En los primeros años del siglo XX se inició una nueva etapa en la vida del Ferrocarril Santa Fe. Se trató de la instalación de una playa de maniobras para trenes de carga, en un amplio predio de 40 hectáreas que en 1888 era cruzado por el ramal F hasta San Justo y que en 1907 llegaba a Resistencia y Barranqueras vía Gobernador Vera.
La Redonda: un lugar que conjuga presente y pasado entre sus rieles
La construcción se inició a principios de siglo, una vez producido el traspaso definitivo de la propiedad de ferrocarriles a la compañía francesa de FFCC de Santa Fe, con la firma de los contratos de venta el 19 de abril de 1900.
A partir de este hecho, la Compañía Francesa emprendió un extenso programa de obras con miras a modernizar sus instalaciones y mejorar sus servicios. En 1905 se adquirieron los terrenos necesarios; 40 hectáreas para el enclave de Santa Fe Cambios, dos kilómetros al norte de la estación central sobre la línea a Reconquista.
En sus mejores años
Dentro del complejo ferroviario se destaca La Redonda, una estructura cuyo anteproyecto de construcción data de 1905 y con fecha de finalización de obra una década más tarde; con forma de hemiciclo, destinada a la reparación del material de tracción.
Este edificio de forma semicircular de ladrillos vistos, techos a dos aguas, con cabreadas de hierro y cobertura de tejas francesas, se define como un arco de corona circular, de 60 metros de radio, que albergaba 40 fosas de reparaciones y aún hoy conserva enterradas una serie de vías que convergen en forma de rayos en un punto central, donde funcionaba la llamada mesa giratoria. Este dispositivo desplazaba a las locomotoras de forma radial hacia cualquiera de los 40 hangares que conformaban el cuerpo principal, donde luego serían reparadas.
Las crónicas señalan que en los mejores años de actividad ferroviaria –décadas del 20, 30 y 40– operaban dos locomotoras de maniobras las 24 horas, con 8 a 10 cambistas por turno, y salían alrededor de 20 trenes diarios. Santa Fe Cambios dejó de operar como playa ferroviaria en 1990, para luego ser abandonadas sus instalaciones.
El sistema de trabajo se dividía en dos secciones: reparaciones y alistamientos. Dentro de la primera se realizaban los trabajos más importantes de la parte mecánica y eléctrica; y en la segunda, la tarea era la reparación ligera y normalización de fallas. A mediados de la década del 50 se comenzaron a reemplazar las locomotoras a vapor, incorporándose las máquinas diesel eléctricas con los elementos tecnológicos que requieren los mismos.
HISTORIA VIVA
Andrés Andreis integra la comisión directiva del Museo Ferroviario de Santa Fe –lugar que atesora lo que dejó el paso del ferrocarril por la ciudad– y guarda en su memoria la historia de esas épocas. “La Redonda constituía un nexo entre el depósito y la playa de maniobras; es decir, salía la locomotora del depósito, enganchaba los vagones y seguía su destino a Resistencia, Rosario, Buenos Aires y otros puntos del país”, manifestó.
No quiso olvidarse de la Estación Santa Fe Cambios que se encontraba en el sector y funcionaba como oficina central. La misma fue construida también a comienzos del siglo XX. “Siempre voy a recordar que un 12 de julio de 1996, manos anónimas incendiaban y destruían la Estación. Fue una verdadera lástima. Tenía elementos en su construcción que eran muy característicos y bonitos. Hubo varios proyectos para reactivarla y nunca se pudo concretar”, comentó Andreis con nostalgia.
En su relato también marcó que en 1970 fue la única playa de maniobras del país, según una orden que emitió Ferrocarriles Argentinos. Dentro de las anécdotas, recordó cuando era chico y con un grupo de amigos iban al lugar y desde lejos –porque estaba prohibido que toda persona ajena al trabajo del ferrocarril ingresara– observaban cómo entraban “máquinas relucientes, prolijamente cuidadas y muy pulcras. Era nuestra diversión ir a ver cómo llegaban las locomotoras, se reparaban, salían, enganchaban en la playa de maniobras y partían hacia su destino. Era increíble”, reseñó Andrés Andreis.
La época dorada del ferrocarril pasó por Santa Fe, pero quedó viva en la memoria de muchos santafesinos el olorcito que dejaba el vapor de cada locomotora que ingresaba a esa gran mole de ladrillos vistos y tejas francesas. Los más grandes atesoran esos recuerdos imborrables y les relatan a las generaciones más jóvenes el esplendor que tuvo el paso del tren por la ciudad. Ahora, La Redonda es un centro cultural y abre sus puertas a muchos de los que la conocieron en su faz ferroviaria y al recorrerla hoy se les pianta un lagrimón en la añoranza de otros tiempos.
Tras 20 años de abandono, recuperó se esplendor
La Redonda, Arte y Vida Cotidiana. Así se llama ahora el recuperado edificio de Salvador del Carril y Belgrano. Hoy se articula el mundo ferroviario y la historia de los santafesinos, con una propuesta inclusiva e innovadora que los introduce en un mundo de arte, imaginación y construcción para todos las edades, donde el ciudadano es protagonista.
Se presenta no sólo como lugar que congrega espectáculos de las más diversas disciplinas: teatro, música, danzas, cine y artes audiovisuales, y exposiciones (plástica, fotografía, ciencias sociales, arquitectura, entre otras); sino también como espacio para el desarrollo de eventos, foros culturales y conferencias.
El proyecto de recuperación y refuncionalización de La Redonda estuvo a cargo de la Dirección Provincial de Arquitectura e Ingeniería. La gestión del espacio cultural corresponde al Ministerio de Innovación y Cultura de la provincia de Santa Fe. El 23 de junio de 2009 en la sede de la Asociación Vecinal Amigos del Barrio Sargento Cabral se realizó la licitación para encarar los trabajos con un presupuesto oficial de 7.265.163,48 pesos.
Los trabajos comenzaron ese año y a fines de 2010 quedaron inaugurados. Luego de largos años de abandono y deterioro de las instalaciones ferroviarias, las obras incluyeron la reposición de todos los cierres externos, como así también la refacción y restauración de cada una de sus partes originales.















