Desde los tiempos más remotos la mujer quiso verse y sentirse sexy. En el siglo XIX lo hacía ajustando su corsé, con el fin de marcar bien su cintura o a través de la utilización de los famosos miriñaques, que hacían más prominentes sus caderas. Ya en el siglo XX, sobre todo después de la década del 60, las chicas comenzaron a utilizar faldas más cortas y hasta algunas se animaban a mostrar el escote; y en el final de ese centenario, el destape y la búsqueda de la sensualidad llegó de la mano de la proliferación de lencería y la compra de juguetes eróticos. Hoy, por su parte, nada de lo anterior es rechazado, sino que por el contrario a todo eso se suma la incursión de libros que incentivan el “ratoneo” y el nacimiento de páginas pornográficas exclusivas para ellas.
Ellas quieren verse y sentirse sexys
En definitiva, tal como lo marca la historia, la búsqueda femenina de incentivar la sensualidad y el erotismo ha crecido llegando a convertirse en un tema de mercado. Lencería, juguetes, bibliografía, videos. Los productos son tantos que abruman las vidrieras y a las potenciales clientas, que en muchos casos no saben cómo ni qué consumir; ni qué se ajusta a sus medidas.
¿Pueden las mujeres sentirse en la obligación de ser, sentir y provocar? Teniendo en cuenta el bombardeo constante de publicidad que ofrece todo tipo de productos dedicados a la conservación de la belleza femenina, a la ilusión de un cuerpo perfecto y al estímulo sexual podría decirse que sí, que muchas consumen sólo porque ven y no siempre porque quieren.
Consultadas por Ser UN@, varias jóvenes afirmaron ser compradoras compulsivas de algunos productos que una vez en sus manos los sienten como extraños, y a la hora de dar ejemplos mencionaron aparatos para adelgazar “en forma veloz”, geles para la estimulación sexual y hasta elementos que harían crecer el miembro de sus parejas.
“Para comprar productos, sobre todo los que tienen relación con la erotización, hay que estar bien asesorados. Primero que nada saber que ambos están de acuerdo con su utilización, porque si lo compro sólo porque lo veo y no le consulto a mi pareja si le parece bien usarlo puedo estar en un problema”, aseguró al respecto el sexólogo santafesino Norberto Del Pozo, quien al mismo tiempo aclaró: “Todo lo que no haga daño ni física ni psicológicamente es bienvenido; estimular, cambiar, incentivar, son acciones necesarias que pueden ayudar a fortalecer el vínculo, sólo que nunca deben efectuarse en forma unilateral”.
En la búsqueda
En televisión, revistas, diarios, radios e internet encontramos espacios dedicados a la sexualidad. Cómo mantener viva la llama de la pasión en sus parejas, qué comprar para parecer más sexys, cuáles son las posiciones más placenteras; los puntos dedicados a este tema son muchos y se reproducen en todos sus aspectos, hecho que llega a los oídos de las mujeres actuales muchas veces como una nueva carga. “La tele e internet abrió un mundo sexual al que hay que aggionarse”, dijo una santafesina de cuarenta que se animó a dialogar con el matutino y confesó: “Si una no se preocupa por estar linda y sensual, puede correr el riesgo de perder a su pareja, porque hoy lo visual pesa mucho y entonces no te podés quedar dormida en los laureles”.
Dicho comentario no escapa a la realidad de muchas de las mujeres que luchan a diario con los ratones sexuales que se meten en sus sueños y los fantasmas del engaño y la pérdida que también hacen foco. “Las mujeres se autopresionan constantemente, y lo hacen impulsadas por el mandato social que dice que tienen que ser las mejores en la casa, en el trabajo y también al mando de los hijos, además de ser sexys, lindas e inteligentes para los ojos de su marido y de la sociedad en general”, aseguró la pscicóloga María Catalina Gorosito.
Y agregó: “Esa autoexigencia muchas veces es contraproducente, ya que no se encuentra en esa búsqueda un disfrute sino que la misma se vive como una carga que muchas veces puede llevar a la frustración”.
El mercado
Probar todas las dietas de moda; internarse horas en el gimnasio o en los centros de estética; contratar a una asesora de modas para cambiar el look; leer todos los libros de sexualidad y erotismo que existen; o hasta incursionar en las páginas webs sólo para adultas son algunas de las estrategias a las que recurren las señoras, señoritas y adolescentes.
Y es que nadie quiere quedarse afuera. “Las mujeres vienen y te piden algo que las haga verse como una vedette”, dijo en diálogo con Ser UN@ la vendedora de un local de lencería de la peatonal santafesina, quien además aseguró que la mayoría lo hace con temor e incluso en un acto risueño, “porque no quieren hacer el ridículo, pero se sienten en la obligación de…”.
Por otro lado, y quizás desafiando sus prejuicios, muchas se animan a los sex shops, esos sitios que les ofrecen todo tipo de juguetes estimulantes. “Hoy por hoy podemos decir que cada vez tenemos más clientes mujeres, e incluso hay días en que ingresan más chicas que chicos”, dijo el vendedor y completó: “Te piden lo que leen en las revistas, lo que les recomendó una amiga y hasta incluso muchas te piden asesoramiento. Quieren saber cómo volver locos a sus maridos o novios, se preocupan por ser eróticas”.
Apertura mental
La mujer hoy ganó terreno en todos los aspectos y también lo hace en el sentido erótico. La que no se anima a comprarse la ropita sexy o a incorporar el juguetito, se reunirá con sus amigas para ver qué hacer en la cama, que hacen las otras para imitarlas y demás. “Lo hacen porque quieren siempre ganar, ser primeras en todo”, dijo la psicóloga María Catalina Gorosito y completó: “El querer sostener el mito de la eterna juventud siempre estuvo vigente, y está muy bien cuando está vinculado a todo lo que sea saludable, porque ir a un gimnasio es saludable, ir a caminar, mantenerse en una estética deseable también, o querer ser la mejor en la cama; el tema es cuando se perdió el goce y el placer y aparece sólo la competitividad, lo hago para no perder y no porque esto me gusta”.
En esa misma línea, y a modo de conclusión, la profesional santafesina quiso hacer mención a las sobreexigencias culturales que indican que toda mujer debe estar radiante, sensual, exitosa, informada y actualizada en todos los órdenes, sobre todo en lo que respecta a la sexualidad, haciendo hincapié en la búsqueda de todo lo que pueda garantizar mayor capacidad de placer y goce en las relaciones íntimas. “Nuestras vidas se convirtieron en un producto más para vender: exitosas en el mercado laboral, amantes complacientes en el mercado del amor, y responsables y abnegadas en el ámbito familiar”, aseguró y concluyó: “En consecuencia, cabe reflexionar acerca del efecto que esto tiene en la subjetividad de discursos y mandatos sociales, los cuales pueden ejercer un poder esclavizante que nos aleje de la más importante condición humana: la autonomía y libertad para elegir aquello que se aviene a nuestra identidad y fortalezca la autoestima que posibilita un auténtico goce y disfrute en todos los ámbitos”.















