Santa Fe

El pedido de licencia de Sarnaglia llegó cuando el jefe de la Policía ya no tenía aire

El jefe de la Policía de Santa Fe está citado como testigo y no como imputado el viernes en la Fiscalía que investiga la causa de juego ilegal.

Miércoles 26 de Agosto de 2020

La licencia que pidió el jefe de policía de Santa Fe, Víctor Sarnaglia, da cuenta de la pérdida final del residuo de gravitación que conservaba, más relacionado con la jerarquía de su cargo que con el poder real que era capaz de ejercer en una fuerza policial donde las influencias cambiaron desde que la conducción quedó fragmentada en tres posiciones de liderazgo: la del jefe operativo (Sarnaglia), la del del de investigaciones (Maximiliano Bertolotti) y la de Control de la fuerza (Mariana Olivieri).

Sarnaglia fue convocado por Perotti que tras ganar las elecciones acudió personalmente a su casa de barrio El Pozo en Santa Fe a pedirle que se hiciera cargo de la policía de Santa Fe, una fuerza golpeada por episodios sistemáticos de complicidad o asociación con la criminalidad, y que incluso tiene a dos jefes máximos recientes, como Julio Odriozola y Roberto Grau, con pedido de nueve años de pena como jefes de un grupo dedicado a estafar al Estado provincial.

En ese contexto Sarnaglia asumió con un discurso que lo caracterizó en su extensa carrera que pone el acento en el trabajo profesional y en la lucha contra la corrupción en las filas uniformadas. Pero en esos dos ejes terminó afrontando costos.

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asunción. El ministro Marcelo Saín le tomó juramento a Víctor Sarnaglia ante la presencia de Omar Perotti.
asunción. El ministro Marcelo Saín le tomó juramento a Víctor Sarnaglia ante la presencia de Omar Perotti.

En marzo pasado una serie de desencuentros con el ministro de Seguridad, Marcelo Saín, terminaron haciendo eclosión. El ministro le reprochaba no haber digerido bien la pérdida de poder que significaba para un jefe, que antes concentraba todas las funciones, el haber perdido dos competencias claves, en especial la que le quitaba las investigaciones complejas, que tuvieron especial destaque con las acciones contra Pillín Bracamonte o contra la banda de Esteban Alvarado.

El punto de no retorno con Saín fue cuando en abril el ministro decidió que Sarnaglia no participara de una reunión en la que varios funcionarios trataban el problema de que el 30 por ciento de la flota de patrulleros de la policía provincial estuviera paralizada por problemas mecánicos, cosa que el jefe policial reclamó al gobernador. El desacople fue porque Saín cree que un funcionario policial debe dedicarse a cuestiones operativas de su función específica y no a dialogar con el gobernador eludiendo la instancia correspondiente, que es la Secretaría de Seguridad. El hecho de que Sarnaglia comentara esto por la prensa le pareció una deliberación intolerable. La relación nunca se recompuso.

Sobre ese desvarío de fondo apareció el detonante de esta situación que es la mención presunta de Sarnaglia en la pesquisa de la Unidad de Delitos Complejos de la Fiscalía de Rosario sobre una red de casinos clandestinos que le costó estar en prisión al ex fiscal regional Patricio Serjal y al fiscal Gustavo Ponce Asahad. En un apunte secuestrado a la secretaria de Leonardo Peiti, capitalista de juego ilegal, aparece la alusión a “Sarna”, quien recibiría un pago de “10 K” por mes por el funcionamiento de esos casinos.

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El valor como evidencia de ese registro es, considerado como elemento autónomo, nulo para una imputación. Pero en una causa que descubrió la existencia de una red de amparo a un delito en el más alto nivel de Estado, al punto que el Fiscal Regional está tras las rejas por esto, tiene un efecto de demolición sobre quien está en funciones en un cargo de conducción de la policía federal. La aparición de este tema en la portada de La Nación del domingo, en este contexto, supuso un peso extra para el gobierno de Omar Perotti, quien entró justamente a su cargo hablando del final de la tolerancia entre Estado y delito.

Este es el contexto en el que Sarnaglia produjo su pedido de licencia del que casi con certeza no retornará. El viernes los fiscales Matías Edery, Luis Schiappa Pietra y Gisela Paolicelli lo esperan a las 14 para tomarle declaración, pero como testigo, en la causa del juego clandestino, un trámite que ha sido de impacto nacional.

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Si hubiera sido por Saín el ahora licenciado jefe ya estaría fuera de la policía. La vía de la licencia es la que acepta el gobernador por la relación personal que construyó hace años con el jefe ahora en suspenso, cuando ambos cumplían funciones en el gobierno de Jorge Obeid, pero para quien ya su sostén es un costo alto. Así Sarnaglia logre defenderse con éxito de estas molestas acechanzas, en una fuerza que no soporta más deterioros en especial en la más alta jerarquía, este momento ofrece toda la apariencia de un final.

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