Desde el amanecer del domingo, las calles del barrio Guadalupe comenzaron a poblarse de fieles llegados de toda la provincia y de regiones vecinas. Niños tomados de la mano de sus padres, jóvenes compartiendo mates y cantos, y adultos mayores avanzando con emoción fueron algunas de las imágenes que marcaron la jornada, reflejo de la diversidad de quienes integran esta peregrinación año tras año.
La fe volvió a llenar las calles: cerca de 100.000 personas vivieron la 127° Peregrinación a la Virgen de Guadalupe
Bajo el lema "Gracias Madre, porque tu amor nos abraza a todos", Santa Fe volvió a convertirse en centro de una de las expresiones religiosas más grandes del litoral argentino
Con una convocatoria cercana a las 100.000 personas entre sábado y domingo, la 127° Peregrinación Arquidiocesana a la Basílica de Guadalupe renovó la devoción popular en una edición que incorporó novedades: el viernes 17 se realizó una actividad cultural dentro del templo con música y danza, sumando una jornada previa a las dos tradicionales.
Procesión
El momento más esperado llegó por la tarde. A las 15, la imagen original de la Virgen bajó desde el Camarín, seguida por la procesión y la misa central presidida por el arzobispo de Santa Fe, monseñor Sergio Fenoy. Uno de los aspectos más destacados fue la gran feria instalada a lo largo de más de diez cuadras, con puestos de artesanías, gastronomía regional y recuerdos religiosos.
El flujo constante de peregrinos generó una atmósfera única, en la que el silencio respetuoso se mezclaba con cantos, oraciones y muestras de emoción. Muchos llegaron desde localidades del interior: colectivos estacionados en las arterias aledañas daban cuenta de la procedencia lejana de buena parte de la multitud.
La Municipalidad desplegó un operativo especial con más de 200 agentes de 10 áreas de control y servicios para garantizar el desarrollo de la jornada. Durante toda la celebración, Cáritas recibió donaciones de alimentos, pañales y ropa.
La peregrinación nació en 1900 por iniciativa del primer obispo santafesino, Juan Agustín Boneo, y se celebra después de Pascua para facilitar la llegada de los fieles del campo. 127 ediciones después, la fe demostró una vez más su capacidad de unir, emocionar y trascender generaciones.
















