Unión no sólo ganó: convenció desde el juego y la estructura. En una tarde de alto vuelo colectivo, Rafael Profini se erigió como el cerebro táctico y el corazón competitivo, aun sin convertir. Fue el dueño de los ritmos, de las coberturas y de cada ventaja que el equipo supo capitalizar.
Rafael Profini, el titiritero silencioso de la goleada tatengue
Unión goleó a Sarmiento con goles de Palacios, Cuello y Tarragona, pero la figura fue Rafael Profini, dueño del mediocampo y autor de las tres asistencias.
Por Ovación
UNO Santa Fe | José Busiemi
Una goleada que nace en el mediocampo
El 3-1 ante Sarmiento de Junín no puede leerse únicamente desde la contundencia en el área. Los goles de Julián Palacios, Brahian Cuello y Cristian Tarragona fueron la culminación de secuencias elaboradas, con circulación paciente, cambios de orientación y una presión tras pérdida que asfixió cualquier intento de reacción visitante. El equipo de Unión mostró una versión madura: líneas compactas, laterales profundos y un doble eje central que alternó equilibrio con agresividad. Allí, en ese engranaje invisible que suele pasar inadvertido para el espectador apurado, emergió la figura de Profini.
La figura más allá de las estadísticas
Rara vez ocurre que el mejor futbolista del partido no sea quien convierte. El fútbol contemporáneo, dominado por métricas de gol y asistencia, tiende a reducir el análisis a la planilla. Pero lo de Profini fue otra cosa. Sí, dio las tres asistencias. Y cada una tuvo su sello: pisó el área como volante sorpresa, dio el pase vertical que rompe líneas y acompañó de forma silenciosa a sus compañeros que peleaban una pelota contra la banda derecha que en otro contexto se hubiese dado por perdida. Fue el primero en morder en campo rival, el que anticipó para cortar circuitos internos, el que basculó con inteligencia para cerrar el carril central. Recuperó, perfiló el cuerpo y jugó hacia adelante. Cuando el equipo necesitó pausa, administró; cuando pidió vértigo, aceleró.
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Del “5 de los de antes” al pivote moderno
Formado como zaguero central, durante mucho tiempo se lo encasilló como un mediocentro de corte clásico: quite, orden y primer pase simple. “Hacha y tiza”, dirían los viejos manuales. Pero ante Sarmiento mostró una versión superadora: la del pivote moderno, capaz de defender hacia adelante y de iniciar juego con criterio y lectura espacial. Nacido el 9 de septiembre de 2003 en San José de la Esquina, con 1,84 metro de estatura y una zancada amplia que le permite abarcar terreno, Profini combina despliegue físico con comprensión táctica. A los 22 años, acumula 47 partidos en Primera División, con un gol y cuatro asistencias, números que empiezan a dialogar con una influencia real en el juego.
El contexto que lo consolidó
En el inicio del nuevo ciclo de Leonardo Madelón, Profini era una alternativa, un relevo confiable para cerrar partidos o sostener ventajas. La salida de Mauricio Martínez reconfiguró el mediocampo y abrió un espacio que el juvenil tomó sin titubeos. Hoy no parece un parche ni una solución coyuntural. Es un titular consolidado que entiende los tiempos del equipo, que asume riesgos y que contagia intensidad. Unión no sólo ganó tres puntos: ganó una certeza en la mitad de la cancha, capaz de acompañar a Mauro Pittón.
En un fútbol donde el foco suele quedarse en el último toque, la goleada ante Sarmiento dejó una enseñanza más profunda. A veces, el verdadero protagonista no es quien empuja la pelota a la red, sino quien diseña el plano completo de la obra. Y en esa arquitectura silenciosa, Rafael Profini firmó una actuación que explica por qué el mediocampo sigue siendo el corazón del juego.















