La muerte de Garrafa, el perro comunitario de Ciudad Universitaria, sigue generando conmoción, dolor e indignación entre quienes transitan a diario el predio de la Universidad Nacional del Litoral, y en gran parte de la ciudadanía.
En la Ciudad Universitaria piden justicia por la muerte de Garrafa: testigos relataron la negligencia y el abandono del dueño del pitbull
Personal de seguridad, docentes y estudiantes reconstruyeron cómo fue el ataque fatal. Denunciaron que el dueño se retiró prometiendo ayuda y nunca volvió. Reclamaron sanciones más severas para evitar nuevas víctimas
Ciudad Universitaria pide justicia por la muerte de Garrafa: testigos relataron la negligencia y el abandono del dueño del pitbull
A partir de los testimonios de personal de seguridad, docentes y alumnos, se conocieron nuevos detalles del ataque letal protagonizado por un pitbull y de la conducta negligente y de abandono del dueño del animal agresor.
El hecho ocurrió el lunes alrededor de las 8.30, en uno de los horarios de mayor circulación. Lucas, integrante del personal de seguridad de la UNL, relató que los portones estaban abiertos desde las 6 de la mañana por el reintegro del personal tras el receso y el ingreso de estudiantes de Medicina. En ese contexto, dos perros —uno de ellos un pitbull— ingresaron al predio junto a su dueño.
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Según detalló, los animales avanzaron hasta la zona de la garita del colectivo y, cuando regresaban hacia la salida, se produjo el ataque. “El pitbull lo agarra de la pierna y el otro perro de la parte del cuello y la cabeza”, describió Lucas sobre la agresión sufrida por Garrafa. El dueño se encontraba a unos 100 metros, y recién corrió hacia el lugar cuando los estudiantes comenzaron a gritar desesperados.
En medio del forcejeo para separar a los animales, Lucas recordó una frase que generó aún más bronca entre los testigos. “El dueño decía ‘no lo va a soltar’, como si ya supiera lo que estaba pasando”, señaló en declaraciones a Telefé Noticias. Finalmente, logró separar al pitbull, lo ató con una soga y lo retiró del lugar. Sin embargo, la situación estuvo lejos de terminar allí.
De acuerdo al testimonio del personal de seguridad, el pitbull intentó morder a estudiantes que caminaban por el predio, aunque por fortuna no logró herir a nadie.
“Me dijo: ‘Lo llevo a mi casa porque no lo puedo controlar, busco la camioneta y vuelvo para darle una mano en lo que sea’. Nunca más volvió”, afirmó Lucas. “No apareció, no asistió al perro y se desentendió totalmente”.
Mientras tanto, Garrafa, gravemente herido, logró arrastrarse hasta el portón de entrada, donde perdió una gran cantidad de sangre y se recostó. “Con una compañera intentamos ayudarlo, y mi compañero Martín fue a buscar el auto para llevarlo al veterinario, pero ahí fue donde falleció”, relató.
Martín, también personal de seguridad, remarcó que el desenlace fue inmediato y que no hubo margen de reacción. “Lo primero que quisimos fue llevarlo para salvarlo, pero lamentablemente no hubo suerte”, expresó.
Además, alertó sobre el riesgo que implicó el hecho: a pocos metros funcionaba una colonia de vacaciones con niños, y el ataque ocurrió mientras ingresaban estudiantes y trabajadores. “Podría haber pasado cualquier cosa”, advirtió, y pidió que el caso se visibilice para que “se cumplan las leyes y no vuelva a pasar”.
Garrafa vivía en Ciudad Universitaria desde 2018 y se había convertido en una mascota comunitaria, querida por estudiantes, docentes y no docentes. Su presencia cotidiana en aulas, pasillos y la cantina lo transformó en un símbolo del lugar. Esa cercanía explica el profundo impacto que generó su muerte.
El reclamo de una pena más severa
Desde la comunidad universitaria también reclamaron penas más severas para el dueño del pitbull. Marta, una de las referentes del reclamo, sostuvo que la sanción no puede limitarse a una multa económica o charlas de tenencia responsable. “Tiene que ser más grave, porque aparentemente es reincidente y era totalmente consciente de lo que podían hacer sus animales”, afirmó.
La mujer subrayó que los perros estaban sin bozal ni correa y fuera de control, y remarcó el abandono posterior al ataque. “Se comprometió a volver y no volvió. Hizo un abandono total y se desentendió del asunto. Es una actitud totalmente repudiable”, sostuvo. Además, confirmó que existen denuncias formales, tanto de organizaciones proteccionistas como de particulares.
El dolor también se expresó en las aulas. Rubén, docente de la UNL, recordó a Garrafa como “un personaje muy querido”, que visitaba clases y acompañaba a los estudiantes. “Nunca lo escuchamos ladrar o pelearse. Era tranquilo, estaba en su espacio”, dijo, y señaló que el impacto trascendió la ciudad: “Tengo egresados en otras localidades que siguen llorando su muerte”.
Por último, una alumna resumió el sentimiento generalizado y el reclamo que atraviesa a toda la comunidad. “No era la manera en la que tenía que morir. Hoy fue Garrafa, mañana puede ser un niño o cualquier persona”, advirtió. Y cerró con un pedido claro: “Justicia por él y para que no vuelva a pasar nunca más”.

















