Santa Fe

“Formamos esta familia con el amor y la verdad”

Hoy Daniel celebra su día junto a sus tres hijos. Hace 28 años que salió del closet y 17 que se convirtió en papá a partir del nacimiento de Franco y la adopción de María Sol y Lucas.

Lunes 22 de Junio de 2015

La familias son múltiples y están marcadas, fundamentalmente, por el amor que sienten sus integrantes entre sí. Por eso no es necesario tener la misma sangre o el mismo apellido, lo central es la contención y el apoyo que se recibe de ese lazo especial. Daniel Carlos Ferreira celebra hoy el Día del Padre rodeado de su familia que, quizás, no es la tradicional que aparece en la mayoría de los libros pero no por eso deja de ser igual al resto de las familias.Daniel tiene 50 años, es arquitecto, handler de perros de exposición, gay y tiene tres hijos, dos adoptados y uno biológico. La mamá de los chicos nunca fue su pareja, solo una amiga muy cercana con la que han podido llevar adelante 16 años de crianza amorosa.

Si bien siempre supo cuál era su orientación sexual, recién a partir de los 22 decidió “vivir plenamente como una persona gay, reuniendo sentir, pensar y hacer lo más cerca posible, y con la mayor dignidad. Cada día que pasa me intereso más por manifestar en todos mis ámbitos la naturalidad de mi condición sexual”.

No fue un camino sencillo lograr la aceptación de su familia pero con el tiempo lo aceptaron y hoy, aseguró, lo tienen naturalizado. Lo mismo ocurrió cuando les contó que iba a formar una familia de una manera poco tradicional. Pero hoy todo eso es parte del pasado o anécdotas que aparecen en alguna cena compartida.

—¿Siempre quiso ser padre?

—Sí, siempre tuve esa vocación. Estudié en colegios católicos donde se plantea a los alumnos la vocación sacerdotal, pero siempre de niño y adolescente contestaba que sabía que no quería ser cura porque quería ser papá. El porqué de eso no lo sé. Siempre me imaginé enternecido por un hijo, siempre deseé tener ese vínculo, siempre sentí la necesidad de darme a él, de guiarlo, criarlo, enseñarle y amarlo.

—¿Cómo nació la relación con Fabiana, la madre de los chicos?

—Espontáneamente, siendo amigos, nunca fuimos novios. Pero, como si estuviera escrito, una vez tuvimos una relación sexual donde queda embarazada de uno de mis hijos, Franco (16). Sin programarlo terminamos conformando esta familia, basándonos en el amor y la verdad. Dejamos los estereotipos tradicionales a un lado y nos abocamos a criar nuestros hijos poniendo siempre sus intereses por delante. Fabiana era madre soltera de mellizos de un año y medio (María Sol y Lucas que hoy tienen 19) y decidimos que sería el padre de los tres. “Arreglamos” de un solo movimiento la vida de los cinco, todos salíamos favorecidos.

—¿Cómo lo tomó su entorno?

—No nos juzgó bien al principio, todo parecía traído de los pelos. Yo de repente aparecí con un bebé y mellizos de dos años y medio escurriéndose de mis manos. Preparar mamaderas y papillas y cambiar pañales de a tres no fue fácil. ¡Pasé de estar solo a tener una familia numerosa! Fue una locura. Recuerdo esos primeros años con mucha ternura. Los traía a casa los fines de semana, jugábamos, íbamos a la plaza o visitábamos a amigos y a mi familia.

“Por momentos desde afuera parecía no funcionar –reconoció–, el entorno expresaba todos los miedos, qué dirían los nenes al saber acerca de mi homosexualidad o de la adopción, qué pasaría si formábamos parejas por fuera de nuestra familia, ya que nosotros siempre nos mantuvimos como amigos. Desde afuera, se veía muy raro. En el interior de nuestra familia, esas diferencias eran ligadas por la verdad, el respeto hacia la individualidad del otro y sobre todo por el amor”.

Los chicos se criaron en un ambiente estable, como el de muchas familias en las que los padres no son pareja. Había almuerzos y cenas entre semana, dos casas en las que los chicos tenían sus cosas, navidades y cumpleaños en familia y ambos padres participaban de las actividades escolares. “Solo fui un papá cama afuera”, resumió Daniel.

Y, sobre cómo abordaron el tema con los chicos, acotó: “A medida que crecían fueron comprendiendo nuestras relaciones. Naturalmente a cada pregunta se les contestaba con la verdad sin aclarar lo que no preguntaban. Poco a poco entendieron mi homosexualidad, nuestra amistad, mi paternidad no biológica con los mellizos..., del mismo modo en que comprendieron que el sol no gira entorno a la tierra”.

Fuera de casa

En la escuela el camino fue sencillo. No hubo problemas para que aceptaran la constitución de la familia. “Yo me encargaba de aclarar a los docentes de primera la situación familiar, éramos papás muy presentes en la escuela”, marcó y recordó que los mellizos fueron abanderados, uno por cada turno.

“Fue una gran alegría. La directora nos felicitó y nosotros respiramos y dijimos: «Ufff... No nos estábamos equivocando tanto»”, contó y agregó que otro momento de mucha satisfacción fue cuando María Sol, Lucas y sus compañeros lo eligieron para que sea uno de los padres que los acompañaron al viaje de egresados.

Para Daniel, la clave para que una familia funcione es “amor, verdad y respeto por la individualidad y la identidad de cada uno de los miembros. Lo demás viene por añadidura”. Y concluyó: “Lo bueno de ir de frente es que la gente que discrimina se aleja sola, no les das oportunidad a lastimarte. Además, si te ven aplomado, digno, respetuoso y coherente, el que se atreve a agredirte queda desarmado”.

Por Victoria Rodríguez / victoriarodriguez@uno.com.ar

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