Cientos de papeles, uno pegado al lado del del otro, taparon el color gris claro de los mástiles y del obelisco de la plaza 25 de Mayo en la ciudad de Santa Fe el 14 de diciembre del año pasado. Los nombres de los santafesinos acusados de abuso, acoso, violencia de género o violación estaban escritos allí por mujeres jóvenes y a la vista de cualquiera que se acerque al lugar en un acto que se llamó "silbatazo".
Escraches en las redes: "Lo mejor que podemos hacer es estar en red y acompañadas"
Por Bárbara Favant
Días antes, la actriz Thelma Fardin había denunciado penal y públicamente a Juan Darthés por violación en una conferencia de prensa que desató una ola de escraches, denuncias y relatos que estaban ocultos por el dolor o el estigma social.
Según el Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem), "los problemas –con la Justicia argentina– son tan graves que hace que menos de tres de cada 100 denuncias lleguen a sentencia". En este contexto, el escrache público se ha convertido en una herramienta para algunas mujeres o personas víctimas de la violencia machista. Algunas voces feministas invitan a reflexionar sobre esta modalidad. La escritora, periodista, militante de Ni Una Menos y consultora del INADI, Marina Mariasch, dialogó con UNO Santa Fe sobre la "justicia por redes propias".
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—En plena ola feminista, ¿qué lectura se puede hacer de este fenómeno desde los últimos meses del año pasado hasta hoy?
—A partir de la denuncia de Thelma Fardin (que me parece que estuvo muy bien instrumentada porque ella lo hizo con una red de contención como lo son un colectivo de actrices, con una abogada muy buena que es Sabrina Cartabria y el apoyo de la periodista Luciana Peker) fue muy impresionante lo que pasó, porque hubo como un dominó de denuncias. Se fue desatando porque la palabra de Thelma, desde lo público, dio lugar a que muchas mujeres y víctimas de violencia se dieran el lugar para que puedan tomar su voz y contar. Pero también para que muchas pudieran reconocer aquellas violencias por las que había atravesado su cuerpo históricamente y que por ahí no las tenían vistas como tales.
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"En ese sentido –agregó–, creo que surgieron estas cataratas de denuncias en las redes y que no siempre son escraches. Muchas veces en esas denuncias no se da el nombre o no se pone la foto del abusador. Pero sí me parece que esta denuncia –por Thelma– viene a decir que hay muchas cosas calladas que habilita un discurso y una voz, a través de esta consigna que las feministas tenemos que es "no nos callamos más", que bienvenida sea porque callarse es lo peor. Después tenemos que ver qué es lo que sucede a través de esas denuncias que caen como en saco roto, como es la web, que es una red con muchos agujeros. Habría que preguntarnos si es el tipo de reparación que buscamos; si nos da contención, si nos da justicia, si es algo que realmente nos hace sentir mejor".
—En los casos en que se denuncia con nombre y apellido de manera pública, por ejemplo a través de las redes sociales, muchas veces hubo una respuesta del otro lado que puede ser judicial. ¿Qué pasa en estas situaciones que por diferentes motivos no van dentro del camino legislativo vigente? ¿Qué se debe tener en cuenta al denunciar?
—El de la denuncia es un camino que podemos elegir. Cada persona puede elegir cómo, cuándo, dónde y ante quién hacerlo y esto incluye los ámbitos privados. Por supuesto que hacerlo en público como son las redes sociales, se está expuesto a respuestas de todo orden, entre ellas también las judiciales. Es algo a tener en cuenta porque es una herramienta que tienen muchas veces aquellas personas que son acosadas. Muchísimas, por no decir todas, las denuncias son auténticas. Esta frase que decimos "yo te creo hermana", tiene que ver con que por siglos la palabra de la mujer fue puesta en cuestión, en duda. Y ya tener esa premisa del "yo te creo" es importante. Esto de la respuesta jurídica frente a la acusación es una herramienta que se le da al acusado para defenderse de lo indefendible pero que termina rebotándonos en contra quizás a nosotras.
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—En esta "catarata" de escraches o denuncias, ¿qué sucede con los distintos niveles de gravedad de situaciones de violencia que se expresan?
—Como feminista y desde mi lugar de trabajadora de cuestiones de género me parece que las violencias suceden en distintos grados, que pasan en distintas relaciones de poder o de fuerza. Esto marca Rita Segato. Es interesante porque no todas las violencias tienen el mismo grado de profundidad, esto no le quita mérito a cualquier tipo de violencia. Por suerte nuestra ley abarca todos los tipos de violencia en los ámbitos en que se desarrollen. En ese sentido no homologaría a las violencias pero hay que tenerlas en cuenta a todas y trabajar caso por caso.
"Si se decide hacer una denuncia judicial tiene que haber un acompañamiento jurídico", dijo y se explayó: "No es el único camino, porque muchas veces el camino judicial implica una serie de exposiciones y revictimizaciones como tener que contar la misma historia muchísimas veces a una justicia que sigue siendo patriarcal. Entonces es una decisión que hay que tomar, acompañada y en red. Lo mejor que podemos hacer es estar en red y acompañadas".
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—Hay empoderamiento de la mujer a la hora de expresar situaciones de violencia que estaban silenciadas...
—Estamos reescribiendo los pactos, cambiando los paradigmas de las relaciones entre las personas. Sobre todo las sexoafectivas. Las cosas que antes pasaban que estaban naturalizadas, ahora ya no se toleran en este marco. Eso está buenísimo. Ahora, cómo leemos nosotras cada situación también tiene que ver con un posicionamiento subjetivo y no todas las situaciones implican una violencia y no todas implican un abuso. Cuando estamos experimentando una relación sexual, en especial las más jóvenes que están ingresando a la sexualidad que es un terreno de muchísima experimentación, hay contradicciones y experiencias que no nos gustan, y no siempre eso nos convierte en víctimas. Eso es interesante poder saberlo para darnos cuenta nosotras que podemos definir qué es lo que nos gusta y qué no; lo que nos gusta hoy que puede ser diferente a lo que nos guste mañana. Pero saber que no necesariamente eso nos convierte en víctimas porque ese lugar obligatorio de la víctima hace que todo lo que tenga que ver con el deseo se convierta en una amenaza. Como feministas nosotras buscamos una sexualidad más libre y no más controlada".
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—¿Qué pasa con la búsqueda de un castigo, del punitivismo, desde una mirada feminista?
—Hay alguna vocación de justicia que se supone que se encuentra con el castigo. Lo que podemos hacer es pensar si estructuralmente esa es una respuesta efectiva. Preguntarnos si estructuralmente las respuestas punitivas son las que suelen dar el Estado y las instituciones realizan un cambio efectivo y cultural en nuestra sociedad en relación a los machismos y la verdad es que yo creo que no. Obviamente hay situaciones específicamente violentas como puede ser una violación, un femicidio, donde hay un castigo claro dado por el código penal y eso se tiene que cumplir. En otros casos pienso que quizás el método del escrache nos conduce a una metodología punitivista que no nos repara en realidad y no soluciona el problema de raíz. Tenemos nosotras que ser creativas como feministas y buscar nuevas estrategias.
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—Las redes sociales también se han convertido en lugares de encuentro para el movimiento feminista.
—Las redes son una herramienta tecnológica más que tenemos pero creo más en la conformación de redes humanas. Es importante en estos casos de violencia machista contar con una red de contención ya sea de amigas o compañeras que nos escuchen. No es lo mismo el diálogo cara a cara que arrojarlo a las redes sociales y que quede ahí colgado en una especie de bolsa sin fondo donde se puede perder. Por un lado una queda súper expuesta al contar un relato íntimo y doloroso que puede ser leído desde el morbo, la malicia, el juicio, se puede responder de manera hiriente y también tenemos que cuidarnos a nosotras mismas.
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—¿Cuáles pueden ser esas estrategias?
—Creo que es una pregunta muy difícil y que las estamos tratando de pensar pero las estrategias son no ponernos en pie de guerra de los sexos, no volver al primer feminismo hembrista sino pensarnos como una sociedad que quiere transformarse en su conjunto. Que no hay uno o una sola de nosotras que no esté atravesada por el patriarcado. Todos tenemos que repensar nuestras relaciones. Es importante que nuestros interlocutores varones puedan escuchar, actuar y tener una práctica respecto de eso. Es difícil renunciar a los privilegios porque aunque uno se lo proponga lo sigue portando por un montón de condiciones materiales explícitas e implícitas que vienen con la propia vida pero que es importante mantener un diálogo con la otra parte.
"Qué hacemos con un chico que es escrachado en su colegio", se preguntó Mariasch. "¿Se lo saca del aula? ¿Se lo pone en otro curso? ¿otro colegio? Es como tirar la manzana podrida del cajón a otro. No es una solución satisfactoria para nosotras. Hay una frase de Audre Lorde que dice que «no se puede derribar la casa del amo con las herramientas del amo». Nosotras no queremos los métodos de una justicia patriarcal, no queremos apropiarnos de eso que odiamos. Queremos otro tipo de sociedad. Las estrategias del diálogo, de la contención pueden ser. También para el chico escrachado, que sus amigos lo acompañen en esa reflexión, él tiene que estar dispuesto además por supuesto para cuestionarse sus propias prácticas. No es una respuesta el aislamiento", reflexionó.
—En este cambio estructural que se pide, ¿qué lugar ocupa la Educación sexual integral?
—Básico. Es fundamental la ESI tal como está prevista en la ley si es aplicada con fuerza y eficacia. Es un cambio a largo plazo pero que eventualmente pueden llegar a darnos los resultados que estamos buscando a nivel social.
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"Me ha pasado que chicas nos cuentan que van a una preceptora o alguna autoridad escolar y la respuesta que recibieron es «¿estás segura que pasó?», entonces encuentran una negativa en el lugar donde fueron a buscar ayuda. Las instituciones tienen que estar preparadas y por eso estamos pidiendo que haya ESI en los colegios. Por eso también en las instituciones académicas comenzaron a aparecer estos protocolos para la violencia de género. No puede ser que las chicas vayan a hacer una denuncia y la devolución sea más violencia", concluyó.













