“El tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos”, dice la canción, que como muchas cosas ha sido transformada por las nuevas generaciones que ahora al escucharla tararean: “y nos vamos poniendo tecnos”. La frase, por risueña que parezca, refleja lo que la incorporación de la tecnología significa. Es que con la llegada de la misma, muchas cosas de la cotidianeidad cambiaron, desde la forma de comunicarse, de cocinar, de hablar y hasta de comprar variaron.
La tradicional libreta de fiado aún sigue vigente en la ciudad
En ese contexto, la conservación de la tradicional “libreta” –canal de pago utilizado por los abuelos– parece una utopía, pero es una realidad que demuestra que aunque la fugacidad avasalle, hay un elemento que se sigue conservando: la palabra. La palabra, sí, porque es la única herramienta que utilizan los protagonistas del pacto (comerciante y cliente) para sellar el compromiso de futuro abono de lo adeudado.
Para afirmar lo antes dicho, Diario UNO recorrió negocios de barrio y dialogó con Juan Carlos y Omar, dos almaceneros que sin rodeos explicaron cómo y por qué, a pesar de la inflación y de la avasallante incorporación de la tecnología, siguen apostando a ese medio de pago.
“Cuando yo comencé con el negocio no tenía mucha idea del rubro”, dijo, en diálogo con Diario UNO, Juan Carlos Sotelo, quien desde hace 21 años lleva adelante el almacén Maxi, en el corazón de Barrio Roma, y continuó: “Yo venía de ser empleado de una fábrica y al quedarme sin trabajo se me ocurrió apostar a esto. Me instalé en esta esquina –de Hipólito Yrigoyen y Pasaje Paraguay– y empecé a entender qué querían los clientes, y entre esas cosas descubrí que la libreta era uno de los requisitos, sobre todo para los clientes que venían todos los días”.
En ese contexto, el almacenero afirmó que no recuerda quién fue el primero que llevó mercadería al fiado, ni cómo se dio la oportunidad de instalar la libreta como medio de pago, pero sí detalló que quienes la conservan son vecinos de mucha confianza. “Con la visita diaria el cliente se va convirtiendo en un amigo y es ese vínculo el que permite establecer este contrato verbal que requiere del control de ambos, porque él se lleva la libreta a su casa, al tiempo que yo también anoto en un cuadernillo lo que llevan”, dijo el hombre, que hoy trabaja en compañía de su hijo, a quien el negocio debe su apodo.
En esa misma línea, y siempre haciendo hincapié en que el sistema de compra-venta al fiado se basa en un acuerdo de familiaridad, Juan Carlos aseguró que se trata de un idea y vuelta de confianza entre el comerciante y el cliente.
Hasta un auto anotado
Omar Ciccotello sigue la tradición de su padre que también estuvo al frente del Mercadito Vélez Sársfield, en Balcarce y Vélez Sársfield, práctica que también hará su hijo, quien ya lo acompaña en su labor en la actualidad. “Desde los inicios del almacén la libreta estuvo presente. Ya mi viejo, que era de Jacinto Aráuz (en el departamento Las Colonias) y también tenía un negocio de ramos generales, la usaba en sus transacciones”, comenzó a relatar el almacenero y remarcó: “Él siempre hablaba de la honradez con la que se manejaban los clientes y contaba que hasta había vendido un Ford A al fiado”, (risas).
El hecho, demuestra la franqueza que este medio de pago estableció desde los tiempos más remotos, situación que quizás explica el porqué de su vigencia. “Jamás tuve un «clavo»”, dijo Omar y siguió: “En los tiempos de crisis más profunda hubo clientes que, con tal de no faltar a su promesa, se han acercado a querer pagarme con cosas materiales”.
En consecuencia, el comerciante recordó tener una videocasetera y hasta un equipo de caza completo, con escopeta incluida y todo. “La gente no quiere fallarte. Hay algunos que se retrasan por tal o cual motivo, pero después te pagan todo junto”, afirmó y dijo: “Como comerciante tampoco quiero faltar a mi compromiso y por eso, a pesar de los vaivenes económicos, hago esfuerzos para mantener el sistema en vigencia”.
Modernidad
Como ya se dijo, la libreta es una tradición que sobrevive al avasallamiento de la tecnología que, por supuesto, también se ha colado en los almacenes de barrio. En efecto, ambos comerciantes consultados aseguraron que hace cerca de tres años han incorporado a sus mostradores el posnet, elemento muy solicitado por los clientes actuales. “La gente lo pide porque le resulta cómodo”, dijo Juan Carlos y Omar agregó: “La inseguridad cotidiana también ayuda, porque hoy la gente sale de su casa con la tarjetita solamente por temor a que le roben”.
Por consiguiente, un gran porcentaje de las transacciones que realizan se abonan con débito y hasta con crédito. “Con el negocio hay que aggionarse todo el tiempo”, explicó uno de los almaceneros y el otro agregó: “El cambio ahora lo vemos con la tarjeta, después veremos qué sigue”.
A favor y en contra
La libreta y la cuenta de fiado se sostiene en varios comercios de barrio, como verdulerías, carnicerías, tiendas de indumentaria y hasta farmacias, siempre entre clientes que lograron mantener una conducta de cumplimiento con el comerciante.
Esta connotación es una fortaleza para los negocios barriales, porque los pone en un lugar de privilegio frente a las cadenas supermercadistas que no tienen este beneficio.
“Es un punto a favor que tenemos”, dijo Omar y concluyó: “No estoy muy seguro de que sobreviva mucho tiempo, dado que hoy hay un intercambio de vecinos muy importante y por eso no se llega a establecer la confianza”.














