Aprender a leer y escribir no es un proceso espontáneo ni natural: requiere tiempo, organización, sistematicidad y una propuesta pedagógica sólida. La alfabetización sigue siendo un derecho fundamental y, al mismo tiempo, un enorme desafío para el sistema educativo en Argentina, y particularmente en la provincia de Santa Fe.
Los desafíos del sistema educativo en Santa Fe: "Nos encontramos con una enorme cantidad de analfabetos funcionales"
Mónica Actis, docente y especialista, sostiene que la alfabetización debe ser el eje estructurante de toda la trayectoria escolar
Según el informe "Aprender Alfabetización 2024", elaborado por el Observatorio de Argentinos por la Educación, el 11,6% de los estudiantes de tercer grado a nivel nacional no logra adquirir la lectura básica. En Santa Fe, el índice asciende a un preocupante 15,9%. A su vez, el Censo Nacional 2022 reveló que más de 170 mil personas en la provincia son analfabetas.
En tanto, la Evaluación Santafesina de Lectura 2024, realizada en noviembre pasado a 50.402 alumnos de escuelas públicas y privadas, arrojó que solo el 8,8% de los chicos se ubican en un nivel de lectura fluida. En el otro extremo, un preocupante 25,2% se encuentra entre los niveles prelector y principiante 1, lo que significa que apenas reconocen palabras simples o ni siquiera logran leerlas.
Frente a este panorama, la profesora Mónica Actis, especialista en alfabetización inicial y didáctica de la lengua, subraya la urgencia de recuperar el sentido profundo de este proceso. “La alfabetización es necesaria tanto por sí misma como por ser la base de todos los demás conocimientos que una persona necesita en su vida cotidiana”, afirmó en diálogo con el programa Nuevamente.
Tres etapas, un mismo objetivo
Actis, quien actualmente se desempeña como docente en el Profesorado Universitario en Enseñanza Superior de Lengua y Literatura de la Universidad Católica de Santa Fe, señala que la alfabetización no es un evento aislado en los primeros años escolares, sino un proceso continuo que demanda al menos 12 años de formación formal.
Este proceso se estructura en tres etapas:
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Emergente, que abarca los conocimientos previos al ingreso escolar;
Inicial, desarrollada durante el primer ciclo de la escolaridad obligatoria;
Avanzada, donde se consolidan las competencias para la producción y comprensión de textos en contextos sociales diversos.
De la oralidad a la escritura
La especialista advierte que el pasaje de la lengua oral a la lengua escrita no ocurre de forma natural, sino que debe ser cuidadosamente enseñado. “La lengua oral se adquiere mediante la interacción cotidiana; la escrita, en cambio, es una creación cultural que requiere una enseñanza sistemática y coherente a lo largo del tiempo”, explicó.
En ese marco, Actis distingue tres competencias esenciales de la alfabetización inicial:
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Lectora, vinculada a estrategias cognitivas y lingüísticas para identificar palabras y comprender textos;
Escrita, que comienza por copiar, escribir con ayuda, y finalmente hacerlo de forma autónoma;
Alfabética, que implica reconocer la complejidad del sistema fonológico y ortográfico del español.
“La relación entre fonema y grafema en nuestra lengua no es simple ni directa. Enseñar a escribir exige comprender esa complejidad y trasladarla al aula con propuestas sostenidas”, remarcó.
Una deuda estructural
Más allá de las capacidades individuales, para Actis el problema de fondo es estructural: “Nos encontramos con una enorme cantidad de analfabetos funcionales en nuestra sociedad (una persona que sabe leer y escribir frases simples, pero no puede comprender, interpretar ni usar textos escritos de forma efectiva en su vida cotidiana). La escuela tiene la responsabilidad de garantizar este aprendizaje y no puede delegar esa función”.
La docente remarcó la importancia de desarrollar un proyecto alfabetizador integral que atraviese toda la trayectoria escolar, y no se limite al nivel inicial o primario. “Aprender a leer y escribir es difícil. Se necesita tiempo, compromiso institucional y prácticas pedagógicas fundadas en saberes teóricos”, sostuvo.
Además, destacó el rol clave de los docentes. “Lo que haga que su práctica sea segura, equilibrada y sustentada es valioso. El aprendizaje de la lectura y la escritura debe ser prioridad en la agenda educativa. Sin alfabetización no hay posibilidad de construir ciudadanía”.
La cuestión de la forma en que se enseña a leer y escribir desde el punto de vista epistemológico, metodológico y didáctico ha sido siempre un espacio de acuerdos y desacuerdos. “Para generalizar y simplificar, puede decirse que algunos especialistas consideran a la conciencia fonológica como punto de partida del método, otros optan por enfoques basados en la teoría piagetiana conocida como psicogenética o psicogénesis, y hay una tercera línea que engloba a los enfoques equilibrados, textuales, sistemáticos y socioculturales”, explicó.
“Considero que el rol del docente es superlativo en esta cuestión, y todo aquello que haga que la práctica del docente sea segura, equilibrada, sustentada por conocimientos teóricos que le permitan llevar al aula propuestas serias es algo que puede valorarse de manera positiva. Porque aprender a leer y escribir no es simple, es difícil y lleva mucho tiempo, muchos años, y es necesaria una organización, una sistematicidad y un proyecto institucional alfabetizador integral que abarque todas las áreas escolares”, remarcó con énfasis.













