Santa Fe

El calvario de convivir con toneladas de basura, animales muertos y olores nausebundos

Los Kinen-Vaillard residen al lado de un basural a cielo abierto en Humboldt. Hace 40 años que viven allí y 30 que ese sitio funciona como el depósito de todo tipo de residuos 

Viernes 16 de Noviembre de 2018

La familia Kinen-Vaillard vive desde hace 41 años en un predio de 27 hectáreas ubicado en la zona rural sur de la localidad de Humboldt, Departamento Las Colonias, sobre la calle Santos Viani sin número, aproximadamente a 1,3 kilómetros a partir del límite de la zona urbana que finaliza en calle Las Heras.

En ese campo, actualmente hay tres viviendas, la primera perteneciente a Daniel Vaillard y Rosa Kinen que, desde que se casaron en 1977 residen allí, y las otras dos viviendas pertenecen a dos de sus cinco hijos quienes construyeron allí sus casas, las ocupan junto a sus familias y trabajan también en dos talleres mecánicos, con distintas especializaciones. En tanto, en el sector oeste del inmueble, una porción de terreno de aproximadamente 17 hectáreas está arrendado para la explotación agrícola ganadera.

Desde hace más de cinco décadas esta familia habita ese predio que perteneció a los padres de Rosa. Ha sido el lugar donde han desarrollado no solo sus vidas familiares sino también aquel donde se han generado diferentes emprendimientos económicos de naturaleza agrícola como también empresarial relativo a la mecánica automotor que constituyen en buena medida parte de los ingresos que los núcleos familiares utilizan para vivir.

Sin embargo, la tranquilidad de los Kinen-Vaillard comenzó a interrumpirse hace 31 años, cuando la Comuna de Humboldt compró el terreno lindero y desde entonces, emplazó ahí un basural a cielo abierto. “Desde ese entonces, uno ya empezó a dialogar, a preguntar y a pedir explicaciones de cómo se iban dando algunas cosas”, contó Daniel Vaillard a UNO en la Radio.

Olores nauseabundos, moscas, ratas, animales muertos, perros sueltos a montones, humo de la quema de basura, podredumbre constante, son algunas de las cosas con las que conviven Daniel y los suyos desde entonces.

En todo ese tiempo el diálogo con la comuna fue infructuoso y según cuestiona el escrito presentado por el representante legal de la familia recientemente, “un derrotero y desamparo absoluto que ya lleva años, en los cuales nuestros defendidos/as son damnificados directos y los/as vecinos/as de la localidad de Humboldt, son damnificados indirectos”.

“A raíz de todo esto, nuestros defendidos han padecido dolencias y enfermedades que van desde las descompensaciones y las afecciones respiratorias hasta la irritación de los ojos, alergias y falta de aire, repercutiendo no solo en el estado de salud física de la familia sino también en su salud psíquica y emocional en razón de los años y años que han transcurrido soportando esta situación”, afirma el abogado Rafael Colombo en el amparo y cautelar presentados para frenar el arrojo de basura.

Según sostiene el letrado en el texto presentado ante la Justicia “la cantidad de basura arrojada es inconmensurable”, y no se trata solamente “de los residuos urbanos de toda la localidad y terceros que ingresan libremente y de manera ilegal, sin ninguna clase de control o resguardo, sino que también es objeto de concentración de todo tipo de chatarra, residuos provenientes de la poda de árboles, envases de agroquímicos, plaguicidas, solventes y de otros productos y residuos tóxicos y altamente peligrosos para la salud de las personas, motivo por el cual se producen concentraciones de agua estancada, notablemente contaminada”.

A su vez, la incineración de la basura como método para su eliminación ha obligado, en más de una ocasión, a la intervención de los Bomberos Voluntarios de Humboldt, que también por efecto del viento, “ha llegado a invadir y afectar el inmueble” de los Kinen-Vaillard.

“Asimismo, en reiteradas oportunidades nuestros defendidos se vieron obligados a cerrar los talleres mecánicos que tienen emplazados en el inmueble, debido a que no podían ni atender ni trabajar en razón del olor nauseabundo e insoportable del ambiente directamente vinculado al arrojo indiscriminado y quema de basura”, agrega Colombo.

Debido a la situación descrita, el pedido a la Justicia a través de un recurso de amparo es claro, frenar el arrojo de basura, plantear el traslado del basural, y hacer cumplir a la Comuna las normativas vigentes en la materia respecto del tratamiento y disposición de los Residuos Sólidos Urbanos. El escrito fue presentado el 1 de noviembre y aún no tuvo respuesta afirmativa.

Ayer, en contacto con UNO en la Radio (lunes a viernes de 16 a 18 por FM Sol, 91.5 Mhz), Vaillard relató cómo es vivir rodeado de basura y no obtener respuesta por parte de las autoridades.

—¿Adónde está ubicada tu casa?
—A 1,3 km al sur del casco urbano. Por un camino ripiado con un fácil acceso. Es decir, uno hizo un proyecto de vida, eligió quedarse y seguir viviendo acá, porque es nuestro lugar y porque nos desarrollamos acá, tanto en la vida familiar como en la laboral.

—¿Y el basural fue ganando en tamaño a medida que fue creciendo el pueblo?
—Por supuesto, ese es un poco el tema. Es decir, casualmente la última vez que pude hablar con el presidente de la Comuna me preguntó en qué empeoró (la situación). Yo le dije que en realidad es siempre lo mismo, nada más que se acrecienta. Cada vez tenemos más residuos, sabemos que todo el mundo cada vez produce más residuos, más basura, y por lo tanto, se acrecienta el basural.

—¿Qué es lo que se vive a diario al lado de un basural?
—Los olores nauseabundos de un basural que es de reciclado de residuos húmedos, que es lo que más cerca tenemos, pegado, lindero al galpón del taller de mi hijo. El tejido que lo linda está a 50 centímetros…

—¿Te habían propuesto poner una hilera de pinos para tapar eso?
—Un cerco de pinos que hace un año y medio que lo plantaron y que ahora tienen 80 centímetros. Tengo que esperar 15 años para que ese pino pueda llegar a producir un poco de reparo.

—¿Intentaste dialogar con la comuna en reiteradas oportunidades?
—Primero verbalmente, de una forma o de otra, con distintos gobernantes y partidos políticos. Quiero que quede bien claro, esto no tiene ningún tinte político. No tengo nada en contra del presidente (comunal), somos conocidos de siempre y mi causa es contra la institución comunal, pero no puedo decir nada del pueblo. Está muy bien manejado, está lindo, como todos lo conocen. A mí me da la impresión de que uno agotó el diálogo por el hecho de que con todos los estamentos políticos y gobernantes del pueblo, que han sido varios (desde ese entonces hasta ahora han pasado cuatro presidentes), no hemos tenido una respuesta valedera. Es decir, nos han negociado, nos han marcado con algo, pero en última instancia fuimos a hablar y no tuvimos una respuesta valedera. Yo soy el que menos quiere llegar a una instancia de estas, pero nos da la pauta de que no hay voluntad en el corto plazo para hacer algo.

—¿En el ingreso al basural hay también un criadero de perros?
—No es criadero, es un refugio de animales. Si bien la gente a cargo lo atiende bien, está en muy malas condiciones y hay un sinnúmero de perros sueltos que ya directamente no los pueden encerrar, no los pueden atender. De noche es un barullo terrible. Uno nunca sabe si hay o no gente, y es más, a la 1, 2 de la mañana entran y salen con vehículos de la cava. Se escuchan los ruidos. Hay un poco de todo.

—¿A qué te dedicás?
—Soy asistente escolar del Colegio San José.

—Pero, durante mucho tiempo trabajaste ese campo, ¿fuiste tambero?
—Fui tambero, y bueno, seguimos trabajando el campo hasta el año 1996 y ahora lo tenemos arrendado.

—¿Y la gente que lo arrienda no tiene problemas con el basural?
—Esa es una de las cosas que no se dicen, pero tenemos una invasión de por ejemplo lo que decíamos recién, los olores, las moscas, las ratas, los perros, el humo de la quema, son todas invasiones que están a diario. Pero hay una invasión que es constante también: los socavados que tiene el terreno. Es decir, parte del agujero del basural ya ha invadido nuestro terreno. El alambrado lindero se ha quemado totalmente y más de una vez se han quemado cosechas. Es una cosa constante de muchos años, de cansancio.

—¿Qué le pidieron puntualmente a la Comuna?
—Justamente planteamos el cese del fuego como negociación primera; la clasificación de la basura; el levantado de los residuos húmedos; y ver la situación de los animales. En realidad, cerrar, porque eso está abierto, entra y sale gente y nadie controla qué basura se tira. Es impresionante la cantidad de animales muertos. Al que se le muere un animal, viene y lo tira acá. La primera vez que yo fui a hablar con el gobierno comunal, con un hombre ya fallecido, él me comentaba que había un proyecto para comprar la máquina chipeadora para las ramas. Para ir haciendo el relleno del terreno o para hacer abono. Siempre a nosotros nos dio la impresión de que había un proyecto, pero no sé si son muy cortos los dos años (de mandato de los presidentes de comuna) para trabajar sobre esto. Yo no me voy a meter en el manejo y conducción de la institución, pero esta es una necesidad imperiosa.

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