Para el reconocido neurólogo y neurocientífico argentino Facundo Manes, “los seres humanos convivimos con la música en todo momento. Es un arte que nos hace disfrutar de tiempos placenteros, nos estimula a recordar hechos del pasado, nos hace compartir emociones en canciones grupales, conciertos o tribunas deportivas. Pero eso que resulta por demás natural, se produce a través de complejos y sorprendentes mecanismos neuronales”. Explica también que “escuchamos música desde la cuna o, incluso, en el período de gestación. Los bebés, en los primeros meses de vida, tienen la capacidad de responder a melodías antes que a una comunicación verbal de sus padres. Los sonidos musicales suaves los relajan. Se sabe, por ejemplo, que niños prematuros que no pueden dormir son beneficiados por los latidos de la madre o sonidos que los imitan”.
El efecto de la música en la salud y la educación de las personas
Para el reconocido neurocientífico Facundo Manes, “somos lo que somos con la música y por la música”. Una síntesis de sus hallazgos y la mirada local, desde la Teoría del Aprendizaje Musical y la musicoterapia
19 de septiembre 2015 · 23:14hs
Y, apelando a una explicación neurobiológica, agrega Manes: “La música está considerada entre los elementos que causan más placer en la vida. Libera dopamina en el cerebro como también lo hacen la comida, el sexo y las drogas. Todos ellos son estímulos que dependen de un circuito cerebral subcortical en el sistema límbico, es decir, aquel sistema formado por estructuras cerebrales que gestionan respuestas fisiológicas ante estímulos emocionales; particularmente, el núcleo caudado y el núcleo accumbens y sus conexiones con el área prefrontal”.
Lo que se citó es un síntesis de uno de los artículos más recientes de Manes, que fue publicado en elpais.com con el título “¿Qué le hace la música a nuestro cerebro?”.Esta interesante columna, vale la pena para dar cuenta de opiniones y experiencias locales, como la del santafesino Enzo Valls, referente en la ciudad de la Teoría del Aprendizaje Musical (o Music Learning Theory) desarrollada por Edwin Gordon, y reconocido músico y educador musical.“Desde hace varias décadas, siendo justamente la Teoría del Aprendizaje Musical una teoría y no un método, deja siempre las puertas abiertas a los aportes que puedan venir de los avances que, día a día, llegan desde las investigaciones sobre el funcionamiento del cerebro”, dijo Valls en referencia al texto de Facundo Manes. “En este caso –agregó en diálogo con Diario UNO– no solo encuentro muchos puntos de coincidencia con mi trabajo educativo sino también un muy buen sostén científico a los principios en los que se basa, en especial en lo referido a la relación de la música con el movimiento y a la relación entre el lenguaje musical y el lenguaje hablado”.Bondades “innegables”—¿Qué opina del potencial terapéutico de la música y de la musicoterapia? —El potencial terapéutico de la música es innegable. Hay muchas escuelas y corrientes en musicoterapia; y al no tratarse de una ciencia exacta, y además relativamente joven como disciplina, son muy disímiles y en algunos casos –entiendo– casi enfrentadas. Personalmente conozco algo de la escuela de Rolando Benenzon, por haber compartido experiencias junto a personas de esa escuela y me parece muy interesante, porque trabaja a partir del contexto cultural y musical en el que cada individuo concreto nace y se desarrolla. “Es más –agregó el músico–, el proceso terapéutico se inicia desde lo vivido musicalmente por la madre durante el embarazo y también desde su propia infancia, con lo cual se acerca a lo que afirmaba el compositor y didacta musical Zoltan Kodaly, si no me equivoco, que “la educación musical comienza nueve meses antes del nacimiento” (a lo cual Gordon agrega “de la madre”).—¿Qué es la educación musical? —No se debe confundir educación musical con musicoterapia, aunque los efectos de una buena educación musical son siempre, de alguna manera, terapéuticos. Aplicada a edades muy tempranas suele confundirse mucho también la educación musical con el uso de la música como herramienta para otros aprendizajes (de otro idioma, por ejemplo). Pero no es lo mismo, aunque habla muy bien de la importancia de la música y lo útil que puede ser en muchos campos.Sonidos que unen—En su blog, usted menciona a las “neuronas espejo”, dando cuenta de la posibilidad de incorporar competencias musicales de manera “no formal”, podríamos decir. También Manes propone que la razón por la que se habría desarrollado la música es “para ayudarnos a todos a movernos juntos y (...) cuando la gente se mueve al unísono tiende a actuar de forma más altruista y estar más unida”. —La mención a las “neuronas espejo” es a través de un texto que traduje de un artículo de la Aigam, que es la asociación italiana autorizada por Gordon, donde yo estudié la Teoría del Aprendizaje Musical. Al parecer, estas se activan tanto si se realiza una acción como si se observa hacerla. Me parece algo muy interesante, porque tiene que ver con la capacidad de aprender a través de dos cosas fundamentales: la imitación de ciertos gestos y movimientos, así como también de la simple observación de esos gestos. Parece obvio, pero nótese que no estamos hablando de aprender por lo que se nos dice sino por lo que hacemos o vemos hacer. Los límites de la palabra En otro orden, consideró Valls: “La palabra es algo maravilloso, pero en la comprensión musical –y también en otras disciplinas o actividades en las que la percepción es fundamental–, no solamente no ayuda sino que, en muchos casos, es un obstáculo para la percepción”.—¿Cómo traslada esta idea a sus talleres? —En las actividades de mi taller Musicreciendo, y esto es una fuerte sugerencia que hace Gordon, casi todo lo que se canta es sin texto, solamente con sílabas fáciles de pronunciar o de «comprender» para los niños más pequeños. Paradójicamente, pero no tanto, ya que ambos son lenguajes sonoros, los beneficios del aprendizaje musical en edad temprana se reflejan en un mejor aprendizaje del habla”. “En algún punto –completó Valls– Manes habla de lo que yo mencionaba antes, sobre cierta relación de la música con el movimiento. Saber que la música puede haberse desarrollado como estrategia evolutiva para favorecer el movimiento, sobre todo colectivo, me llena de satisfacción porque es parte del trabajo educativo que llevo adelante con los bebés junto a sus padres y/o familiares adultos. Hemos perdido mucho, cultural y socialmente hablando, esa capacidad ancestral de moverse rítmicamente o cantar mientras se trabaja o mientras se realizan actividades importantes para la comunidad”. En la temprana infancia—¿Qué aportan los talleres que usted propone en niños hasta tres años para la adquisición de competencias musicales? ¿Por qué estas son importantes como la adquisición de competencias lingüísticas? —Según la Teoría del Aprendizaje Musical de Gordon, todos nacemos con aptitudes musicales, es decir con capacidad para el aprendizaje de la música; y el nivel promedio de esas aptitudes es mucho más alto que lo que habitualmente se cree. Esas aptitudes, que son innatas pero no necesariamente hereditarias, están presentes al máximo nivel en los primeros años de vida. Eso nos da una primera pauta de por qué es posible comenzar a educar musicalmente a tan temprana edad. Pero además de posible es absolutamente necesario.—¿Necesario...? —Sí. Porque a los 8-9 años esas aptitudes tienden a estabilizarse y de ahí en más, si no se ha estimulado adecuadamente lo musical, nos costará más trabajo aprender o comprender más y mejor la música. Con muchas otras capacidades que desarrollamos en los tres primeros años de vida pasa eso: todos nacemos con la capacidad de aprender a hablar y a caminar, pero sin una correcta estimulación (que se da en general de manera natural) esas capacidades se ven afectadas y se hace cada vez más difícil aprender. Mariano Ruiz Clausen / [email protected]














