El consumo de carne vacuna en Argentina atraviesa uno de sus momentos más críticos de las últimas décadas. Según datos actualizados a fines de febrero, el consumo per cápita anual cayó a apenas 47 kilos por habitante, el nivel más bajo en al menos 20 años.
Menos asado y más pulpas: cambian los hábitos de consumo de carne en la mesa de los santafesinos
La caída del poder adquisitivo modificó las elecciones en carnicerías, con mayor demanda de cortes más económicos
Imagen ilustrativa
Así lo confirmó Antonio D'Angelo, vicepresidente de la Federación de Industrias Frigoríficas que nuclea a Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos, en una entrevista con LT10. El referente del sector aseguró que la principal causa es el fuerte impacto del precio de la carne en el bolsillo de los consumidores.
El precio de la carne, el factor determinante
D’Angelo fue contundente: la caída del consumo responde “pura y exclusivamente al precio”. Durante el último año, la carne vacuna registró aumentos cercanos al 80% anual, superando tanto la inflación como la evolución de los salarios.
Además, en los primeros meses del año se registraron subas adicionales, lo que profundizó la retracción del consumo. “La gente no convalidó estos valores”, explicó, marcando un límite en la capacidad de compra de los hogares.
Este escenario no solo redujo el consumo de carne vacuna, sino que también impactó en el total de proteínas animales ingeridas, que históricamente rondaban los 90 kilos anuales por persona y hoy muestran una tendencia a la baja.
Cambio de hábitos: menos carne vacuna y más alternativas
En los últimos años, el consumo fue mutando progresivamente hacia otras opciones como el pollo y el cerdo. Sin embargo, en el contexto actual, la caída no fue completamente compensada por estas alternativas, lo que refleja una disminución general del consumo de carne.
Aun así, Argentina se mantiene entre los países con mayor ingesta de proteínas animales, con niveles cercanos a los 110-115 kilos per cápita, ubicándose detrás de Estados Unidos.
El asado, cada vez menos frecuente
El tradicional asado argentino comienza a perder protagonismo en la mesa familiar. “No va a ser para todos los domingos”, advirtió D’Angelo, quien consideró que los precios difícilmente bajen en el corto plazo.
Según explicó, el mercado podría estabilizarse durante el semestre, con valores que acompañen la inflación, pero sin descensos significativos.
En este contexto, los consumidores priorizan cortes más económicos. Entre los más elegidos aparecen las pulpas (cortes de la rueda) y la carne picada, que se posiciona como la opción más accesible según el tenor graso.
Menor oferta y ciclos productivos largos
Otro factor clave es la dinámica productiva del sector. En los últimos años se produjo una liquidación de vientres, impulsada por la exportación de vacas a mercados como China.
Actualmente, el proceso se revirtió y los productores comenzaron a retener vientres para recomponer el stock ganadero. Sin embargo, se trata de un ciclo biológico que requiere tiempo: los efectos en la oferta recién se verán en dos o tres años.
La situación también impacta en las exportaciones. Según D’Angelo, algunos frigoríficos enfrentan dificultades para mantener rentabilidad en el mercado externo.
En cuanto a Estados Unidos, se mantiene el cupo tradicional de 20.000 toneladas, aunque se sumarán unas 80.000 toneladas adicionales destinadas principalmente a carne para industria, como hamburguesas y procesados, y no a cortes premium.
El dirigente remarcó que, en el actual contexto de libre mercado, no existen políticas activas para regular precios o garantizar cortes accesibles para el consumo interno.
Si bien consideró que podría haber margen para implementar algún tipo de programa, admitió que “no se vislumbra ninguna medida en el corto plazo”.
Impacto social y nutricional
Más allá de lo económico, la caída del consumo genera preocupación por sus efectos en la alimentación. “El problema es que los chicos están creciendo con menos carne”, alertó D’Angelo, en referencia al cambio en la dieta de las nuevas generaciones.
En un escenario donde el mundo vuelve a poner en valor el consumo de proteínas frente a los alimentos ultraprocesados, la Argentina enfrenta el desafío de sostener uno de sus pilares culturales y alimentarios: la carne vacuna.
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