La educación emocional describe al optimismo como una disposición interna para valorar la realidad de la manera más positiva posible, una propensión a ver o esperar lo mejor, algo que se puede lograr con hábitos sencillos.
Hábitos para entrenar el optimismo inteligente
También se puede definir como una actitud mental que facilita abordar los acontecimientos de la vida desde una óptica más positiva, más esperanzadora y más productiva. Se trata de entender todas las posibilidades, teniendo fe y confianza en que la más beneficiosa va a suceder. Lo contrario de vivir en la queja.
El optimismo Inteligente es una fortaleza humana que demuestra la capacidad de afrontamiento de las personas para ver la realidad con una actitud proactiva para mejorar dicha situación.
En el lenguaje cotidiano, si se es persona de ver el vaso medio lleno o el vaso medio vacío.
La mirada optimista versus la mirada pesimista
La percepción es selectiva y dependiendo de los niveles de optimismo y pesimismo que se tenga en el cerebro, se focaliza más en lo bueno o en lo malo de una situación. Pesimistas y optimistas se fijan en aspectos diferentes de la realidad. La actitud optimista está centrada en la gratitud y la actitud pesimista está más centrada en la queja.
Epicteto decía: “No son las cosas que nos suceden las que nos hacen sufrir o nos crean problemas, sino lo que nos decimos o pensamos de ellas".
El optimismo protege al cerebro
Cada vez hay más estudios científicos que demuestran que las personas optimistas tienden a vivir más años y a tener mejor salud física, mental y emocional que los pesimistas. Asimismo, las personas catalogadas como optimistas tienen mayores recursos neuronales en la corteza orbitofrontal, lo cual es un elemento protector frente a la ansiedad de estos tiempos.
¿El optimismo se hereda?
Algo que resulta muy curioso es que el optimismo, al igual que el pesimismo, se aprende, se “contagia”, se puede consolidar y ejercitar y sufre cambios a lo largo de la vida.
En un estudio realizado en el Kings College de Londres, se llegó a la conclusión que el optimismo es solo genético en un 25%, por lo que el 75% restante depende de la actitud diaria, el empeño por cambiar, el diálogo interno y del entorno, entre otras cosas. Se ha evidenciado que uno de los factores más importantes para fortalecer el optimismo es la práctica de la autoamabilidad.
Los neurotransmisores del optimismo
Los neurotransmisores del pesimismo de alguna manera estimulan hormonas que activan el sistema de amenaza, como la adrenalina y el cortisol, poniendo en estado de alerta constante y preparando al cuerpo para una posible lucha o huida. Tanto los peligros reales como los imaginarios, influyen de la misma manera. El pesimismo, entonces, favorece la muerte de neuronas cerebrales y puede dañar la salud.
Si se describen los neurotransmisores influenciados por el optimismo, se enumera a la dopamina que regula entre otras funciones a la motivación, a la oxitocina, la hormona del vínculo social y del bienestar, la serotonina encargada en gran medida del estado de ánimo, las endorfinas actúan como sedantes naturales, la acetilcolina que regula las capacidades de aprendizaje y de concentración, entre otros.
Respecto al bienestar, generalmente los optimistas se cuidan más, porque confían más en sus propios recursos y en el futuro. Y si se focaliza siempre en el lado negativo de las cosas, se acabará más pesimista y en consecuencia se perjudicará la salud.
Un catedrático de la Universidad de Harvard enumera algunos de los beneficios para la salud del pensamiento positivo que incluye, un sistema inmune más resiliente, mayor expectativa de vida, menor incidencia de depresión, mayor resistencia a infecciones, menor riesgo de mortalidad por enfermedades del corazón, mejor control de la hipertensión y la diabetes, entre otras.
¿Cuánto influyen los entornos?
Una de las formas de fomentar el optimismo es rodearse de gente que tiene pensamientos positivos y que es agradecida, como círculos de empatía optimistas. Los climas emocionales se contagian rápidamente y más allá de que el optimismo tiene un componente genético, está en gran medida influenciado por el entorno más cercano.
Cerebro optimista
El cerebro optimista, como cualquier otro músculo, puede entrenarse, recablearse y moldearse. Porque el optimismo se puede aprender, cultivar y entrenar a través de hábitos saludables. Cada día hay infinidad de oportunidades para entrenar la resiliencia.
Hábitos para entrenar el optimismo inteligente
- 1
Recordar lo que controlamos. ¿Qué cosas puedo realmente puedo controlar? Hay cuestiones del contexto que muchas veces nos exceden.
- 2
Enfocar en soluciones. ¿Qué oportunidades escondidas hay en los desafíos o adversidades que se presentan?
- 3
Practicar la amabilidad con uno mismo. El diálogo interno nocivo y la autocrítica severa activa el sistema de amenaza del cerebro y nos hace estar alertas.
- 4
Optimizar lo positivo. Agradecer todo lo bueno y valioso que tenemos.
- 5
Diseñar una visión más esperanzadora. Dotarnos de sentido aún en las dificultades de nuestro presente y nuestro futuro cercano.
- 6
Cultivar nuestra mirada posibilista: donde pongamos el foco de nuestra atención, ahí estarán nuestros resultados. Por eso se dice que lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando.
- 7
Aprender nuevas vías para conseguir resultados. Buscar soluciones diferentes, ser proactivos para encontrar nuevas alternativas.
- 8
Utilizar el sentido del humor. Aunque sea desafiante nos permite descontracturar situaciones y nos ayuda a ver las cosas desde distintas perspectivas.
- 9
Establecer metas realistas y confiar en los procesos. Recordar que es ideal fijarse metas con pasos pequeños y fáciles de alcanzar de esa manera es más sencillo verificar los progresos y celebrar los logros.
- 10
Buscar redes de apoyo constructivas y distanciarnos de aquellas opiniones negativas que puedan hacernos daño.
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