Santa Fe

Con la naturaleza como compañía, la puerta norte de la capital: Cabaña Leiva y Bernardino Rivadavia

Antes de ser Cabaña Leiva fueron Piquete Norte. Se poblaron primero de trabajadores del frigorífico municipal y de hornos de ladrillos, y de quinteros. Con la electricidad llegó, en los 60, la mayoría de las familias. FOTOS

Domingo 31 de Agosto de 2014

“En los comienzos esto se llamaba Distrito Piquete Norte. De sur a norte estaban Piquete, Piquete y Las Flores, después venía La Floresta y luego Piquete Norte. Aproximadamente en 1961 toma la denominación de Cabaña Leiva”, comenzó a relatar a Soy de Miguel Ángel Belletti, vicepresidente de la vecinal de ese barrio.

Su jurisdicción limita al norte con calle Juan Quiroga (vereda sur) –que a su vez es el límite entre la ciudad de Santa Fe y la de Recreo–; al sur, Presbítero Silva (vereda norte); al este, las vías del Ferrocarril Belgrano (límite oeste); y, al oeste, la avenida Blas Parera (vereda este).

Sus primeros habitantes se establecieron allí a fines de la década del 30, cuando predominaban las quintas de verduras y citrus y funcionaba un establecimiento dedicado a la cría de nutrias. La zona creció a la par del campo de deportes del Club La Salle, cuyas hectáreas arboladas son un emblema de la zona.

Miguel Ángel vive en el barrio hace más de cinco décadas, por lo cual conoce, y mucho, la historia de esas manzanas de la capital provincial. También puede contar, por ejemplo, a qué se atribuye la denominación actual de esa jurisdicción vecinal: “El nombre se debe a una cabaña que se ubicaba al oeste de lo que hoy es Monseñor Antonio Rodríguez. El lugar era una estancia que se llamaba La Cabaña y que en algún momento perteneció al gobernador Luciano Leiva”, explicó.

—¿Cómo era la zona en los primeros años de su infancia?

—Era todo descampado. Había pocos negocios, sobre la ruta 11, hoy Blas Parera. Era todo zona rural. Todas eran quintas y había hornos de ladrillo. La actual Blas Parera era una avenida de árboles frondosos, de tipas que llegaban hasta Estado de Israel más o menos. Mi casa de la infancia tenía enfrente otra y una más a una cuadra. Después eran todos terrenos. Había una casita cada 200 a 300 metros. No había luz eléctrica, porque llegó en 1965 más o menos, entonces teníamos lámparas a kerosene.

Ramos generales

En cuanto a las provisiones y alimentos básicos para las familias, el vicepresidente de la vecinal señaló: “El único comercio que había cerca era uno en Blas Parera al 10.500. Era un almacén de ramos generales que pertenecía a la familia Decoud. Más al norte había un local que se llamaba Rancho Grande, hacia la zona de Recreo, donde se compraba la carne y otros productos. Muchos se acuerdan de ese lugar”.

Al haber tan pocos habitantes en sus primeras décadas, fácil es para los “fundadores” recordar los apellidos de quienes comenzaron a poblar la zona. “Las familias más conocidas eran los Leiva, Pinto, Antora (que vivían sobre la ruta), Lobos, Sangoi. Mucha de esta gente se dedicaba al trabajo en el frigorífico municipal, porque era lo más grande que había cerca de esta zona. Había otras familias, como los Casal y los Chelini, que fueron fundadores, en 1953, de la vecinal de esta zona, cuando aún no se llamaba Cabaña Leiva”, aportó como dato Migue Ángel.

En relación al entretenimiento o las pocas diversiones que podían tener los jóvenes hace medio siglo, el vecino sumó: “La vecinal organizaba distintos eventos, pero había bailes también en la zona de Piquete. Estaba el cine en la iglesia de El Tránsito, donde está el hogar Don Guanella, y más al sur estaba el cine Las Flores”.

Sin embargo, tampoco se trataba de distracciones accesibles o frecuentes para todos. “Cuando éramos chicos nos sentábamos en la calle –relató Miguel–, porque no teníamos nada cerca, para contar cuentos. Siempre competíamos a ver quién contaba la historia que daba más miedo”.

—¿Cómo se movilizaban en general?

—En general no había movilidad. Estaba el colectivo de Recreo y estaba la Línea 51, que después desapareció. Esa línea iba hasta el centro, pero ya estamos hablando de la década del 60. El de Recreo llegaba hasta la esquina de Rosso. El tranvía llegaba hasta donde funciona el Instituto Coni, Blas Parera y Berutti.

En relación a la época de mayor crecimiento demográfico de la zona, el vicepresidente vecinal describió que “se pobló después del 60, cuando llegó la electricidad” y agregó: “Hoy ya casi no quedan terrenos para construir. Hay algunos que han comprado incluso para los planes Procrear. Igual hay algunos terrenos vacíos que son todavía de familias desconocidas, grandes latifundios de la década del 50 o antes incluso”.

Reclamos

“Hay distintas necesidades en el barrio, pero hoy, si bien tenemos centro de salud, para nosotros sería muy importante tener una farmacia en la zona. No hay ninguna”, dijo Miguel a Soy de. Ante la consulta periodística, el vecinalista hizo una breve descripción de aquellos reclamos que realizan en forma asidua muchos de los habitantes de la zona: “Nos falta seguridad, a pesar de tener una comisaría. En cuanto a los servicios, tenemos recolección de residuos, transporte urbano de pasajeros con la Línea 3 y agua potable; pero cloacas no hay y gas tampoco. Eso nos haría falta, sobre todo el gas. Hicimos mil gestiones para conseguirlo y nunca se pudo hasta ahora”.

Por último, con la esperanza de que alguno de sus pedidos llegue a buen puerto, Miguel concluyó: “Tenemos asfalto de penetración, deteriorado, en las calles principales (La Salle, Edmundo J. Rosas y Pedro de Espinosa). El resto son calles de tierra con a lo sumo un poco de piedras. Y nos faltarían desagües. La vecinal peleó toda la vida por eso”.

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