Santa Fe

Un duelo de 37 años que empieza a sanar: la historia de un héroe santafesino

Con su último grito, el teniente Rubén Eduardo Márquez alertó a su patrulla sobre la presencia del enemigo. Él murió en combate en Malvinas y el resto salvó sus vidas

Martes 02 de Abril de 2019

"¡Cuidado, emboscada!", fue el último grito del entonces teniente primero (hoy capitán post mórtem) Rubén Eduardo Márquez. Pero incluso antes de eso, para su familia corondina ya era un héroe. Treinta y siete años duró para ellos el duelo. Veintiséis de estos estuvieron marcados por la lucha incansable de su madre que finalmente, sin ADN, supo dónde estaba su hijo enterrado. Hoy sus cenizas descansan junto a él, en la tumba número 9, de la fila 5 del sector B, en el cementerio militar de Darwin.

Rubén o "Chilo", como lo llamaban sus amigos, era militar de carrera. Egresó del Liceo Militar General Belgrano de Santa Fe, continuó sus estudios en Buenos Aires en el Colegio Militar. A los 29 años, con el rango de teniente primero, fue convocado para conformar la Compañía de Comando 602, un grupo de élite al mando de Aldo Rico especialmente creado para ir a combatir a las Islas Malvinas. "Mamá, la Patria me necesita", le dijo a Elda Gazzo cuando lo convocaron para la misión.

El 28 de mayo llegó a las Islas a bordo de un Hércules. El día 30 se le ordenó encabezar una misión de reconocimiento junto al sargento primero Oscar Humberto Blas, en el Monte Simmons. Disparos y explosiones los sorprendieron en plena mañana en el cerro Bluff Cove Peak. Márquez alertó con su grito a sus compañeros. Junto a Blas dieron batalla y frenaron el avance del enemigo, permitiendo a su patrulla replegarse. Hirieron a dos soldados británicos, pero murieron en batalla y sus cuerpos quedaron bajo la nieve.

Un oficial llegó a la casa los Márquez en Coronda con un telegrama. Su hijo ya no iba a volver, se había quedado en Malvinas. Desde ese momento Elda, su madre, comenzó a golpear puertas buscando explicaciones y queriendo saber dónde estaba el cuerpo de su hijo. Ese mismo año, junto a otros familiares de caídos se subieron a un barco, pero nunca pudieron llegar a las Islas.

Elda no sabía dónde estaba su hijo, pero sí que había sido un héroe de Malvinas. En su nombre, recibió importantes reconocimientos. Un monolito con una placa en la plazoleta “Héroes de Malvinas” de Coronda, en agosto de 1982, el primero en el país en honor a un soldado caído en la guerra. La condecoración con la Medalla al Valor en Combate, el nombramiento como Capitán; y su nombre en la Plaza de Aparatos de la Compañía de Ingenieros Aerotransportados 4 de Córdoba y en la Plaza de Armas de Liceo Militar General San Martín de Buenos Aires, donde en el 82 el entonces teniente primero era instructor de cadetes.

En 1998, Elda hizo su último viaje a Malvinas. Había ido convencida de que iba a encontrar la tumba de su hijo. Llevó cartas en inglés, que pudo escribir gracias a la ayuda de una profesora de idiomas de Coronda. Con prosa de dolor de madre pedía ayuda para saber dónde estaba el cuerpo de su hijo.

"Todos le agarraban la carta y nadie le decía nada. Ella contó que la noche anterior a la visita al cementerio le dejaron en la mesita de luz un papelito escrito en castellano donde le decían que Márquez podría estar en la fila 5 del sector b, entre la 9 o la 10", cuenta Lorna Márquez, nieta de Elda y sobrina del capitán, quien junto a sus hermanos y familiares continuaron la lucha de su abuela.

Ese día en el cementerio de Darwin, Elda se sacó una foto entre las tumbas que el mensaje había señalado. Murió sin saber cuál era exactamente el lugar donde descansaba su hijo, pero con la ilusión de haberse arrodillado a su lado.

Cerrar el duelo

Lorna tenía siete años cuando su tío Rubén falleció en combate, pero recuerda que para ella "siempre fue un héroe, incluso antes de ir a Malvinas", porque le contaba historias y anécdotas increíbles. "Después de Malvinas fue doblemente el héroe", dice emocionada y recuerda que tras la muerte de su tío no hubo velorio, pero el duelo nunca terminó, hasta hoy.

Junto a la familia acompañaron siempre la búsqueda de su abuela. Y tras su fallecimiento, fueron ellos quienes en 2018, convocados para participar del proyecto del Plan Proyecto Humanitario Malvinas que busca reconocer a todos los "Soldados solo conocidos por Dios", sintieron esa misma necesidad que tenía Elda de saber el lugar exacto donde estaba Rubén y "cerrar el duelo".

Finalmente, a más de 10 años de la muerte de esta madre y abuela incansable, sus nietos recibieron en noviembre de 2018 la noticia de que el capitán Rubén Eduardo Márquez había sido identificado en una de esas tumbas, en la 9 y se transformó en el soldado número 100. En la 10, estaba su compañero Blas.

“La abuela, mamá de Rubén, falleció hace 11 años y ella siempre nos dijo y nos hizo prometer que si le pasaba algo y no llegaba a saber dónde estaba su hijo, que la crememos y en algún momento la lleváramos a las Islas. Ella decía así porque nunca imaginó que íbamos a llegar al lugar exacto", cuenta Lorna. 

El pasado 13 de marzo, la sobrina del capitán viajó al cementerio de Darwin y cumplió con la promesa. Hoy los restos de su abuela descansan junto a su hijo, en la misma tumba junto a la cual Elda se había arrodillado hace 21 años. "Creo que cumplimos un poco más de lo que habíamos prometido a la abuela y pudimos llevar sus cenizas y las pusimos en la tumba exacta donde está su hijo. Así cerramos el círculo, cerramos el duelo que a nosotros nos llevó 37 años", dijo Lorna emocionada.

¿Te gustó la nota?