Entrevistas con UNO

Varones santafesinos y sexualidad: las consultas, mitos y tabús en la mirada de una especialista

En diálogo en exclusiva con UNO Santa Fe la sexóloga María del Carmen Mangold habla de su área de especialización: la sexualidad de los varones. La mayoría de los pacientes van a consultar por disfunción eréctil pero luego descubren un mundo nuevo

Domingo 07 de Agosto de 2022

Entrevistas con UNO "Los varones se relajan cuando pueden ver que no todo pasa por sus penes"

La sexualidad aún está cargada de mitos y estereotipos que pueden devenir en problemas de angustia, ansiedad y depresión. "La información alivia", dice la médica sexóloga María del Carmen Mangold a UNO Santa Fe. En una entrevista en exclusiva, la especialista en masculinidades recorre cuáles son las consultas más frecuentes y las preocupaciones sexuales en estos tiempos. Reveló qué les hace clic a los varones con disfunción eréctil, por qué hay mujeres que no conocen el orgasmo y qué es tabú dentro del colectivo LGTB+ hoy.

—¿Por qué se consultaría a una sexóloga o sexólogo?

—Lo más importante es poder saber de qué hablamos cuando hablamos de sexología. Qué significa sexología. Hay una definición que a mí me gusta mucho que es: lo que somos, lo que sentimos, lo que pensamos y lo que hacemos. Eso es sexología. Lo digo para ir corriendo algunos mantos de tabús, de miedo. Esto de lo que somos, sentimos pensamos y hacemos tiene que ver con una construcción social, política, económica donde interviene el sexo biológico. Qué es con el sexo que nos asignaron al nacer: vulva, testículos, pene, la vulva con el clítoris. El género tiene la construcción de lo masculino y lo femenino. La identidad de género es cómo yo me autopercibo más allá de cómo me han asignado. Tiene que ver con la expresión de género que es cómo me expreso en relación a esto que yo me autopercibo ante la sociedad. Tiene que ver con las creencias, con todo lo que nos fue construyendo. Tiene que ver con la manera en que yo me vinculo afectivamente con otras personas, tiene que ver con el placer, con el deseo, con la autoestima y también con la reproducción. Porque fuimos una sociedad que nos han educado únicamente para la reproducción. ¿Esto está mal? No, no está mal que nos eduquen para la reproducción. Lo que tenemos que rever es todo el resto para lo que no nos han educado: placer y autoestima, que es una de las funciones de la sexualidad. Lograr el bienestar psicológico, físico en relación al placer y a la autoestima. En esta construcción judío-cristiano occidental (te pongo capitalista pero esto es una visión mía que no tiene que ver con la OMS) tuvo y tiene que ver con esta manera de educarnos que no es al azar. Nos han educado específicamente a mujeres y disidencias en relación al no-placer, porque se nos prohibió y se nos sigue prohibiendo que hablemos de placer, que podamos expresarnos desde ese lugar.

Y agregó: "Se nos construyó a mujeres para que habitemos solamente el lugar privado en nuestro domicilio que tampoco es casual. Se nos asignó a las mujeres un espacio privado, se nos prohíbe de lo público. Se nos prohíbe del espacio que tenga que ver con un lugar de poder, eso quedó asignado únicamente para varones, que también tienen prohibiciones. El patriarcado nos jorobó a mujeres y varones. Porque al varón se le permite y se le obliga a estar en los ambientes públicos donde hay más poder, pero también se le prohíbe y se lo juzga, si por deseo decide estar en un espacio privado de domicilio, o si decide por una pauta que puedas tener con sus parejas o solo, el poder dedicarse al cuidado de sus hijos o hijas. Si es un varón ya es juzgado. Cuando hablamos de feminismos, y de cómo el patriarcado nos fue moldeando, me parece importante que el que sale muy dañado también es el varón en esta construcción. En contrapunto y oposición se adjudica al varón la cualidad de la razón y al mismo tiempo te inhibo de lo que tiene que ver con la emoción, ¿por qué? Porque la emoción pertenece a lo opuesto, pertenece a lo femenino. Y al pertenecer a lo femenino pertenece a algo que a vos te dijeron es más débil que vos y no solo no te debe pertenecer, sino que no te deben asociar con lo femenino. Y no es poco cómo se construye un varón en esa lógica que puede que alguno lo considere un juego, una tontería. En los niños aún hoy si jugando te caés, te golpeás, empezás a llorar, llega la famosa frase que se sigue escuchando: los hombres no lloran. Los hombres lloran, se pueden permitir tener cualidades «femeninas» como la sensibilidad, las caricias, con poder ir de a poco rompiendo con estos mandatos que hay. Es lo que lleva a muchos varones a la consulta".

—¿Cuál es la consulta más frecuente que recibís en consultorio?

—La mayoría de los varones, dependiendo de la edad, consultan por disfunción eréctil. Tienen problemas con su erección, que no les dura el tiempo que supuestamente tiene que durarle, que no tantas veces como debe ser. Este deber ser de una erección es porque al varón se lo educó para que su pene tenga que ser el más largo del mundo, el más ancho del mundo, que tenga que durar erecto el mayor tiempo posible y que no puede perder esa erección. Y además que no puede decir que no, que es su deber siempre estar atento y decir que sí. Son muchos mandatos los que pesan. Porque si el varón no puede sostener estos mandatos provoca angustia, ansiedad y básicamente puede llegar inclusive hasta una depresión. Y no es únicamente una consulta por disfunción donde te piden la famosa pastilla azul.

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—¿Van por una cuestión y en realidad terminan descubriendo un montón de cosas más?

—Claro. Estos mandatos son muy fuertes. Hay que permitirse sentir otras partes del cuerpo también. No toda la sexualidad pasa por un pene o una erección. El poder dejarse acariciar, disfrutarlo, no es cualidad únicamente femenina. Y que se rompa esta posibilidad de decir que si es algo que a mí me han educado que no lo podía hacer porque era femenino y a mí esto me produce placer, yo tengo que ir por el placer. A la vez de ir rompiendo estos mandatos, muchos entre los varones. Hay una masculinidad que se sostiene entre los grupos de peña, de algún deporte, de varones. Ahí se van sosteniendo todos los prejuicios y los preconceptos en los chistes. O pasan fotos de chicas desnudas o teniendo una práctica sexual, eso es un delito. Hay que romper con este código de masculinidad y es una tarea que por suerte hay muchos varones que están decididos hoy a empezar a hacerlo. Lleva muchísimo tiempo.

—En la consulta, ¿qué es lo que hace decir "bueno la masculinidad que yo pensaba, que construí, al final puede ser otra cosa"?, ¿qué es lo que les hace clic?

—Les hace clic, o se relajan, cuando pueden ver que no todo pasa por su pene. Cuando podemos ver qué es la construcción de su sexualidad, donde ya hubo un momento donde no hubo erección. Tiene que ver con una cuestión que por ahí puede pasar cuando están ansiosos o hay una demanda de que me voy a encontrar con alguien. Eso me pone nervioso y no tengo erección. Todos los varones en algún momento no tuvieron erección en una práctica sexual. Y se puede aliviar desde el lugar del saber de la sexología. Por supuesto hacemos estudios para ver que no haya ningún problema biológico, médico, tenemos que descartar diabetes, u otro tipo de patologías. Y saber que ese problema de una no erección no tiene que ver con una masculinidad. Que puedan correr su pene de la masculinidad. Cuando lo pueden hacer hay un alivio. La mayoría miente cuando dice que nunca tuvo una disfunción eréctil. Todos la tuvieron. El poder correrlo, descentralizar de su sexualidad el pene es lo primero que alivia. Permitirse sentir con el resto de su cuerpo. Tenemos metros y metros de piel para seguir disfrutando y teniendo placer. Además que no es el proveedor de todo. Si es un varón heterosexual en una práctica con una mujer cis, no tiene por qué saber qué le gusta a la otra persona. Nadie sabe lo que le gusta a cada uno porque además de esto de tener el pene erecto también cae sobre sus hombros el tener que saber qué le gusta a la otra persona. Es mucha demanda.

—Toda esta presión sobre lo que debería ser un varón, ¿recae solamente en los grupos de varones o es más amplia?

—Es más amplio porque todo lo que es el patriarcado recae en varones, mujeres, disidencias. Y muchas veces cuando estás en una pareja con otras personas que tampoco han hecho una revisión de lo que tiene que ver su rol de masculinidad o femineidad se sostiene. Un ejemplo de la consulta: el exigir todo el tiempo la erección de la persona con la que estás, porque si no tampoco es sexualidad. Cuánto tiempo a mujeres heterosexuales también les dijeron que tenía que ver con la penetración el tema del goce y del placer. Y no tiene absolutamente nada que ver con la penetración, ni con la erección, ni con el tamaño del pene. El tamaño del pene es otro mito. Si sigo apuntalando los prejuicios, los mitos y sigo sobre mi pareja insistiendo que si no hay erección no tenemos práctica, seguimos sosteniendo tanto al varón que no tiene la erección más a esa persona que si es una mujer cis desde ese lugar también insistiendo en que haya esta erección porque si no, no hay una posibilidad de placer o de una práctica sexual. Reproduciendo esto que estábamos diciendo de la masculinidad y la práctica sexual que es falocéntrica todavía. Que quiere decir que sí o sí se necesita de pene y penetración para poder tener un orgasmo, o placer. Y no es necesario. La obligación de que siempre tengas que tener orgasmo y que el otro me tiene que proveer continuamente el orgasmo a mí entonces yo me quedo relajado o relajada para que el otro me satisfaga todo el tiempo. O el orgasmo como llegada y que cuantas más veces mejor, qué rápido, qué juntos. Es lo que llega al consultorio: una competencia, que tiene que ver con algo inconsciente. Cuando nos relajemos un poco de esos mandatos vamos a ver qué pasa al disfrutar de todo el momento. Desde que te conoces con las miradas, las caricias, con todo el encuentro, las fantasías, el deseo. Todo esto con consentimiento, donde sea consensuado con la otra u otras personas. Tiene que ver con ese consentimiento y no con los mandatos. No con esto de todo el deber ser, en la competencia, en el orgasmo, en posiciones, en todo pasa por una competencia y nos olvidamos de nosotros mismos. Que es lo peor que podemos hacer. Hay que, en este sentido, ser más egoístas en la sexualidad.

—En esta búsqueda de placer, dentro de los parámetros de consentimiento y demás que mencionabas recién, ¿por dónde empezamos a buscar la información?

—Tenemos que tener mucho cuidado con las páginas. Últimamente estuve viendo muchos influencers que hacen algo que nosotros llamamos sexosofía. Que es emitir un concepto en la manera pública desde donde yo creo que va la sexualidad, o desde donde me formé, y lo vierto como algo fidedigno. Muchas veces terminan reforzando mitos y prejuicios. La Organización Mundial de la Salud tiene conceptos muy claros en cuanto a sexualidad. Es muy interesante buscar profesionales o alguien que los oriente que no solo sea sexólogo o sexóloga, sino que es fundamental que esté impregnado de una formación en género, disidencias y derechos. No todos los sexólogos, sexólogas, sexólogues están formados en esta línea. Entiendo que caen simpáticos los chistes que van en relación al pene, al tamaño. Y a través del humor muchas veces se refuerzan estos estereotipos. Hay sexólogas educativas, o que son docentes, psicólogas, médicas.

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—Mencionaste mucho las palabras feminismos, patriarcado. ¿Por qué son importantes estos conceptos cuando hablamos de sexualidad?

—Siempre hay pensar quién sale beneficiado de este tipo de estructura. Y es un grupo minúsculo que es el que tiene privilegios, que tienen poder. Entonces educar también a varones que puedan ir tomando estos lugares de cuidado que históricamente se le asignó a la mujer. Que no tiene que ver con que está en riesgo su masculinidad. Que pueden cuidar y llevar a sus hijos, hijas a la escuela. A lo que tiene que ver con el cuidado en salud, pueden ir a los a los consultorios. Que los varones también pueden hacerse cargo de esto. Que el trabajo es compartido. Que no es "me ayudás" en las tareas del hogar, porque todos y todas trabajamos entonces dividamos tareas. Esto es el feminismo. ¿A quién no le gusta tener derechos? A disfrutar de vacaciones, de un salario, de un momento de ocio, de placer. Que no pase por tener una u otra genitalidad, porque fue solamente eso. Vos nacías con una genitalidad y a partir de ahí ya te ponían las cualidades y todas las actividades que podías o no hacer. Vamos a suponer nace una niña con vulva, clítoris, lo primero que hacemos es vestirla de rosado. Aunque tenga horas de nacimiento. ¿Para qué lo hago yo? La niña no sabe en ese momento qué color le gusta. Yo le pongo el rosado y pinto la paredes de rosado, porque yo le tengo que decir a mi entorno, a mi familia, a quien vaya a verla, que es una niña. Y después así llegan los regalos. Entonces les regalan la muñeca, o juguetes que tienen que ver con una cualidad más del cuidado. No una pelota, no vaya a ser que le guste jugar al fútbol, que le guste disfrutar de un deporte donde puede ser capitana, trabajar en equipo, donde hay un liderazgo. De esto se trata el feminismo, de poder ir viendo muchas actitudes que tenemos naturalizadas y que tienen que ver qué nos tocó en la historia con las faltas de derechos. Tenemos que seguir luchando para tener más. Y ocupar los espacios que hacen ruido, por eso está la ley Micaela.

—Mencionaste cuál era la consulta más frecuente de los varones en el consultorio, pero ¿qué pasa con las mujeres y con el colectivo LGTB en general?

—En general de mujeres desde mi experiencia personal la consulta más común fue la falta de orgasmo u orgasmo tardío. Que demoraban mucho tiempo, o no tenían o no sabían lo que era un orgasmo. Tiene que ver con esta construcción. En la consulta cuando empezás a charlar de su historia desde la sexualidad, la mayoría de las mujeres no hablan de la masturbación. Lo primero que tenemos que hacer es conocernos. ¿Cómo te conocés? Recorriéndote. No hay nadie más que una que se pueda conocer a una misma. Nadie te va a venir a decir qué es lo que te gusta o por dónde ir. En esta construcción cuando vos sos niña y alguien te veía que vos te estabas tocando los genitales te pegaban en la mano y te decían "eso no se toca". Ni siquiera se nombraba. Y eso no se toca castigándonos con un golpe en la mano de niña, va quedando. Así tenés mujeres que nunca se han podido masturbar. No saben lo que es el placer, no sabe por dónde ir. Y le han dicho otras mujeres, generalmente madres y abuelas, que cuando estuvieran con un varón ahí van a entender. Ese discurso se sigue escuchando. Y cuando están con un varón, no pasa por este lugar. Pasa por retomar, ver, quizás pasa por ver qué tipo de fantasías hay. Porque tenés muchas pacientes que te dicen "no tengo fantasías con nada". Entonces trabajar el tema de la fantasía, el deseo. En muchos, que es lo último que trabajas, las creencias. Sin ir a las religiones, las creencias a veces relacionan el placer con la culpa. Todo lo que tenga que ver con el placer se relacionó con la culpa y el castigo. Entonces en las consultas de mujeres es lo que más veo en lo cotidiano.

Por otro lado continuó: "En el colectivo LGTB, a veces depende de la edad. Personas mayores, que incluso en una consulta que estamos a puertas cerradas donde podemos hablar, no se animan a decir que pertenecen al colectivo. Hay todavía un tabú muy importante al no poder decir que su fantasía pasa por estar con alguien del mismo género. La bisexualidad, que disfruta de los dos géneros, es más tabú que el ser gay o lesbiana. Porque la bisexualidad también no solo está cercenada desde la heterosexualidad, sino desde el colectivo. Que se dice «ya vas a volver». La bisexualidad es una de las más complejas, en ese sentido en cuanto a la sanción moral. Si vos tenés un entorno que te censura, quedás ahí, no porque no te animes a vivirlo sino porque la expresión libre es un derecho sexual. Entonces ahí tenés que trabajar más que nada lo social. A veces hacés estrategias porque no todo pasa por salir del closet en el momento. Elaborás con la persona la estrategia para ver por dónde vas. Muchas veces me preguntan qué es lo normal. Es una palabra que no uso. Y trabajamos qué significa ser normal para quien consulta. Y mucho de esto de la normalidad cae en concepto que tiene que ver con la religión, que si es natural y no. Vemos qué te produce placer, qué tipo de prácticas, cómo. Siempre que no haya daños físicos, psicológicos y poder desde nuestro lugar aliviar con información en las consultas. Y poder decir en consultorio que no es la única persona que pasa por esto. Cuando lo podés empezar a trabajar desde ese lugar el resto de las cosas se van apartando".

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