cabeza y me dice ‘hijo de mil puta, agarra esto’, en referencia a un palo de amasar al que toco, y me dice ‘no, no, agarralo bien’, y me golpea con el arma de fuego en la cabeza. Después de eso hace lo mismo con el cuchillo, el que tengo que tocar y agarrarlo bien, el cual previamente había limpiado con la remera que se había sacado”.
“Luego vuelve a salir de la casa en cuero, habiendo pasado unos minutos después que llegó la última chica, vuelve a entrar, y me amenaza: ‘si vos hablás le va a pasar esto a toda tu familia’”.
Cuando Martínez estaba en libertad “se presentó en mi casa, en calles 146 y 518, en un Gol azul y me dijo ‘viste que ahora sos vos, viste que estoy cerca’”.
“Luego de amenazarme se va de la casa metiendo la remera sucia y las zapatillas que trajo bajo el brazo y que había dejado sobre la mesa. Cuando él ya se fue, me voy tratando de no pisar ni tocar nada, creo que no pisé ni toqué nada. Martínez iba y venía por todos lados de la casa, pisando por todos lados.
“Al otro día, le mandé un mensaje a ‘La Japo’", una vecina de las víctimas "preguntándole por un trabajo y me cuenta lo que había pasado. Me entero que también murió Micaela. A la nena nunca la ví, nunca salió de la pieza”.
“Me fui de la casa en la bicicleta con la que había llegado. Creo que para saltar la sangre me agarré de la puerta de acceso a la casa y salté. Me acuerdo clarito, me salía mucha sangre, ya estaba lastimado”.















