El historiador Ernesto Grenón conoce como pocos la ciudad de Santo Tomé. Sobre ésta brinda algunas particularidades históricas que la diferencian de la mayoría de las de la región, entre ellas que “no tiene fundación” (fecha) y que “no se formó con inmigrantes”. Una vez constituido como pueblo (reconocido como tal en 1872), se estableció su centro fundacional entre dos espacios claves: el río Salado y la plaza Libertad.
Un relato histórico que nació entre el río y la plaza y no para de crecer
Allí, en el barrio Centro, se instalaron las principales instituciones y en ese entonces cobró importancia la costa del río sobre las demás ubicaciones en cuanto a las cotizaciones de las tierras y el desarrollo de actividades productivas. Desde esa zona partían los caminos a las colonias y el primer puente de madera (en 1875) se levantó donde hoy los santotomesinos disfrutan de su actual balneario.
La plaza principal y su entorno se conformó en los años siguientes con la construcción de la Iglesia Inmaculada Concepción (1894), del edificio de la Escuela Nº 15 Juan de Garay, la Casa de Gelabert, entre otras. Más allá de estas edificaciones, muchas de las oficinas públicas de la ciudad cambiaron de ubicación a lo largo de varias décadas. El pavimento llegó a las primeras calles en la década de 1940.
Las avenidas 7 de Marzo y Luján constituyeron, según el relato de Grenón, el cuarto centro de ocupación de Santo Tomé –luego del Centro, el ferrocarril Central Argentino que se llamaría después barrio Iriondo, y las Cuatro Bocas.
El crecimiento de esta cuarta zona se produjo en el marco de distintas situaciones que orientaron el curso de la historia. Entre ellas, menciona la construcción del segundo puente de hierro ( 1906), el puente carretero (1937/39), la instalación de comercios sobre estas arterias, la potenciación de esta vía de comunicación por su facilidad de acceso a Santa Fe.
De Belgrano a 7 de Marzo
El barrio Belgrano surgió por resolución comunal del 13 de junio de 1954 y a pedido de la entonces vecinal zona sudeste. Luego, en 1968 se inauguró la plaza que lleva también dicho nombre. En realidad, es conocido desde hace años con el nombre 7 de Marzo, por simple asociación con el nombre de la sociedad vecinal que corresponde a esa zona. Se le impuso la denominación de General Manuel Belgrano en la sesión de la Comisión de Fomento del 13 de junio de 1954. Allí se establecían los límites del mismo comprendido entre las avenidas 7 de Marzo y Luján, Hernandarias y el río Salado.
Según relata el sitio Santotomeweb, dentro de este radio se inauguró el 7 de marzo de 1968 la plaza y el parque de diversiones que llevó también el nombre del creador de la bandera nacional. Su demarcación estaba dada por las calles: Gaboto, Libertad, Juan de Garay e Iriondo.
La vecinal 7 de Marzo se fundó el 24 de julio de 1960 y se instaló en su sede propia en un local cercano a este espacio verde y posee iguales límites que los establecidos para el barrio. En 1969 se creó en esa zona la Parroquia Sagrada Familia que al año siguiente ya comenzó a abrir los cimientos de su futuro templo, sobre calle Gaboto frente a la mencionada plaza.
Se trata de una zona que comenzó a contar con su mayor densidad demográfica en la década del 60. Hoy se cuentan distintas instituciones culturales, deportivas, educacionales, sociales, comunitarias, y otras más que hablan del acentuado crecimiento en estos casi 40 años últimos.
Entre 1972 y 1973, en sus cercanías sobre calle Libertad entre Gaboto y Colón se construirá un Plan VEA de viviendas con destino prioritario para personal jerarquizado de la fábrica de automóviles instalada en ese tiempo en el Parque Industrial de Sauce Viejo. Esto contribuyó a un rápido crecimiento poblacional de dicho sector de la ciudad.
Historia viva
“Hace 69 años, desde que nací, que vivo acá. Primero viví en la esquina de 7 de Marzo e Iriondo, donde mi padre tenía un comedor. Las únicas asfaltadas eran ésas, más Sarmiento, 25 de Mayo y Luján. Lo demás era todo tierra”, relató a Soy de…Roberto Scotta.
“Cuando era chico, donde está la plaza Belgrano, estaba el vivero de Panigutti. Tenía también mandarinas y naranjas. La escuela Berrutti también estaba e incluso cuando pavimentaron hicieron calle Iriondo hasta ese edificio. Lo demás era todo campo, pocas casitas perdidas. Para el sur y el oeste había más quintas”, recordó.
—¿Qué hacía la mayoría de las familias?, ¿a qué se dedicaban?
—Era variado. Algunos tenían su quinta y otros un pequeño comercio. Había mucha gente que trabajaba, mucho antes de que yo naciera, en las aceiteras. Y había otras cosas en el barrio. Cuando yo era chico e iba a la escuela en la esquina habían puesto el club América, por ejemplo. Y desde esa esquina hasta 9 de Julio había una cancha de fútbol de ese club. Hoy está todo poblado, pero en ese entonces no había ni una casa.
Roberto desciende de una de las pocas familias inmigrantes que llegaron a Santo Tomé. “Mi abuela se llamaba Luisa Gottero de Scotta. Era italiana, igual que mi abuelo. A él no lo conocí, porque aunque en su época no había autos casi en Santo Tomé, el único que había dando vueltas lo chocó y lo mató. Mi abuela tenía el hábito de hacer dulces y buenas comidas, muchas recetas caseras. Cuando ellos llegaron a Santo Tomé, según ella, eran sólo tres familias italianas: los Scotta, los Cáffaro y los Giombi. Vinieron casi juntos todos”, contó.
—¿Cuándo se construyó la mayor cantidad de las casas del barrio?
—Las casas fueron aumentando de a poco, pero la mayoría se hizo en la década del 60. Desde acá hasta el barrio Loyola era todo campo. Cuando empezaron a construir allá comenzaron a unirse los barrios. En esa época vino mucha gente de afuera.
—¿Por qué venían a Santo Tomé?
—Llegaban sobre todo por trabajo. Venían por las aceiteras Bonfanti, Camusso y Marconetti, que ahora no queda ninguna. Antes de que yo naciera también estuvo el molino harinero de José Macía, cerca de donde está hoy el Instituto de Limnología. Después hubo en la zona muchas fábricas, más cerca de Sauce Viejo y la gente se instalaba para trabajar ahí también.
—¿Qué transportes había?
—No había tranvías en Santo Tomé. Sólo había un colectivo que iba hasta Santa Fe: era el Chumbito. Después vino la Línea H, con ómnibus importados; y siguieron los de ahora.
Con respecto a la actualidad, Roberto señaló con malestar que “hay algunos muchachones a veces en la zona que dan inseguridad” y pidió que “cuiden más la placita”. Más allá de esas consideraciones, cerró la nota con un escueto: “Este barrio es tranquilo, a mí me gusta”.













