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Una mixtura de recuerdos, entre los palacetes y el esfuerzo obrero

Tierra de ferroviarios, cerveceros y comerciantes, en su origen Candioti fue el límite norte de la ciudad. La urbanización burló el extremo y continuó hacia el norte, al punto de convertir el barrio en parte del centro

Lunes 02 de Diciembre de 2013

Hablar del barrio Candioti es describir los primeros siglos de historia de la ciudad de Santa Fe en su actual emplazamiento. En sus tantas décadas los relatos bien podrían ir sobre rieles, en boca de los cientos de trabajadores ferroviarios que lo poblaron; o impregnarse de aroma a cebada, en manos de los obreros cerveceros; o colarse en el patio central del Mercado Progreso y cruzar luego calle Balcarce hacia la histórica Plaza del Lago, hoy llamada Pueyrredón.

De aquellos tiempos a la actualidad, en los últimos años éste fue uno de los rincones de la capital provincial con mayores mutaciones en su fisonomía. Edificios en altura y una pista de skate se sumaron a una enorme cantidad de bares y pubs que llenaron de luces y voces la mayor parte de sus noches.

En una transición entre la imagen de los lujosos palacetes de familias acomodadas a la fotografía digital de un tránsito continuo de chicos y jóvenes que lo circundan a toda hora, el barrio Candioti Sur pisa cada vez con más ímpetu el borde del microcentro hasta fundirse con el mismo en escasas cuadras.

Hoy el barrio limita al sur con Bulevar Gálvez, al norte con avenida Alem, al este con Laprida y al oeste con Belgrano. En sus 96 manzanas viven alrededor de ocho mil habitantes. “Al estar bastante aislado del resto de la ciudad, el barrio tenía muchos comercios propios. Muchas almacenes, bares, herrerías, carpinterías. También había varios clubes, como Azopardo, Transfuerza que ya no está, Regatas, Sarmiento que tenía campo de juego y donde todos los años se hacía un gran baile para los carnavales”, relata el vecino e historiador Miguel Ángel Dalla Fontana, autor del libro Memorias del Barrio Candioti Sur.

—¿Por qué estaba aislado?

—Era un barrio cerrado en relación a la otra parte de la ciudad. La Estación de Ómnibus Manuel Belgrano era la Estación Francesa y formaba un paredón, una muralla, que dividía a la otra parte de la ciudad del barrio. La única comunicación entre Candioti y el oeste era Santiago del Estero, que era un paso a nivel. Por Alem estaba todo cercado porque ahí funcionaban los talleres ferroviarios. Era todo un bloque entero entre la Estación Francesa más los talleres ferroviarios.

BULEVAR DE LOS SUEÑOS

“Bulevar había sido inaugurado en 1887. Conectaba con la laguna Setúbal y con lo que iba a ser después el Puente Colgante, en la década del 20, y se fue transformando en un nuevo sector de la ciudad en el cual se ubicaban las clases más acomodadas. Por eso todavía hoy se ven muchos palacetes que están transformados en escuelas, en bares. Son casas especiales desde el punto de vista patrimonial y arquitectónico”, describió Dalla Fontana a Soy de.

—Además del ferroviario, ¿en qué otros rubros trabajaban los vecinos del barrio?

—La Cervecería también fue una importante fuente de trabajo desde 1912. Lo mismo la Usina Calchines, que antiguamente fue el primer enclave tranviario de la ciudad. En 1914 llegaron los primeros tranvías eléctricos, porque antes estaban los que eran a tracción a sangre y el enclave donde iban a parar todos era en Calchines. Por eso entre 1910 y 1914 se comienza a adoquinar el barrio y a trazar las

vías del tranvía. También había muchos comercios y puestos en el Mercado Progreso, sobre calle Balcarce. Todo el sector sur del barrio fue un espacio donde se instalaban las pequeñas empresas.

—¿Y la plaza Pueyrredón?¿Cómo era en los inicios del siglo XX?

—La plaza tuvo muchas transformaciones importantes. Era la Plaza del Lago. Cambió de nombre en 1910, porque la calle Marcial Candioti se llamaba Pueyrredón. En honor a él, que fue quien hizo el trazado del barrio y donó terrenos, el intendente Edmundo Rosas (1908–1912)decidió poner Candioti a la calle y designar Pueyrredón a la plaza.

La plaza tenía un  lago, porque esto era una cava. Se rellenó porque cuando había lluvias abundantes el lago se desbordaba y se inundaban las casas vecinas. Dicen los memoriosos que en ese laguito, los domingos había un señor que traía un pequeño bote y hacía un recorrido pequeño, entre 1900 y 1906.

Cerca de esos recuerdos, hace 98 años, nacía Fernando Antuña. En diálogo con Soy de, el hombre habla de sí mismo en tercera persona: “Dicen que el que no conoce a Antuña no conoce barrio Candioti”. Con un buen humor envidiable, afronta de pie las preguntas en una vereda de calle Balcarce al 1.700, junto a la fachada de la casa “más antigua del barrio”, según los vecinos.

“Yo fui peoncito del Mercado, a los 12 años. Todos trabajábamos a esa edad. El que no era peón, era lustrador, o vendía diarios. Había que ayudar a la familia, yo tenía seis hermanitos. Yo trabajaba en un puesto de carniceros. La gente encargaba lo que quería y yo iba con el carro y el caballo a llevar la carne. Con el tiempo, los caballos ya se sabían el recorrido de los clientes. Lo bueno es que también me daban para mi casa”, contó Antuña.

Y agregó: “Después tuve mi propio puesto. En esa época venía gente de todos lados a comprar.Había verdulería, carnicería, chanchería. Al lado había panadería, peluquería. Era bien surtido el Mercado”.

—¿En qué transporte se manejaba?

—El tranvía Nº 1 pasaba por Ituzaingó y también el Nº 6 por Bulevar, que después iba por Alvear. De colectivos, la primera Línea fue el 16, que iba por Bulevar.

—Bulevar era el paseo obligado de fin de semana, imagino.

—Claro, donde estaba el Cine Esperancino. Los muchachos nos poníamos todos en hilera en el cordón y las chicas pasaban caminando. De ahí salieron muchos casamientos. Donde ahora está la Cervecería antes hubo un bailable.

EL QUE SE MOJA…

Muchas décadas atrás, los Carnavales se celebraban en todos los barrios. “Acá en todas las cuadras salía la gente a jugar. Grandes y chicos sacaban los baldes de agua. Eso sí, hasta las 5 de la tarde nomás se podía mojar”, recordó Antuña.

Dalla Fontana agregó: “En la década del 20, este barrio tuvo una particularidad en los corsos. Acá los propios vecinos, entre 1920 y 1923, organizaron su propio corso sobre calle Gobernador Candioti. Ellos

hacían sus palcos de madera. Cada familia lucía sus vestimentas. En aquella época las costureras eran muchas”.

Lejos de los corsos, más cerca de estos tiempos que de aquellos, se produjo un cambio trascendental para el barrio: “La zona donde hoy se encuentra el Predio Ferial (donde había talleres ferroviarios) se urbanizó en 1981. Ahí se trazaron las calles, la prolongación de Las Heras, Alvear, Candioti, entre otras. Ahí se ubicaron profesionales, comerciantes, que formaron un apéndice del barrio antiguo. Recién 31 años después se pavimentó toda esa zona, en 2012.

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