El libro Barrios: Roma y Constituyentes, de Miguel Ángel Dalla Fontana (quien relató en distintas publicaciones editoriales el origen de numerosos sectores de la capital provincia), relata la historia del segundo mencionado a partir de la subdivisión de la quinta de los Clucellas.
Primero fueron el norte, hoy están a escasos pasos de ser el centro
Allí explica, por ejemplo, que si bien hoy se encuentra emplazado en el centro de la ciudad de Santa Fe, en los primeros años del siglo pasado era considerado como el lugar del futuro, “en el norte” de la urbe, hacia donde la misma se extendía. Hacia el otro lado del Bulevar Pellegrini, sólo campos podían divisarse.
La denominación del barrio surgió por propia iniciativa de los primeros vecinos que lo habitaron, en homenaje al Congreso que, instalado en Santa Fe, sancionara la Constitución Nacional el 1 de mayo de 1853.
Es un rincón de la capital de la provincia que atravesó grandes transformaciones, dado que su cercanía al centro de la urbe derivó en un crecimiento en el tránsito vehicular, en el ordenamiento a través del servicio de estacionamiento medido, en la creación de calles de intensa y rápida circulación –como lo es Urquiza– y en la instalación de numerosas instituciones educativas, religiosas y comerciales.
Así surgieron, por ejemplo, la Escuela Industrial Superior, el Colegio Mayor Universitario, la parroquia San José Agustinos Recoletos, la escuela Nuestra Señora del Calvario, el Mercado Norte, el cine teatro Luz y Fuerza, entre otros tantos rincones de la zona.
El corazón del barrio
El corazón del barrio es su espacio verde por excelencia: la plaza Constituyentes. Emplazada entre las calles Santiago del Estero, 4 de Enero, Junín y Urquiza, allí se encontraba en las primeras décadas del siglo XIX la quinta de la familia Clucellas.
Es por eso que durante un extenso lapso se la conoció con esa denominación (Quinta Clucellas) o Plaza del Cementerio, este último nombre por los errados rumores de que en esas tierras había funcionado tal espacio.
Durante el gobierno de Ignacio Crespo, entre 1910 y 1911, y la intendencia de Edmundo Rosas (1908–1912),se realizó la compra de esa manzana por parte del Estado.
Con la intención de preservarla de los caballos de la zona se la rodeó con alambres y se le colocaron faroles. Respetando la denominación que le asignaron los vecinos desde 1889, se le colocó el nombre de Plaza Constituyentes, en homenaje al Congreso de 1853.
Desde la década de 1920 se le realizaron diversas reformas, aunque recién en 1924 se quitó el alambrado perimetral, convirtiéndola en un paseo frecuentado.
En esa época fue que se conformó también el paisaje a su alrededor, con la construcción del Colegio Nuestra Señora del Calvario, la Iglesia de los Padres Agustinos Recoletos (1929), el Mercado Norte (1928) y viviendas particulares.
Durante la intendencia de Francisco Bobbio (1937-1941) se lleva adelante un plan de embellecimiento para revalorizar ese espacio verde. Con el correr de los años fueron varias las obras que se llevaron a cabo con esa misma finalidad.
En la actualidad tiene una arboleda que invita al descanso en sus bancos en una tarde de verano y caminos despejados para el paseo por su interior.
Desde hace años se organizan actividades culturales y actos protocolares en esta plaza. Distintas orquestas desplegaron allí sus mejores interpretaciones, al igual que alumnos de las escuelas de la zona exhibieron su trabajo en danzas, y funcionarios de distintos niveles proclamaron discursos y propuestas.
El mantenimiento del espacio verde es una de las tareas más complicadas para el Estado municipal, dadas las continuas pintadas y roturas de jóvenes vándalos contra esculturas, fuente, bancos y columnas. Sin embargo, es uno de los más resguardados de la capital de la provincia, ya que tiene presencia permanente de ciudadanos.














