Lucía Elizalde
Del aula a las tablas: Señorita... le Tocó el Acto
Diario UNO de Santa Fe
Los próximos sábados 5 y 12 de octubre, la Casa del Maestro (Bv. Gálvez 950) ofrecerá desde las 21.30, una obra de teatro que haría reír al mismísimo Sarmiento si viviera en los tiempos de hoy. Es que Señorita... Le Tocó el Acto es una pieza que trata, con el más sano humor, el conflicto que implica dentro de una escuela la realización de un acto escolar.
Y quién pudiera conocer mejor este tipo de conflicto, que la libretista y dramaturga de la obra. Silvia Paredes es actriz, autora y directora de teatro, pero hace mucho más tiempo que ella es docente de diferentes escuelas e instituciones de la ciudad, por lo que sabe de qué habla.
Así, en diálogo con Ser UN@, Silvia habló sobre lo que trata la obra, de cómo fue que armó esta pieza que afirma es muy actual y de su recorrido en el camino del teatro, para el que además escribe desde el año 86, pero “siempre con humor y desde una crítica social”, afirma.
—Ésta es una obra que habla sobre maestras de escuela…
—Sí, y sobre un acto escolar. Ese acto escolar, donde están todos los códigos expresivos, es el conflicto de estas docentes. En éste, se empieza a ver las relaciones y las interrelaciones que hay en la escuela: el docente con el alumno, el docente con el director, el docente con el sistema. Y ahí empiezan a surgir los conflictos, que nosotros llamamos “las miserias” que cada uno tiene y que todos tratamos de resolver, hasta llegar a un final impactante, que nadie se espera y que realmente nos dio un muy buen resultado.
—¿Notaron buena repercusión en la gente?
—Sí, la gente sale muy contenta y también sale charlando, cosa que nos pasó en esta obra. La gente se queda dentro de la sala, hablando con los actores y entre ellos, sobre los temas que se ven en la obra. Porque casi todas las personas que vienen a vernos, nos dicen que en algún punto “a mí me pasó”, “a mi hijo le pasó”, “a mi nieto le pasó eso”, y ni hablar a los docentes que nos vienen a ver, porque a ellos también muchas de las cosas que representamos les pasan.
—Y vos podés saber bien qué pasa y qué no dentro de una escuela…
—Claro, esto está escrito desde un lugar interno. Yo soy docente, trabajé en muchas instituciones de diferentes niveles, entonces yo siento que realmente estas cosas de la obra, pasan. No en todas las escuelas, sino que es la unión de un montón de cosas que uno va observando e inclusive investigando, que nos han pasado por lo menos a mí en el término de toda mi carrera docente, que es mucha, y todo fue mezclado con mi experiencia en teatro y todos los condimentos que éste tiene.
—¿Y la pieza está representada en el presente?
—Seguro, la obra de teatro está al día. Escuchás la radio, leés el diario y ves la tele, y ahí se habla de los temas que se tocan en la obra. Está muy anclada al presente. Se estrenó en Buenos Aires en el 2003, cuando yo escribí esta obra, y ya en esa época un crítico de arte de Pergamino que nos fue a ver, me dijo: “Qué actual que es”. Y ahora, está aggiornada a lo que vivimos hoy, y como a la obra la escribí yo la puedo modificar y ponerle cosas actuales. Así que está enmarcada en el hoy, en el 2013.
—¿Y cómo se te ocurrió hacer una obra con esta temática?
—Yo escribo teatro desde hace mucho y siempre escribo desde el humor. Y me pareció que el acto escolar es siempre un conflicto en las escuelas. Cuando la directora o la vice le dice a una docente: “Señorita… le tocó el acto”, es como que se te caiga una piedra arriba de la cabeza para algunos docentes, ya que una obra de teatro no habla de todos, siempre habla de algunos porque se hace una discriminación de algunos elementos. Y bueno, yo siento que para algunos, hacer un acto escolar es una piedra…
—En el zapato…
—No, ¡sobre la cabeza! No es una piedrita, es una bien grande que te cayó encima. Entonces en la obra los docentes tienen problemas para hacer los actos, y la directora también tiene problemas cuando plantea hacerlo, porque quiere controlar qué es lo que se dice en el acto, ya que en éste es donde el papá ve el trabajo del año, de acuerdo a la directora de esta obra. Y la gente puede estar de acuerdo o no.
Para reírte mejor
—¿Y cómo introducís el humor en esta temática?
—Bueno, a mí me gusta reírme de mis propias miserias. Y al docente le pasan muchas cosas. Entonces acá se describe al alumno de una forma muy humorista. Creo que para ser docente tenés que ser actor, y el docente cuando habla de sus alumnos los dramatiza y los repara con mucho humor, de la misma forma que repara a la directora con mucho humor. Entonces ahí es donde entra la risa, pero también está bueno que uno lo haga desde un punto de vista crítico también. No es fácil hacer humor, hay que ver de qué te podés reír…
—Para que no quede burdo...
—Exactamente: ni burdo, ni faltando el respeto. Siempre doy el ejemplo de cuando uno va caminando por la calle y ve que una persona se cae. Ésta se levanta rápidamente para que nadie la mire, pero no sé por qué, si se cayó. Y el que está en la vereda de enfrente se ríe del que se cayó, que no sé si es una falta de respeto, pero eso es gracioso. Entonces el humor está muy cerca de la revelación de una crítica, pero creo que en una obra de teatro hay que mirar el buen humor. Yo también trabajo desde lo cotidiano: desde la charla con mis amigas, desde la observación.
—Tomando la realidad como punto de partida...
—Es que creo que el que escribe teatro sobre algo real, tiene que ser muy observador. Para Señorita le Tocó el Acto, yo me senté en los recreos de las escuelas a escuchar lo que pasaba. Anotaba algunas cosas y después de un tiempo lo empecé a trabajar. Le pregunto a los alumnos, me lo acuerdo, escribo consignas, leo mucho y lo empiezo a trabajar.
—Una vez listo el libreto, ¿cómo prepararon la obra?
—La hicimos en cinco meses. Ensayamos poquito porque trabajamos y tenemos otras actividades. Y me pasó que a lo último con Señorita..., yo ya no me reía de nada, y pensaba: “Uh… esto no va a tener humor… va a ser un drama…”. Pero no, nada que ver. La gente se divierte y se ríe mucho, y luego llega ese final contundente que le va a encantar a todos.
—¿Es para todas las edades?
—Sí. No hay nada que no puedan escuchar algunos. Es apta para todo público.
Papel y lápiz
—¿Escribís desde hace mucho?
—Yo vengo desde hace mucho haciendo teatro, pero empecé escribiendo teatro para adolescentes cerca de 1986, porque tengo un taller de teatro en la Escuela Normal, donde soy la directora de ese grupo. Y luego pasé a hacer teatro para adultos, porque ya no me gustaba hablar de temáticas adolescentes y quería hablar sobre la crítica social, que es lo que más me gusta hacer. El análisis de cualquier cosa. Y en todas mis obras hay un poquito de crítica social. Esto me encanta, me apasiona. La primera obra que escribí para adultos habla de tres amigas y se llama Estresadas Punto Com, en 1993. Hacer ésta me encantó y así empecé a escribir sin parar.
—Siempre observando tu entorno…
—Me gusta mucho charlar con la gente, pero también me funciona un conflicto que para otras personas puede ser irrelevante, pero yo lo tomo y lo uso. Una vez una amiga me dijo enojada: “La novia de mi hijo no me gusta”. Eso fue todo, pero ese conflicto me encantó y a partir de ahí escribí una obra. Después una alumna de un taller de maestros que tengo me dijo: “La profesora tal quiere que los alumnos escriban solo en letra cursiva”, y otra vez, a partir de solo esta frase escribí una obra. Por eso, a lo mejor para los demás estas cosas son frases sin sentido, pero para mí tienen un humor espectacular. Igual yo veo mucho teatro y no creas que todas las obras me dan gracia. Por ahí muchos se ríen y yo no, por ahí hay cosas que para algunos a lo mejor no tienen humor pero para mí sí. Todo depende.
—¿Cuál es tu próximo proyecto?
—Ahora quiero hacer una obra que hable sobre la madre, entonces escucho lo que mis amigas me cuentan y lo que mi propia madre me dice. No se a dónde va a llegar la obra, pero sí sé que va a tener humor a partir de la investigación y de un análisis. Ya verán.














