El lunes pasado el gobierno de la provincia otorgó un aporte de 1.553.260 pesos a la Cooperadora de la Granja La Esmeralda para finalizar los trabajos de puesta en valor de ese centro de rescate de la fauna silvestre autóctona. Un día después, en Facebook, se creó un grupo que pide el cierre del lugar. La movida en las redes sociales se basa en la preocupación por el estado en que se tiene a los animales en ese lugar. Incluso se está haciendo circular un petitorio dirigido al gobernador Antonio Bonfatti, donde se exponen los argumentos de la demanda. Ayer por la tarde el grupo “Por el Cierre del ZOO Granja Esmeralda” ya tenía más de 1.355 seguidores.
En las redes sociales piden cerrar la Granja La Esmeralda
María Esther Linaro, coordinadora de Mundo Aparte, un centro de rehabilitación de fauna silvestre que funciona en la ciudad de Rosario, le dijo a Diario UNO que conoce “perfectamente el lugar” y criticó que la Granja y la Dirección de Ecología de la provincia dependan del Ministerio de la Producción. “El animal silvestre no tiene por qué rendir examen para ver si es sustentable o no”, argumentó.
La mujer, que también fue directora del zoológico de Rosario, aseguró que la solución no es cerrar el centro, sino transformarlo, pero pensándolo desde el animal y no desde el visitante. “Habría que empezar por restringir las visitas indiscriminadas, sin que nadie del lugar esté supervisando eso”, dijo y agregó: “En Mundo Aparte el único día que recibimos visitas, y eso no significa abrir al público, es el segundo domingo de cada mes. La gente es la que está vigilada, no los animales. Explicamos el proyecto que empieza por el respeto a todas las formas de vida. En la Granja hay inspectores y funcionarios que deberían cambiar la situación de los animales y eso se hace abriendo el juego”.
—¿A qué se refiere con abrir el juego?
—Tiene que haber un grupo interdisciplinario en el cual se contemple por sobre todo el bienestar del animal en cautiverio. Si por determinadas características no se puede liberar al animal, hay que ambientarle el lugar. Pero tampoco puede ser perenne esa ambientación. Cada 15 o 20 días el animal debe encontrar una modificación en el hábitat que lo estimule a vivir. El yaguareté es monumento nacional. En la Granja hay una hembra y es un sacrilegio lo que hicieron con ese animal. Hasta la gobernación de Binner me cansé de escribirles. Yo fui directora del zoológico de Rosario que se cerró y de mala manera, porque el costo fue la vida de los animales. Y ahora cuando dicen que hay que cerrar la Granja me parece un error. Hay que hacer una transformación desde adentro para afuera. No una transformación escenográfica. No estoy hablando de Temaikén ni de los súper zoológicos. Hablo de una transformación conceptual, desde lo que necesita nuestro animal. Ahí hay aguará popé, ositos meleros, monos carayá, monos araña. Son animales originarios que hablan de nuestra identidad. No se pueden exponer de cualquier manera porque si no estamos dando un mensaje equivocado a los chicos y las familias, que pueden hacer lo que quieran con nuestra fauna.
—¿Qué se debería hacer con los animales silvestres que se decomisan?
—Los que son rescatados in situ, hay que hacerles un chequeo general para ver si tienen una contaminación, desparasitación y devolverlo. Pero hay que saber de qué lugar viene ese animal, porque sino se puede hacer un desastre. A la persona que se lo agarra con un animal hoy sólo se le hace un acta de infracción, pero se le debería caer con todo el rigor de la ley.
—Muchas veces se expone que el animal silvestre que está en contacto con personas ya no puede volver a su hábitat natural, ¿usted qué considera?
—Estoy de acuerdo, a ésos hay que conservarlos en cautiverio pero con la dignidad que corresponde. Yo fui a la Granja en invierno y vi un oso melero que estaba agonizando. Ese animal tiene que estar con una temperatura de entre 15 y 22 grados. Debería estar con estufa y estaba en una jaula con tucanes. Hay que reacondicionar el lugar con gente que sepa desde el punto de vista biológico, pero también que tenga un poco de sensibilidad humana. No se puede hacer un proyecto de vida con gente que está estatizada hace 20 años.
















