La Cámara de Diputados de Santa Fe fue escenario de un encuentro que no pasó desapercibido. Bajo el lema “Desconectados para Conectar”, legisladores, especialistas y referentes de organizaciones sociales pusieron en común datos, testimonios y experiencias sobre los efectos del uso problemático de celulares, videojuegos, redes sociales y apuestas online.
Pantallas, adicciones y la salud de los niños santafesinos: un debate urgente sobre sus graves efectos psíquicos y físicos
Especialistas, legisladores y referentes sociales alertan sobre el impacto del uso problemático de celulares, videojuegos, redes sociales y apuestas online en niños y adolescentes, y llaman a legislar, educar y generar espacios de contención para acompañar a las nuevas generaciones
El eje del debate atravesó un diagnóstico compartido: la tecnología avanza más rápido que nuestra capacidad de regularla y acompañar a quienes más la consumen, en especial niños, niñas y adolescentes. Lo que surgió no fue solo una advertencia, sino también un llamado a la acción.
María del Valle Basail Buschiazzo: “El celular no puede ser el chupete digital”
La abogada especialista en familia y docente universitaria, María del Valle Basail Buschiazzo, abrió su exposición recordando que Santa Fe fue pionera en 2006 con una ley que prohibía el uso de celulares en las escuelas, pero que la norma nunca fue reglamentada. “Lo que no se regula se convierte en un vacío, y ese vacío hoy lo llenan las pantallas”, advirtió.
Respaldó su postura con datos de la Sociedad Argentina de Pediatría, que estima que el 11% de los niños tiene conductas compatibles con adicción a pantallas.
La especialista detalló las consecuencias de un uso excesivo: “Producen consecuencias físicas: cataratas a los 3 años, glaucoma después de los 7. Consecuencias psíquicas: ansiedad, depresión, problemas de atención. Consecuencias sociales: la falta de socialización. Un 56% de los niños está expuesto a las pantallas y un 11% tiene un conflicto, una adicción a las pantallas”.
Su planteo fue directo: “Los adultos usamos el celular como un salvavidas, como un calmante. Pero el celular no puede ser el chupete digital para que los padres no se ocupen. La niñez tiene que ser una política pública, no un daño colateral de la era tecnológica”.
Además, recordó que provincias como Neuquén y Salta ya avanzaron con regulaciones sobre dispositivos en las aulas, y reclamó que Santa Fe deje de mirar hacia otro lado: “El Estado debe decidir si prioriza la salud integral de los chicos o se resigna a que crezcan frente a una pantalla”.
Gonzalo Juez: “Estamos corriendo una carrera que venimos perdiendo”
El psicólogo y director terapéutico de la Asociación Civil Integral, Gonzalo Juez, abordó el fenómeno desde la perspectiva de las adicciones. Describió cómo el juego online y las apuestas deportivas pasaron en pocos años de ser un entretenimiento marginal a convertirse en un problema de salud pública entre los jóvenes.
“Hoy el 80% de los casos de ludopatía que atendemos ya no son de casinos ni de quinielas, sino de apuestas virtuales. Y lo más grave es que afectan a chicos de 12, 13, 14 años”, señaló.
Explicó que las plataformas digitales están diseñadas con los mismos mecanismos que una droga: refuerzos intermitentes, estímulos rápidos, promesas de recompensa inmediata. Esa dinámica provoca liberación de dopamina y, con ella, la adicción.
“Los adolescentes que juegan compulsivamente al casino online o al póker virtual no buscan tanto ganar dinero, sino experimentar la descarga. Y eso es exactamente lo que genera la dependencia química. Es la tormenta perfecta: chicos vulnerables, padres desbordados, plataformas sin regulación y una publicidad que los bombardea todo el tiempo”.
Juez advirtió que la respuesta del Estado siempre va detrás: “Corremos una carrera que venimos perdiendo. La tecnología corre más rápido que nuestra capacidad de legislar y de prevenir”.
Gonzalo Paye: “En los barrios, el celular es supervivencia y también riesgo”
Desde otra perspectiva, el trabajador social y presidente de la Asociación Civil La Casa Roja, Gonzalo Paye, relató lo que observa a diario en barrios populares de Santa Fe. Allí, el celular se convirtió en una herramienta de supervivencia, pero también en un vehículo de explotación y violencia.
“Los chicos de 10 o 12 años ya se endeudan a través de una aplicación, venden cuentas de Mercado Pago o caen en préstamos informales por WhatsApp. El celular les abre un mundo, pero también los expone a prácticas delictivas y abusivas”, explicó.
En ese contexto, advirtió que no alcanza con prohibir. Su propuesta es generar espacios alternativos de socialización y contención: talleres culturales, clubes de barrio, robótica comunitaria y hasta experiencias tan simples como compartir una comida sin pantallas.
“Cuando armamos una ranchada y comemos todos juntos sin celulares, los pibes descubren que pueden reírse y hablar entre ellos. No se trata solo del no uso de pantallas, sino de ofrecer otras formas de encuentro que compitan con esa omnipresencia tecnológica”.
Paye resaltó que la vulnerabilidad social potencia la vulnerabilidad digital: “Un chico con hambre o sin acompañamiento familiar no solo está más expuesto a la droga o al delito, también al uso compulsivo de pantallas como forma de escape”.
Vicente Bondi: “Estamos tres mil años luz de la realidad que viven nuestros pibes”
El director de la Asociación Civil Nazaret, Vicente Bondi, hizo un repaso histórico: “Hace 25 años nos llegaban chicos con problemas de sustancias y videojuegos. Hoy, el combo es mucho más complejo: apuestas online, microcompras dentro de los juegos, deudas en criptomonedas y exposición a contenidos violentos”.
Bondi fue enfático en señalar la brecha entre padres e hijos: “Estamos tres mil años luz de la realidad que viven nuestros pibes. No conocemos Twitch, Discord, TikTok, ni cómo funcionan las microtransacciones en los juegos. Y mientras tanto, ellos se endeudan o se meten en dinámicas de consumo que los devastan”.
Para él, el gran déficit está en la formación de los adultos: propone “escuelas para padres” donde se aprenda a fijar límites y a comprender el entorno digital de los hijos.
También reclamó campañas preventivas en los mismos canales donde circulan los jóvenes: “Si la ludopatía y el juego online se consumen en Twitch o en TikTok, entonces la prevención tiene que estar ahí. No sirve repartir folletos en una plaza”.
Bondi cerró con un llamado urgente: “El celular puede ser una herramienta maravillosa, pero si no enseñamos a usarla bien, terminamos naturalizando que la vida se parezca a un juego de apuestas. Y en esa lógica, los que siempre pierden son los chicos”.
Un diagnóstico compartido: prevenir antes de lamentar
Las intervenciones de la jornada dejaron en claro que el uso problemático de las pantallas no distingue clases sociales: atraviesa a niños y jóvenes de sectores vulnerables, de clase media e incluso de familias con recursos.
La diferencia, remarcaron los disertantes, es el nivel de contención y acompañamiento adulto. En los barrios más castigados, el celular puede ser un salvavidas pero también una trampa; en sectores de mayor poder adquisitivo, se convierte en adicción silenciosa, sostenida por la disponibilidad de dinero para gastar en juegos o apuestas.
Lo que sí hubo fue consenso: es urgente legislar, educar y prevenir. No se trata de demonizar la tecnología, sino de generar usos responsables y saludables, con normas claras, adultos presentes y políticas públicas sostenidas en el tiempo.













