Hipólito Ruiz
De la nada, un joven montó una fábrica de masitas
Diario UNO Santa Fe
Ramiro Toniolo fue el único que creyó en su proyecto desde el minuto cero. Ni su entorno más cercano confió en que el joven de 23 años podía comenzar a fabricar y vender las galletitas naturales de avena que meses antes había empezado a hacer para consumo propio. “Ése fue uno de los principales problemas que tuve que afrontar, que nadie creyera en este emprendimiento”, le dijo a Diario UNO y agregó: “Todos querían que me concentrara en estudiar. Pero cuando empezó este año yo ya tenía en mente estudiar y trabajar”.
Pero Ramiro se tuvo una fe ciega. “Busqué unas recetas y empecé a hacerlas para mí. Después hice varias veces para mis amigos y amigas del instituto y una profesora, que las probó y le gustaron mucho, me sugirió que las hiciera para vender. Ahí empecé a pensar que esto podía ser un trabajo para mí”, expresó.
Además de estudiar en el Instituto de Profesorado de Inglés, el joven quería generarse su propio ingreso. “Desde que arranqué el emprendimiento tenía en claro que si yo quería que esto sea un trabajo para mí, lo tenía que tomar en serio. Por eso desde el primer minuto en que arranqué ya tenía que tener esa imagen de dónde quiero llegar. Desde el principio creí en mi mismo y eso fue importante para que los demás vayan apoyándome”.
El emprendimiento está por cumplir ocho meses y los avances se fueron dando de forma paulatina y en base a pruebas e innovaciones constantes. En eso fue fundamental la ayuda de algunas personas que lo fueron aconsejando, como Mari, la dueña de una dietética, que según Ramiro, lo “cobijó bajo sus alas” para ayudarlo a crecer.
El joven tomó el nombre de su abuelo para darle entidad al proyecto. Por eso el emprendimiento se llama Ángelos Productos Alimenticios Artesanales. Hasta el momento la iniciativa tiene cuatro productos distribuidos en varias dietéticas de la ciudad que son las galletitas de avena naturales Avena Manía, en sus cuatro sabores: chocolate, nuez, almendra y tradicional. Las mismas se venden fraccionadas en bolsas de 250 gramos, 500 gramos y un kilo, con un precio de 16 pesos los 250 gramos y las tradicionales a 12 pesos.
Por ahora esto es una ayuda económica. Pero Toniolo espera poder aumentar la escala de producción y, por ende, los ingresos. Para llevar adelante ese propósito el joven realizó el curso del Centro de Emprendedores de la Economía Social. Luego de certificar su actividad, Ramiro consiguió un microcrédito por 6.000 pesos que fueron destinados a la compra de un horno profesional y a la ampliación de un sector de su hogar para adecuarlo al proyecto.
“A partir de ahora que voy a tener mi horno profesional voy a tener una mayor capacidad de producción y eso me va a permitir tener un ingreso más importante. Sé que los primeros meses son así, con mucho trabajo, muchas cosas por mejorar, ver qué cosas te faltan, cuáles son las cosas que hay que mejorar. Hoy estoy produciendo 70 kilos. No es mucho porque tengo un horno casero y porque sólo le puedo dedicar las mañanas”, expuso.
Sin embargo, la incorporación del nuevo equipamiento le facilitará el trabajo, podrá aumentar su producción y disminuir costos. “Actualmente trabajo con un horno de una plancha y el que adquirí va a tener tres planchas, lo que me permitiría llegar a casi 200 kilos por mes. Hoy tengo que enfocarme en cumplir con los pedidos que me hacen las dietéticas porque eso hace a la imagen y el trato con esas personas. Mientras que con los pedidos particulares a veces me quedo corto”, reconoció.
Además, en este mercado hay grandes empresas que compiten. “Son firmas que hacen masitas secas de avena en serie. Mientras que las mías son más húmedas y no hay dos que sean iguales porque está todo hecho a mano. Como las mías no hay y eso es un espacio en el mercado que se puede aprovechar. El tema es que la gente se tiene que dar cuenta de que este producto es todo natural y artesanal y por eso puede tener una diferencia de precio. El tema es que se animen a probarlas, porque cuando lo hagan van a notar la diferencia”, aseguró.
A pesar de las dificultades con las que ya se topó este emprendedor, el camino que Ramiro empezó a recorrer hace ocho meses tiene un destino claro. “Mi objetivo es llegar a todas las dietéticas de Santa Fe. Tengo un montón de metas, pero otra que me planteo es la de llegar a Rosario, porque en esa ciudad son un millón de personas y eso plantea un desafío muy interesante. Por eso quiero expandirme, producir más e incorporar gente. Hoy estoy haciendo todo solo, pero a medida que crezca quiero sumar gente al emprendimiento”, señaló.
“Estoy convencido de que este proyecto puede tener otras dimensiones. Esto es cuestión de salir a buscar las oportunidades. No puedo esperar hasta mañana, todo lo que puedo hacer hoy, lo hago. Y siempre estoy tratando de mejorar el producto”, sentenció.
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