Cristian Tarragona no es sólo el goleador de Unión: es su garantía competitiva. Más allá del tanto ante Sarmiento, sus ocho goles y dos asistencias en 26 partidos reflejan una regularidad decisiva, pero su influencia excede la estadística: es presión, movilidad y compromiso colectivo.
Cristian "Tarragol", el nueve que sostiene la ilusión y que Unión debe renovar ya
Con ocho tantos en 26 partidos, Cristian Tarragona se consolidó como el delantero más confiable de Unión y una pieza estructural en el ciclo de Madelón.
Por Ovación
Prensa Unión
El arte de forzar la jugada
En un contexto donde muchos centros delanteros dependen de la asistencia perfecta, Tarragona se distingue por su capacidad para fabricar sus propias situaciones. No aguarda el pase ideal ni la ventaja manifiesta: ataca el espacio ciego del marcador, anticipa y transforma envíos divididos en ocasiones manifiestas de gol. Dentro del andamiaje de Unión, su rol no se limita a la definición. Es el primer defensor cuando el equipo activa la presión alta y retrocede para ofrecer línea de pase, facilitando la progresión por bandas. Su movilidad por todo el frente ofensivo desordena a las defensas y genera superioridades que el colectivo sabe capitalizar.
Regularidad y lectura del área
Los números sostienen el análisis, pero no lo agotan. Tarragona exhibe una comprensión profunda de los tiempos del área: sabe cuándo perfilar el cuerpo para rematar de primera y cuándo temporizar para esperar la llegada de un compañero. Su oportunismo no es fruto del azar, sino de una lectura anticipada de trayectorias y rebotes. Esa constancia se traduce en confianza para el equipo. Unión sabe que, aun en partidos cerrados o de trámite adverso, cuenta con un delantero capaz de convertir una acción aislada en ventaja concreta. Esa cualidad, en torneos de márgenes estrechos, adquiere un valor estratégico.
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Identidad y proyecto
Su historia con la camiseta rojiblanca añade una dimensión simbólica. Hincha confeso del club, Tarragona siempre manifestó su deseo de vestir los colores rojiblancos y realizó gestiones para concretarlo. Llegó en junio de 2025 como jugador libre tras no renovar con Talleres de Córdoba, firmando contrato hasta diciembre de 2026 y convirtiéndose en el primer refuerzo del ciclo encabezado por Leonardo Madelón, quien resultó clave en la negociación.
No fue una incorporación circunstancial, sino una apuesta meditada para dotar al equipo de jerarquía y liderazgo ofensivo. Hoy, con el contrato ingresando en su tramo final, la dirigencia enfrenta una decisión que trasciende lo administrativo.
Unión está obligado a lograr la renovación de Tarragona
Renovar el vínculo de Tarragona no debería entenderse como un simple movimiento contractual, sino como una declaración de continuidad en el proyecto deportivo. Dejar partir a un delantero que combina eficacia, compromiso táctico e identificación institucional implicaría resignar una ventaja competitiva construida con paciencia. En un fútbol donde las certezas escasean, Unión encontró en su número nueve una garantía sostenida. Y cuando una estructura funciona, lo sensato no es desarmarla, sino consolidarla.














