Colón

En Colón, muerto el perro no se terminó la rabia

En un año se fueron tres entrenadores, Eduardo Domínguez, Julio Comesaña y Pablo Lavallén. Claro está que el problema no es de nombres sino de un proyecto deportivo que no existe en la institución

Sábado 07 de Diciembre de 2019

Pensar que la salida de Pablo Lavallén es la solución resulta una verdadera falacia, en estos casos siempre el fusible que salta es del entrenador, pero si bien el técnico saliente tienes sus responsabilidades, dirigentes y jugadores son también culpables de este momento.

En noviembre del 2018 Eduardo Domínguez pegó el portazo luego del empate como local ante Estudiantes. Lo sucedió Esteban Fuertes como un interinato, pero existía la chance que si le iba bien podía continuar. Nada de eso ocurrió y el Bichi se despidió en medio de críticas para con el rendimiento de los jugadores.

Llegó Julio Comesaña y duró apenas cinco partidos, no hubo feeling con el plantel y el DT uruguayo también abandonó el barco. Arribó Pablo Lavallén y duró apenas nueves meses, es decir que en un año cuatro entrenadores dirigieron a este plantel. Tres de ellos elegidos por la dirigencia que encabeza José Vignatti.

Por lo cual habrá que poner en tela de juicio la responsabilidad de los directivos y de este plantel que se consumió a cuatro entrenadores. La dirigencia cometió una infinidad de errores, el primero de ellos y asumido por Vignatti ir a buscar a Comesaña.

Pero además de eso, la llegada de algunos refuerzos que no reforzaron en nada al plantel y otros jugadores a los cuales se los pagó muy caro caso Federico Lértora. Un volante central de 29 años por el cual Colón invirtió más de 1.300.000 dólares. O Lucas Acevedo por quien pagaron 650.000 dólares y ni siquiera integra el banco de relevos.

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Por Rodrigo Aliendro se hizo una inversión importante, también superior al 1.000.000 de dólares y hasta aquí demostró poco con la camiseta rojinegra. Ni hablar del arribo de Jorge Ortega, que si bien no pagaron un préstamo fue totalmente innecesario.

Entre los errores puntuales a la hora de conformar el plantel también se puede mencionar las incorporaciones de Andrés Cadavid, Gastón Díaz, Damián Schmidt y Mauro Da Luz entre otros que no aportaron nada.

El único refuerzo que llegó para dar el salto de calidad fue Luis Rodríguez, el único acierto de los dirigentes en este 2019 fue incorporar al Pulga. Pero está claro que fueron muchos más los errores y desatinos a la hora de salir al mercado de pases.

Vignatti fue a buscar a Francisco Ferraro como secretario técnico, pero el rol de Pancho terminó bastante desdibujado. Hablando poco y clarificando menos, se supo que fue él quien mantuvo a Lavallén cuando los dirigentes querían echarlo.

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Pero después, Ferraro terminó enredado en las idas y vueltas de los dirigentes que por lo bajo soltaban rumores y no ayudaban en nada para estabilizar la situación. Daba la sensación que los directivos iban por un lado y el secretario técnico por el otro.

Así se hizo complicada la convivencia entre la dirigencia y el cuerpo técnico encabezado por Lavallén y solo se sostuvo en la chance de poder ganar la Copa Sudamericana. Se trataba simplemente de una relación por conveniencia.

Pero la realidad es que Vignatti no estaba convencido de Lavallén y el DT no estaba cómodo con el presidente. Así las cosas, el vínculo finalizó como todos suponían, con el presidente despidiendo el entrenador.

Pero con esta decisión, de ninguna manera Vignatti puede soslayar sus culpas, por tratarse de la máxima autoridad. Está claro que en Colón más allá de haber llegado a una final no existe un proyecto deportivo. Se cambia de entrenadores y todos con distinto perfil. Se busca una cosa y al rato se pretende otra.

Se apunta a jugadores sin un conocimiento real a la hora de conocer sus antecedentes, da la sensación que a veces compran por catálogo. Y así es difícil consolidar una estructura confiable.

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Hoy Colón se encuentra peleando para mantener la categoría, pero la próxima temporada puede ser aún peor, ya que de mantenerse estas proyecciones arrancaría el año realmente muy comprometido.

Por ello Vignatti y compañía no pueden seguir fallando, el margen se acorta, la fiesta de la Sudamericana terminó y ahora hay que pagar los gastos. El sueño internacional se terminó y mutó en pesadilla de cabotaje que es desempolvar la calculadora todos los fines de semana.

Deberá existir un replanteo muy profundo por parte de todos los actores, en este caso dirigentes y jugadores. Lavallén se fue, ya es historia, pero de ninguna manera eso soluciona nada. En Colón, muerto el perro no se terminó la rabia.

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