El uso de un artefacto pirotécnico dentro de una local cerrado, el pánico provocado por la rápida expansión de la humareda y las puertas cerradas por los vigilantes figuran entre las causas de la tragedia que dejó el domingo más de 230 muertos y 48 heridos en la discoteca Kiss, en Santa María, ciudad en el sureño estado de Río Grande do Sul.
“La seguridad de la gente no puede quedar en manos del mercado”
El caso reviste similitudes muy estrechas con el incendio al boliche Cromañón, que en 2004 dejó un saldo de 194 víctimas fatales en el barrio porteño de Once. En ambos casos, el fuego se inició con fuegos pirotécnicos, cuyas chispas alcanzaron los aislantes acústicos en el techo del establecimiento. Sin embargo, en ambos casos, las autopsias determinaron que la gran mayoría de las víctimas murieron por asfixia, al respirar el humo gris plomo producido por la combustión de los paneles acústicos de espuma de poliuretano, y que según los especialistas en seguridad, convirtió a los locales bailables “en cámaras de gas”.
“La historia se repite. Pasó en Argentina con Cromañón y ahora ocurrió en Brasil. Hay acumulación de personas en lugares de muy difícil acceso (porque los posibles ingresos y salidas se cierran para evitar el traspaso sin pagar) y hay una importante falta de criterios de las autoridades en hacer las normativas”, opinó al respecto, Ricardo Brusa, titular de la firma MB Seguridad Industrial.
—Muchas veces se ve cómo lugares que tenían un uso particular, son reciclados luego para convertirlos en boliches. Desde el punto de vista normativo, ¿existe alguna regulación en la materia?
— En Santa Fe tenemos una normativa que es muy vieja, de la época del proceso militar, que no ha sido actualizada convenientemente. Desde la época en que fue sancionada esa normativa la tecnología y los materiales han variado muchísimo. Hoy nos encontramos con legislación que al hablar de luces de emergencia hace referencia a velas, por ejemplo. Lo mejor sería que las autoridades municipales y provinciales, adhieran a las normas Iram, porque en cada aspecto tienen normado los sistemas, si corresponde ponerlo o no. Entonces, al tomarlas como referencia, se toma una ley que está viva, porque las normas Iram son actualizadas permanentemente.
— ¿Cuáles son algunos de los aspectos de seguridad que no pueden faltar en lugares de concurrencia de público masivo?
—Particularmente tienen que tener un buen sistema de egresos. Por lo menos una salida principal –que psicológicamente es la que la gente va a tratar de utilizar para salir – y otra alternativa. Y siempre atento a la cantidad de población que vaya a ingresar al lugar. Además, tiene que tener un buen sistema de iluminación de emergencia, y de lucha contra incendio. Hoy lo básico son los extinguidores. Pero ya hay lugares en los que se exigen rociadores automáticos.
“De todas maneras, el problema está en la pirotecnia, que tiene un grado puntual de energía que puede encender cualquier material de probable encendido. Y la otra cuestión es el tema de la decoración, que sea de material incombustible o con un tratamiento ignífugo. Es decir que son varios los factores que confluyen para que el lugar sea seguro para la gente”.
— ¿Hoy se realiza un control debido de estas cuestiones?
—No tengo evidencia de que eso se lleve a cabo, por ejemplo, ¿los cortinados de los cines tienen algún tipo de tratamiento ignífugo?, no lo sabemos. Quizás está dicho pero no certificado. En todos los casos de tragedia, lo que se repite es que hay un uso de un equipo que no está permitido.
— ¿Cambió algo luego del caso de Cromañón?
— Los argentinos somos reactivos: pasa algo grave, tomamos alguna medida y luego otra vez se diluye el compromiso. Éstas son cuestiones que no podemos dejarlas a conciencia del mercado ni de los empresarios. Tiene que haber una clara regulación del Estado en primera instancia, y luego debe haber controles, para verificar que esa regulación vigente se cumpla. Sé que a nivel municipal se está estudiando la posibilidad de modificar el Código de Edificaciones, ojalá lo hagan tomando en cuenta estas cuestiones.
Una lluvia de plata
En el boliche brasileño, el incendio comenzó hacia las 2.30 cuando uno de los músicos encendió en el escenario un equipo de fuegos pirotécnicos conocido como Lluvia de plata. Eso generó un incendio y un humo muy tóxico que se expandió rápidamente. La humareda cubrió todo el local en cerca de tres minutos. Según el testimonio de los sobrevivientes, en ese momento se apagaron las luces y todo quedó oscuro.
Las llamas y la humareda provocaron pánico entre las personas que estaban en la discoteca, y una estampida hacia las puertas de salida, en donde muchos murieron pisoteados. “Recibimos la información de personas que estaban en el lugar, de que los vigilantes de la discoteca inicialmente cerraron las puertas y no permitieron una rápida evacuación.
Eso provocó aún más pánico y tumulto”, indicó el comandante del Cuerpo de Bomberos de Santa María. Según los testigos, los vigilantes al parecer no sabían lo que había ocurrido y querían impedir que los estudiantes salieran de la discoteca sin pagar la cuenta. La dificultad en la evacuación y la avalancha de personas corriendo hacia la única salida causaron numerosas muertes por asfixia.













