Santa Fe

El aula sin Vanesa Castillo: la marca de una maestra comprometida en Alto Verde

En sus tres años de trayectoria en la Escuela primaria N° 533 “Victoriano Montes”, Vanesa supo cosechar en amigos y compañeros una lucha por memoria, justicia y una educación sin violencias  

Jueves 14 de Febrero de 2019

Con los ojos achinados hacia el cielo por la risa, Vanesa aplaude toda vestida de vampira y empieza a bailar. Señala a sus compañeros que mueven los brazos en paralelo de izquierda a derecha con las manos en garras al ritmo de “Everybody” de los Backstreet Boys, solo para celebrar que a la canción la pusieron por ella. Le gustaba mucho la banda noventosa. Los alumnos se ríen de todos los adultos porque maestros disfrazados con ritmo no es algo que ven todos los días y se suman a la pista.

“Hacíamos cualquiera”, dice Héctor Di Tomasso a UNO Santa Fe entre carcajadas junto a otras docentes cuando recuerda las coreografías que intentaban en las fiestas de fin de año. Para prepararlas, ensayan desde las maestras hasta los directivos, las porteras, las cocineras y todo el personal que trabaje en la Escuela primaria N° 533 “Victoriano Montes”. La que se proponía dejar todo listo era Vanesa: conectaba la música, armaba máscaras, traía disfraces y hacía la decoración para su curso. “Se re divertía. Los chicos, los padres y nosotros lo disfrutábamos muchísimo. La velada es un acto de despedida, de cierre, donde bailamos con nuestros alumnos. A Vanesa le tocó el curso de séptimo, ese fue su último acto”, describe por su parte Silvana Coria al hablar del 2017.

Sentados en un aula con las paredes color aguamarina, junto al ruido de las cigarras y los pizarrones que parecen recién pintados, se encuentran los compañeros de la docente, asesinada a puñaladas por Ramón Cano hace un año en la puerta de esa misma institución educactiva. El caso fue caratulado como femicidio no íntimo por la justicia, y la familia de Vanesa apunta a la hipótesis que se trata de un crimen por encargo, luego que Castillo haya activado el protocolo institucional para denunciar que una de sus alumnos sufría abusos.

Por su parte, Nora Zabala, la portera de la escuela describe: “Tengo el recuerdo de una chica bien solidaria, que ayudaba. Una joven emprendedora, laburadora, que quería salir siempre adelante. Comentaba que estaba juntando dinero porque su hija iba a viajar. Así que además de dar clases hacía pan, facturas. También vendía bijouterie. Los chicos, los padres, nosotros, todos la queríamos. Se ve en las paredes de la escuela”. En el día del maestro las directivas de la escuela – Claudia Velázquez y Patricia Falcón – organizaron un acto en el cual colgaron una placa dorada para recordar a “Seño Vane”, que lleva una frase de Eduardo Galeano que acordaron con el plantel docente. Además está colocada otra de Amsafé con el lema Ni una menos. Al mismo tiempo, varios carteles artesanales hechos por maestras o alumnos se pueden ver pegados en las aulas con su foto, algunos en los pizarrones, con las palabras “justicia” y “memoria” sin faltar a clase.

“Fue un año muy difícil”, repiten sus colegas entre anécdotas y recuerdos, que además de trabajar tres años con ella, eran amigos. Habían forjado un grupo grande de trabajadores que se acompañaban con herramientas para mejorar en conjunto en su profesión y muchos soñaban con titularizar. Desde mates en el patio de la escuela a peñas con asado y barril, los maestros de “la Victoriano” conversaban sobre sus vidas personales, se aconsejaban y hablaban sobre lo que amaban: enseñar. Después del crimen, algunos pidieron el traslado, otros licencia psiquiátrica, algunos cambiaron de escuela por la titularización y otros se quedaron.

El último día de clases, en la velada, Vanesa se emocionó al ver a todos sus alumnos vestidos iguales, con sus remeras de séptimo personalizadas. Durante meses se había dedicado a reunir fondos con rifas y subsidios para que los chicos puedan tenerlas para cerrar el curso.

“Estaba pendiente de todos sus alumnos. A veces me traía una ropita y me decía que me fije a quién se la podíamos dar, para que la entregue yo. Todos los maestros lo hacen, pero ella se fijaba mucho, lo que tenía lo traía. Ahí te dabas cuenta que amaba a sus alumnos, los trataba como si fueran sus hijos”, recuerda Nora que además relata que Vanesa se encargaba de conseguir útiles y zapatillas para que todos “sus chicos” puedan empezar las clases con todo lo que necesitan. Hoy realizan una campaña similar y se puede colaborar contactándose con la institución.

Salud mental

Al ser consultados por cómo fue el pasado año académico sin Vanesa, respondió Héctor: “Fueron varios duelos. El de Vane, y el de la institución. Era un grupo muy unido, cálido, y que se desarme todo así fue duro. Y uno no es que no quiere pensar en eso, pero nosotros el año pasado desde el primer día de clases tuvimos que estar con los chicos, y tenemos que sacar fuerzas para no estar mal delante de ellos, de sus mamás y de sus papás. Hay que tratar de seguir. Cada uno lo procesó como pudo, y de manera distinta”.

“Las veces que nos juntamos, es hablar de este mismo tema. Es Vanesa. Nos desahogamos. Ella era mi amiga, fue difícil para mi volver, subir al 13. Es terrible subir a ese colectivo todos los días. Venir a Alto Verde es decir que a Vanesa la mataron acá, en la portón de la escuela y de esa forma, es lo más cruel. Fueron 13 puñaladas. La bronca con el tiempo se te va yendo, cuando ves a los chicos ese sentimiento cambia. Pero no puedo imaginar lo que sentía ella en ese momento, que habrá pensado en su hija. Ese es mi dolor. Y al principio me enfoqué en el trabajo pero después llegó un momento en que tuve que empezar terapia. Pasó un año, y para mi fue ayer. Era una mujer llena de vida, incansable. Hacía miles de cosas. Salía a las seis de la mañana de la casa en Santa Rosa del Calchines y volvía a las once y la ayudaba a su hija con las tareas, la cuidaba. Cómo una persona así puede morir”, se preguntó Coria.

Ante la pregunta si recibieron contención para la salud mental, los docentes respondieron: “No. A lo primero, después de pedirlo un montón de veces, se hicieron reuniones grupales que venían de Rosario. Ellos tal vez sabrán, pero a mi me hacía mal porque éramos 20 y hacía un mes que había pasado. Salía llorando, y tenía que venir a dar clases. Nunca nos ofrecieron personalizado. En ese momento habíamos estado todo el año, pero no teníamos reemplazos por lo tanto no teníamos obra social. Pedimos la contención y nada. El gremio después nos dio un psicólogo, pero después cada uno siguió de forma personal. Pero no, no nos dieron. Es difícil, tal vez sin síntomas, pero uno quiere que vengan y te pregunten si estás bien”.

Ley Vanesa

La familia de Vanesa Castillo, junto a amigos y colegas, se vienen reuniendo hace meses en asambleas en plazas de la ciudad para redactar y presentar en la legislatura provincial un proyecto de ley que proteja tanto a los niños y adolescentes que son víctimas de abusos, como a las personas que denuncian los hechos.

“Antes no pensábamos que esto podía pasar. No había antecedentes que habían matado a una maestra por activar el protocolo. Ahora tenemos mucho cuidado porque somos conscientes que eso puede pasar. No es que es algo que se nos ocurrió, necesitamos que esté la seguridad. La escuela está al descubierto, me parece que tendrían que estar. Los casos de abusos van a seguir ocurriendo. Y en esta escuela pasó lo que pasó y nadie vino del equipo socioeducativo. No estuvieron. Me parece que tendrían que estar un día a la semana, o por lo menos una vez por mes. Hacía dos años que trabajo acá y recién conocí al equipo cuando pasó lo de Vanesa. Deberíamos saber a quién acudir o dónde preguntar”, sigue Coria, y continúa Héctor: “Necesitamos que estén presentes para nosotros y para proteger a los chicos. Porque las herramientas tendrían que estar no solo para un caso cuando ya ocurrió, sino a detectar posibles vulneraciones, que nos ayuden a detectarlas”.

“Hay que cambiar este decreto 2288 que nos deja expuestos. Si un docente activa el protocolo que se pueda tomar una licencia, que no tenga que venir a la escuela.A Vanesa le pasó lo que le pasó porque estaba en la escuela. SI hubiera estado de licencia por la denuncia que hizo estaría viva. Es una realidad”, reclama Coria.

Y Nora sostiene: “Está la versión del robo, pero yo me pregunto qué le robaron. Ese día yo junté las cosas de ella del suelo y no faltaba nada. Después la hermana nos contó que en la mochila tenía una gran cantidad de dinero. El celular quedó tirado en el piso. Si un maestro denuncia es un peligro que siga trabajando en el mismo lugar porque la nena declara, el violador va preso, y los parientes del violador han tomado represalias, que es lo que se está investigando. Y no se puede dejar a una nena sola que está pidiendo a gritos que la ayuden.

Al mismo tiempo, Héctor: “Es muy cálido el barrio. No es lo que se habla siempre de Alto Verde, es lo que ayudó a seguir junto con la familia de ella y de los alumnos. Es lindo venir acá. Uno se siente contenido. Para mi no fue un hecho de inseguridad. En el barrio ocurre, si, como en todos los barrios de la ciudad. Esto es aparte. Este año si tenemos una sensación, porque la mataron a Vanesa, que venimos a la tardecita, nos cubrimos más, nos esperamos para salir. No se si es el miedo latente que nos pueda pasar, pero sentimos todo el tiempo que la mataron en la puerta de la escuela. Un día así, como hoy”.

“Es distinto cuando alguien viene y se le ocurre que hoy no vivís más. Le robaron la vida. Eso es lo que creo que nos dolió tanto. Que nos haya pasado esto nos marca para siempre. A nosotros, a Alto Verde, al pueblo de ella, a su familia y a la institución. Si siente, se huele la tristeza sobre todo en esta fecha. El día que yo volvía de vacaciones ella salía con su moto, nos saludamos y al ratito escuché los gritos de las otras señoritas que habían salido a la misma hora. Como se estaba haciendo el asfalto, pensé que ella chocó. Cuando me acerco a socorrerla, me dicen que la habían apuñalado. Ahí corro para tratar de auxiliarla pensando que no iba a ser tan grave, que podíamos llamar a la ambulancia. Pero había caído prácticamente muerta”, relata Nora. Y sigue: “Cuando no hablo de esto, es como que queda guardado. No es que uno se pone una máscara y muestra otra cosa pero se tiene el respeto al trabajo y no se puede dar el lujo uno de venir mal o triste y decir que hoy no tengo ganas porque me acuerdo que mataron a mi compañera, tengo que venir a laburar acá. Dejar la escuela lista para que los niños empiecen, pero es una fecha que duele mucho”, agrega la portera.

En relación a la causa que familia y amigos sospechan que desató el femicidio, Coria opinó: “Creo que ella volvería a hacer lo mismo. Sin dudarlo, sin pensar. Ya lo había hecho antes en otra situación, que no fue de abuso carnal como lo sufrió esta nena pero con maltratos. Siempre estaba muy involucrada con sus alumnos, no lo dudaba. Ella sabía todo lo que tenía que hacer, se preparaba mucho y vivía para eso porque seguía estudiando”.

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