La laguna Setúbal no es una foto fija. No es únicamente el reflejo del cielo sobre el agua ni el escenario de playas, deportes náuticos y tardes de verano. Es un territorio dinámico, cambiante y profundamente ligado a la identidad, la historia y la vida cotidiana de miles de personas que habitan Santa Fe y su área metropolitana.
La laguna Setúbal, más allá del paisaje: una mirada integral desde el ordenamiento territorial, lo económico y lo social
Más que un espejo de agua, la laguna Setúbal es un territorio vivo y compartido. En el marco de su semana conmemorativa, la mirada de la ingeniera en Recursos Hídricos y decana de la FICH-UNL, Marta del Carmen París, invita a repensarla desde una perspectiva integral que articula lo ambiental, el ordenamiento territorial, lo económico y lo social.
Capturas aéreas de Santa Fe y su paisaje costero.
Santa Fe. Vista aérea de la laguna Setúbal durante 2020.
Así lo plantea Marta del Carmen París, ingeniera en Recursos Hídricos y decana de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas de la Universidad Nacional del Litoral.
“Tengo 63 años, así que he visto cambiar esa laguna, sus playas, durante todos estos años. De hecho, decidí estudiar ingeniería en recursos hídricos mirando y contemplando la Laguna Setúbal. Para mí es emblemática”, recordó en declaraciones a la emisora LT10.
Para París, la Setúbal no es solo parte del paisaje, sino “parte de nuestra identidad y de nuestra cultura como ciudadanos santafesinos”.
El factor que cambió la laguna por completo
Desde el punto de vista técnico, la decana explica que una laguna es un cuerpo de agua de poca profundidad, permanente y con dinámica propia, históricamente desvinculado de un sistema mayor. Sin embargo, ese equilibrio comenzó a modificarse a partir de la década del 80, cuando el arroyo Leyes empezó a aportar mayores caudales.
Semana de la Laguna: el cronograma de actividades para este fin de semana
“La Laguna Setúbal no es algo estático. Es un cuerpo de agua que está en equilibrio, pero en un equilibrio dinámico”, subraya. Ese dinamismo se refleja en múltiples aspectos: los sedimentos, los colores del agua, su transparencia, su calidad e incluso su salinidad.
Los cambios no implican necesariamente una desaparición inminente. Investigaciones desarrolladas en la propia FICH-UNL analizaron el crecimiento de un delta en el ingreso del Leyes y los aportes de los saladillos, pero París es clara: si la laguna cambiara drásticamente, lo haría en tiempos geológicos, por fuera de la escala de una vida humana.
“Así como vivimos la bajante extraordinaria de noviembre de 2019, cuando la gente caminaba por la laguna, estos son procesos naturales. Va cambiando y seguramente va a seguir cambiando”, explica.
La necesidad de una mirada integral
Pero para París, el debate no puede agotarse en lo hidrológico. “Esa mirada es fundamental, como también la hidráulica, la geológica o la geomorfológica. Pero tenemos que darle una mirada más integral a lo que es la laguna Setúbal”, advierte.
Esa mirada incluye la ecología, lo ambiental, lo urbanístico desde el ordenamiento territorial, lo económico y, fundamentalmente, lo social. Porque la laguna no es solo agua: es tierra, es borde urbano, es espacio de uso, de conflicto y de encuentro.
“La laguna es parte de nuestro territorio. No solamente es el agua que usamos o disfrutamos, sino todo lo que la rodea”, señala. Y en ese punto amplía el foco: no pertenece únicamente a la ciudad de Santa Fe, sino que involucra directamente a Monte Vera y San José del Rincón, localidades con intereses, usuarios y actores directos e indirectos sobre ese mismo espacio.
Gobernanza y planificación: el desafío pendiente
En el marco de la Semana de la Laguna Setúbal, la decana celebra la puesta en valor simbólica, pero plantea un interrogante de fondo: cómo quiere la sociedad que funcione ese equilibrio dinámico en el futuro.
“Tenemos que empezar a pensar cómo queremos que sea la laguna, no solo desde el punto de vista hidrológico, sino como sociedad”, remarca. En ese sentido, propone avanzar hacia un plan de acción y un esquema de gobernanza, más amplio que un organismo específico o un comité de cuenca.
“Se trata de definir un marco regulatorio, un norte para todas las acciones que se desarrollen en torno a la laguna”, sostiene. Y allí, la Universidad Nacional del Litoral aparece como un actor clave. “Desde la universidad, con todas las capacidades que tenemos, estamos en condiciones de dar ese debate y de acompañar ese proceso”, afirma.
“La Laguna Setúbal es un territorio de la ciudad de Santa Fe, de Monte Vera y de Rincón”, resume París. Pensarla solo como agua es reducirla. Entenderla como territorio implica asumir todas sus dimensiones: ambientales, urbanas, económicas y, sobre todo, sociales.
En tiempos de celebración, la invitación es también a la reflexión. Porque la laguna no solo se contempla: se habita, se transforma y se decide colectivamente. Y el desafío, coinciden desde el ámbito académico, es empezar a hacerlo con una mirada integral y de largo plazo.


















