Enrique García, apodado “el Chueco”se destacó en una delantera recordada del equipo de fútbol de Gimnasia y Esgrima de Ciudadela –de Santa Fe– nombrada por muchos medios de comunicación como Los Pistoleros e integrada por el mencionado, junto a Magán, Salas, Loyarte y Canteli.
Gimnasia: la cuna de los ídolos del Che Guevara y del Papa Francisco
Nació en tierra santafesina el 20 de noviembre de 1912. Luego de una prolífica infancia en los potreros, antes de llegar a Gimnasia jugó en los clubes Las Rosas y Brown. Del barrio de Ciudadela partió para Rosario. Allí se convirtió en el Poeta de la Zurda, el ídolo del Che Guevara cuando Ernestito admiraba a Rosario Central.
En el Canalla integró la delantera Cagnotti, Gómez, Guzmán, Potro y García. Con esa camiseta ganó el torneo Preparación. En enero de 1936, Racing ofreció 38.931 pesos a cambio del Chueco; luego de una oferta menor por parte de Independiente.
En los ocho años en los que el García permaneció en las filas de la Academia recibió nuevos apodos, tales como El Imparable o El Mago; e incluso el Sarmiento del fútbol, ya que participó de 233 partidos consecutivos. Cerró la cuenta en el club con un total de 234 partidos disputados y 78 goles convertidos. Además, completó 35 partidos en la Selección Argentina y obtuvo un par de títulos: los torneos Sudamericanos de 1937 y de 1941.
Después de convertir un golazo, solía regresar sobre sus pasos y limpiaba el camino con el pie. “¿Qué estás haciendo?”, le preguntaban, a lo cual respondía: “Borrando la jugada, no sea cosa que alguno me la copie.”
Dos sabaleros
Hubo dos grandes futbolistas que hicieron gala de sus virtudes entre los “Pistoleros” y luego brillaron también en el Club Atlético Colón de Santa Fe. Uno de ellos fue José Belarmino Canteli, jugador incomparable, con un promedio de gol imposible de igualar.
Nació en Santa Fe y se formó en las inferiores de Gimnasia y Esgrima de Ciudadela, pero su debut en el fútbol grande fue en Newell’s. Su compadre dentro de la cancha fue el inolvidable René Pontoni, con quien brilló en la Lepra.
En el club rosarino integraron una delantera inolvidable: Belén, Canteli, Pontoni, Morosano y Ferreyra. En su primer torneo como profesional, en 1941, dejó en claro que no era un jugador más: marcó 30 goles y fue el máximo artillero del campeonato. En 1944 pasó a Platense, donde jugó tres temporadas, para llegar a Colón, que había logrado la afiliación a la AFA y necesitaba reforzarse.
Las últimas cinco temporadas de su carrera las jugó con la sangre y luto, y brilló. Marcó 12 tantos en 1948 (en un torneo que se suspendió por una huelga de futbolistas), 34 en 1949, 25 en 1950 (goleador del torneo), 17 en 1951 y nueve en 1952, cuando colgó los botines. Fue, hasta la aparición de Fuertes, el máximo goleador rojinegro, incluso por encima de Di Meola, que marcó 70, aunque todos en Primera. Su promedio de gol en Colón es insuperable: 95 gritos en 112 partidos.
Otro sabalero que pasó antes por Gimnasia fue Edgar Fernández, lateral izquierdo parte de los equipos de la década del 70 y de una defensa inolvidable. Comenzó a construir su carrera en el barrio Ciudadela, en la Liga Santafesina de Fútbol.
Desde los “pistoleros” llegó a Colón, donde debutó en 1972. Integró una última línea muy recordada, con Héctor Baley en el arco, Ernesto Aráos en el lateral derecho, más Hugo Villaverde y Enzo Trossero como centrales. Disputó 277 partidos con la camiseta Rojinegra y sólo es superado en Colón por Esteban Fuertes, Aráos y Víctor Godano. Se fue de Colón en 1978, a Estudiantes. Luego pasó por Independiente Rivadavia de Mendoza y Temperley, donde se retiró.
“Aquel gol de René Pontoni”, que rememoró el Papa
En agosto del año pasado, el Papa Francisco recordó –en el marco de una visita de las selecciones de fútbol de Argentina e Italia– el gol de René Pontoni para San Lorenzo de Almagro en un duelo ante Racing de Avellaneda que acercaba al barrio de Almagro a ser campeón de Argentina en 1946.
“Recuerdo cuando de niños íbamos al estadio, en particular el campeonato de 1946. Iba al estadio con mis padres y quedé impresionado por el tanto de Pontoni”, dijo el Papa en la audiencia que ofreció a los futbolistas.
El gol al que el Papa se refirió es el que anotó el domingo 20 de octubre de 1946 en el estadio de San Lorenzo ante Racing de Avellaneda, partido que concluyó 5–0. Pontoni recibió en el área de espaldas y encimado por los rivales Yebra y Palma, controló con el pecho y sostuvo el balón con su empeine derecho durante varios segundos, sin dejar caer la pelota. Tras amagar con irse por la derecha y zafarse del otro defensor con una rápida media vuelta, se marchó entre ambos rivales y chutó cruzado de volea para batir a Ricardo, meta de Racing. Según la leyenda, tal fue el asombro general que el público tardó varios segundos en celebrar el gol.
Pontoni nació el 18 de mayo de 1920, en una humilde vivienda de Bulevar y 1º de Mayo, en Santa Fe. Entre 1934 y 1940 jugó en Gimnasia y Esgrima de Santa Fe; en Newell’s Old Boys lo hizo entre 1941-44; en San Lorenzo en 1945-48 y en 1954; en Independiente Santa Fe de Colombia (1949-52) y en Portuguesa de Esportes de San Pablo (1953). Falleció en 1883 .














