Soledad Mizerniuk
“El olvido es el peor puñal para un veterano de Malvinas”
Diario UNO de Santa Fe
Hay historias que, aún paridas de la guerra, pueden hacer bailar sobre el teclado los dedos de un guionista de cine y renacer como mensajes de paz y de esperanza. Son esa clase de relatos que logran el efecto de detener el tiempo para quien los mira, lee o escucha y que se repiten luego de boca en boca hasta incorporarse al folklore.
Omar Tabarez es un ex combatiente de la Guerra de Malvinas, nacido en Concepción del Uruguay, Entre Ríos. Músico de profesión, convocado por el Ejército nacional en 1982, debió desempeñarse como corneta de orden en las islas, en tareas para el Regimiento Mecanizado 25, de Sarmiento, provincia de Chubut.
“Mi función era transmitir órdenes a través de toques reglamentarios de la trompeta. Cada toque tiene su significado. En la actualidad es ya algo simbólico”, describió, en diálogo con Diario UNO. Omar desembarcó en Malvinas el 2 de abril de 1982. “Parte de mi trabajo era colocar, izar y arriar cada día la Bandera nacional en el mástil de la Casa del Gobernador, en Puerto Argentino. La Bandera y la trompeta tenían que dormir conmigo”, agregó.
Lejos están las tareas mencionadas de los trágicos momentos que debió enfrentar este argentino cuando no acuñaba siquiera 20 años de edad. El relato de Omar comienza quizás por el final, aquel que hace escasos años llevó su nombre a los grandes medios de comunicación de nivel internacional.
“En los primeros días de junio, cuando nos empiezan a embarcar a los argentinos para mandarnos al continente, nos van requisando. Cuando llega mi momento, un solado escocés, Tony Banks, hoy un empresario multimillonario, ve que llevo debajo de mi brazo un estuche negro en el cual yo guardaba mi trompeta y me lo pide”, contó a Diario UNO. Y continuó: “Consulta a su superior si me lo devolvía, ya que no llevaba ningún proyectil, pero le contestan que los argentinos sólo podíamos volver con la ropa que llevábamos puesta”.
Ambos jóvenes soldados regresaron a sus respectivas tierras natales. “Él vuelve a Escocia y deja la trompeta en un museo. Allí quedó durante 15 años, hasta que falleció el dueño del museo. En ese momento, Banks reclama que se la devuelvan y cuando toma el estuche encuentra que, si bien estaba la trompeta, falta algo fundamental para él, que era la libreta musical donde figuraban mis datos y todos los toques reglamentarios”, explicó Omar, en el nudo ya de la historia.
“Le pide a su secretario que busque por cielo y tierra esa libreta. El remordimiento no lo dejaba vivir en paz. El 10 de enero de 2010, el veterano escocés decide ir a Malvinas. Fue a Puerto Darwin y recorrió las tumbas de los soldados argentinos. En las que no tienen identificación, las de sólo conocidos por Dios, se preguntaba por mí”, siguió Omar.
A su regreso a Escocia, el empresario contrató a un periodista independiente, Jeff Farrall, para que busque al veterano argentino. “Me buscó tres meses en la Argentina, hasta que me encontró”, confirmó el entrerriano.
“En abril de ese año yo fui por primera vez, desde la guerra, a Malvinas. Se hizo una vigilia en San Andrés de Giles y mirá qué casualidad que cuando deben hacer el toque del minuto de silencio, quien tenía la trompeta no pudo hacerla sonar, y yo le comenté a una periodista sobre qué bueno hubiera sido tener mi trompeta, mi compañera de guerra”, relató.
“En mayo recibo el llamado de Farrell, buscando al trompetista de Malvinas. El periodista justo se tenía que ir unos días después a Colombia, a cubrir las elecciones presidenciales, así que ya estaba casi resignado a no encontrarme”, expresó Omar, rozando ya el final feliz del relato.
—¿Cuándo llegó Tony Banks a la Argentina?
—Días después, el 14 de junio. Tony Banks apareció en mi casa –en Moreno, Buenos Aires– junto a Jeff Farrell, con una camarógrafa de la BBC de Londres y una traductora mexicana. Cuando me ve me dice: «Esto es tuyo, hermano». Y mete la mano en su bolsillo y me entrega también mi libreta musical. Yo no entendía nada. Quedé impactado.
—¿Cómo fue ese momento?
—Me abrazó y me dijo que lamentaba mucho lo sucedido, que a partir del momento en que me encontró iba a poder morir en paz y que ya no tenía un enemigo,sino un amigo más. Me contó que ellos quedaron con una admiración muy grande hacia los veteranos de guerra argentinos, por su entrega a la Patria, por la abnegación, la contención familiar. Ellos, al igual que nosotros, también sufrieron y sufren las consecuencias. Ese día brindamos por la paz.
Miedo
“El 1 de mayo, cuando los británicos comenzaron a bombardear Puerto Argentino, lo primero que hicieron fue apuntar a la zona del aeropuerto, para desactivar la pista de aterrizaje. Ese día, yo estaba en un galpón pegado a la pista. Calcularon mal el bombardeo y pegaron al lado de la pista”, recordó Omar.
—¿Cerca suyo?
—Muy cerca. Yo me salvé, pero en ese bombardeo murieron compañeros. Salimos de ese galpón con cuatro soldados más, nos metimos debajo de las retroexcavadoras, temblando enteros porque teníamos miedo. Escuchábamos las bombas, estaba todo lleno de humo. Era un infierno. Salimos a buscar pozos de zorros, que estaban en la tierra para refugiarse.
La narración del veterano de guerra se interrumpe en una nueva anécdota: “Cundo empiezo a correr, a mitad de camino me doy cuenta de que me olvidé la bandera de guerra en el galpón. Me tuve que volver, rogando que no cayera ninguna bomba, recuperé la bandera de nuestro regimiento. Hay que estar para poder entender lo que uno siente en ese momento, expuesto a que caiga una bomba. Es un estado emocional muy fuerte. Los toques de trompeta se mezclaban con el rugir de las bombas”.
Minuto de silencio
Hay momentos indelebles de esos dos meses y medio en las islas, que aflojarían las piernas a más de uno: “Yo tuve que tocarle el minuto de silencio a compañeros nuestros que cayeron a raíz de un misil que fue interceptado por la sonda del radar argentino y que incluso fue motivo de una polémica, porque supuestamente fue Estados Unidos el país que dio el misil a Inglaterra”.
Los detalles abundan en la narración de Omar. Como si no hubieran pasado ya más de tres décadas, él recuerda minuto a minuto los pasajes más tristes de su presencia en Malvinas. “Ese día era el 3 de junio, ya habían llegado los ingleses, teníamos que ir hasta Puerto Argentino, donde había un cementerio. Yo tuve que acortar camino, entre las casas de los ingleses, para llegar al cementerio. En un momento, de golpe me ocurre algo tragicómico, se me aparece un toro u animal parecido que me enfrenta. En la desesperación empiezo a saltar los cercos hasta el cementerio. Cuando llego, me encuentro con cuatro fosas recién abiertas y junto a cada una los restos de mis compañeros dentro de bolsas blancas con cierre”, sintetizó el ciudadano argentino.
Y concluyó: “Tener que hacer un minuto de silencio en esa situación era terrible. No sé de dónde saqué aire y fuerzas para hacer el toque de trompeta, quizás fue Dios”.
















