Policiales

El ladrón de los guantes de latex, acorralado por la Justicia

Juan El Tuerto Priotti tiene una condena a 41 años de prisión, dictada por el juez Nisnecivh que unificó las penas que tenía por un homicidio y un robo calificado. El miércoles, el fallo fue apelado.

Sábado 02 de Agosto de 2014

El primer piso de los tribunales santafesinos recibió la semana pasada a uno de los delicuentes más famosos y temidos del Gran Rosario. Se trata de Marcelo El Tuerto Priotti, un hombre que con sus 39 años ya cuenta con una condena a 41 años de prisión, dictada el año pasado por el juez Norberto Nisnevich. Para la sumatoria final, el juez unificó una sentencia que le dictaron a Priotti en 2007, que lo condenaba a 30 años de prisión por un homicidio, con la sentencia a 11 años de prisión que el propio Nisnevich le dictó por un robo calificado ocurrido en 2012.

Justamente, es ese paquete de 41 años de prisión lo que Priotti, por medio de sus abogados Claudio y Nicolás Torres del Sel, cuestionó el miércoles de la semana pasada, cuando se realizó una audiencia de apelación de sentencia. Se estima que la resolución de la Cámara se conocerá dentro de los próximos 10 días hábiles. Mientras tanto, vale recordar el derrotero delictivo que ubicó a Priotti en el banquillo de acusados del Palacio de Justicia local.

El último golpe

El miércoles 4 de enero de 2012, tras un espectacular accidente sobre la ruta nacional 11, a la altura de la localidad de Oliveros, la policía santafesina logró detener a dos pesos pesados del hampa rosarino que fugaban tras robar una casa campestre en San Fabián, un pequeño pueblo del departamento San Jerónimo.

Allí, a las 21.50, cuatro hombres armados ingresaron a una vivienda de la zona rural y se llevaron dinero, algunas alhajas y un Chevrolet Aveo. Con ese auto huyeron por la ruta en dirección a Rosario y, cerca de las 23, tras una cinematográfica persecución policial que incluyó varios intercambios de disparos, los maleantes chocaron a 200 kilómetros por hora contra un camión con acoplado cargado con soja.

Cuando los policías de Oliveros que los perseguían llegaron a la escena del choque, en el kilómetro 345 de la ruta, y se toparon con el Aveo clavado contra el acoplado del camión, el ladrón que estaba al mando del volante los recibió a los balazos y así cubrió la fuga de dos de sus cómplices. En el asiento del acompañante, totalmente deformado por el impacto, otro de los malhechores yacía malherido y aprisionado. Lo identificaron como Félix Ariel Seco, de 47 años, domiciliado en el barrio República de la Sexta de Rosario y catalogado como un antiguo integrante de la banda de Mario Italo Burro Barbieri, un ex policía muerto en agosto de 1999 que estuvo implicado en el secuestro del empresario José Ricardo Díaz Franco.

En tanto, el chofer del Aveo robado fue desarmado en el lugar y dijo llamarse Víctor Hugo González, de 42 años. Fue conducido a la comisaría 12ª de Oliveros, donde un veterano pesquisa de la Unidad Regional II que investigaba a la banda por al menos cinco golpes dados en el departamento Rosario miró al sospechoso y le preguntó: “¿Vos te llamás Víctor Hugo González o Juan Marcelo Priotti?”, a lo que el hombre conocido en la calle como El tuerto le respondió: “Jefe, llámeme como quiera”.

A la banda se la investigaba por más de una docena de robos en zonas rurales de los departamentos Rosario y San Lorenzo, casos en los que atacaron viviendas ubicadas en el ingreso o la salida de los pueblos. Utilizando guantes de látex maniataban a sus víctimas con precintos plásticos y, tras revisar la casa, se llevaban objetos de valor y también el vehículo de las víctimas. Uno de los detalles de la gavilla es que cuando las víctimas no querían decir dónde tenían la plata, amenazaban con picanearlos hasta conseguir el objetivo.

Los fundamentos de la apelación

“A mi cliente lo detienen en la ruta, tras un enfrentamiento armado con la policía, donde según la policía hubo disparos de arma de fuego. Nosotros cuestionamos esa versión. Además, consideramos que no quedó acreditada la participación de Priotti en el robo y que el arma que secuestró la policía no la tenía mi defendido, sino un compañero y la acusación por resistencia a la autoridad sólo se funda en el informe policial”, enumeró el defensor de Priotti, Claudio Torres del Sel.

Pero además, el letrado hizo especial hincapié en la cantidad de años de prisión que suma Priotti con la última sentencia: “Es imposible pensar en la reinserción social de una persona si lo van a condenar a pasar tras las rejas más tiempo que la propia edad que tiene. En estas condiciones, si lo condenaban a prisión perpetua era más beneficioso”. Además, contó que dentro del Priotti participa de microemprendimientos y aseguró que “ha demostrado intenciones de reincertarse y de buscar una alternativa para la vida que llevaba”.

El prontuario

En 2007, El Tuerto Priotti fue condenado a 30 años de prisión por el crimen de José Enrique Mancini, el dueño de una estación de servicios de la localidad de Arminda que fue asesinado el 5 de enero de 2002. La familia de Mancini, compuesta por su esposa y dos hijos adolescentes, no escuchó los tres tiros que los asesinos le dispararon en el rostro al hombre, pero poco después lo asaltantes irrumpieron en la casa.

“Además de dinero, que no le dimos porque no teníamos, ellos exigían que no los mirásemos a la cara; nos obligaron a tirarnos al suelo y nos advirtieron que al primero que intentara algo lo bajaban”, narró en ese momento uno de los testigos. A pesar de haber actuado con capucha, el Tuerto no tuvo en cuenta que un defecto físico permitiría que los testigos de los hechos lo identificaran.

Un mes después de ese asalto fatal, la banda volvió a cargar contra la familia Mancini, todavía sensibilizados por la muerte de José. Aunque esta vez alguien alcanzó a comunicarse con la policía. Entonces, dos uniformados se tirotearon con los asaltantes cuando escapaban corriendo por el campo y en un sembradío de soja uno de ellos recibió un tiro en una pierna. Aún así lograron escapar.

Otros tres robos a mano armada incrementaron los años que Priotti debía pasar tras las rejas. Ocurrieron el 26 de abril de 2002, cuando junto a un cómplice retuvieron a un remisero en Ovidio Lagos y Circunvalación, lo encerraron en el baúl de su auto y lo llevaron a un raíd delictivo; en Piñero cuando dieron un golpe en la empresa Transporte Uno y media hora después vaciaron la Cooperativa Agropecuaria Federada de Alvarez. La policía encontró abandonado el auto con el chofer encerrado en su interior.

Cuando lo atraparon, Priotti tenía pendiente una condena a 9 años de prisión por robo calificado, pero el 26 de agosto de 2001 aprovechó un permiso de salida transitoria de la cárcel de Coronda y no volvió más, hasta que lo recapturaron. La cantidad de hechos que le imputaron, sumados a sus antecedentes, hicieron que recibiera, en primer término, una dura sanción: 28 años de cárcel.

La Cámara Penal luego redujo esa condena a 25 años. Pero mientras revisaban el fallo los camaristas tomaron conocimiento de una vieja cuenta pendiente de Priotti con la Justicia cordobesa: una pena a 14 años y 3 meses que en 1999 le había impuesto la Cámara en lo Criminal de Villa María por 15 asaltos. Como no estaba cumplida, el juez Casas añadió esa condena a la anterior y le impuso la pena única de 30 años de cárcel. La historia del hermano del Tuerto, Carlos María Cabezón Priotti no fue muy diferente. Su vida terminó el 13 de octubre de 2009 cuando una brigada de la sección Homicidios se tiroteó con tres maleantes que viajaban en un Fiat Siena rojo en la zona sur de Rosario. Cercado por la policía de disparó un tiro en la cabeza. Entonces estaba en libertad condicional tras purgar parte de una condena a 6 años por robos en las provincias de Santa Fe y Córdoba. Le faltaban apenas días para cumplir con la pena, pero volvió al delito y no estaba dispuesto a volver al encierro.

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