Santa Fe

Trabajadoras sexuales de Santa Fe buscan formar un sindicato

Así lo afirmó a UNO Santa Fe la secretaria general nacional de Ammar, Georgina Orellano, a partir de reuniones con la filial santafesina de la Central de Trabajadores de la Argentina

Lunes 15 de Octubre de 2018

Las tomas de las facultades santafesinas dejaron mucha tela para cortar si se habla de sucesos atípicos. Invitadas por una de las agrupaciones del centro de estudiantes de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, las principales autoridades de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (Ammar) –afiliada a la CTA– visitaron el Patio de la Reforma de la casi centenaria institución para brindar una charla de más de tres horas a los estudiantes de trabajo social y abogacía.

Ante una nutrida concurrencia, repasaron legislaciones nacionales e internacionales y la historia de la prostitución en Argentina, describieron sus luchas sindicales, discutieron con distintas corrientes feministas, apelaron a la organización popular, derribaron mitos sobre la maternidad y aclararon a quiénes realmente consideraban sus hijos. Además denunciaron las diversas formas de violencia policial, la falta de políticas en salud sexual y reproductiva, la desigualdad económica y lamentaron que el Senado Nacional no aprobara el proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo este año.

Con el objetivo de entablar relaciones con futuros profesionales, desde un estrado que llevó una gran bandera con el lema: "La puta que te parió", aclararon que luego de años de debates y conversaciones con trabajadoras sexuales de otros países como Uruguay, Alemania y Holanda y el estudio de distintas legislaciones, decidieron que el modelo –más similar al de Nueva Zelanda– que buscan adoptar es el de la despenalización de toda forma de trabajo sexual. Aunque en el país no está prohibido ejercer la prostitución: "Todos los lugares donde nosotras podemos desarrollar nuestro trabajo son penalizados y en ningún lado de la ley está reconocido el trabajo sexual como un trabajo", argumentaron.

Asimismo indicaron: "Planteamos la derogación de todos los códigos contravencionales que están vigentes en 18 provincias, pero también –en el proyecto de ley nacional que van a presentar– plantea la modificación a la ley de trata en un artículo que es el 125 bis donde se habla de facilitación de la prostitución ajena. Queremos discutir con todo el feminismo la cuestión del punitivismo, qué entiende por «facilitación». Las putas somos antipunitivistas. Queremos discutir qué entiende la ley porque es otra cosa de lo que entiende la militancia feminista y el campo popular. Tenemos que pensar cuáles fueron las consecuencias de la legislaciones vigentes en las trabajadoras sexuales. Actualmente no tenemos acceso a luchar contra la violencia policial, ni posibilidad de una vivienda digna, ni tener obra social".

UNO Santa Fe dialogó con Georgina Orellano, secretaria general nacional de Ammar quien adelantó que se encuentran en conversaciones con trabajadoras sexuales santafesinas que manifestaron sus deseos de abrir una filial sindical en la ciudad de Santa Fe. También compartió su visión del contexto social y político en el que transcurre la prostitución en la actualidad y su postura frente a los debates dentro del feminismo.

—  ¿Cómo se convive con miradas tan distintas cuando se habla de prostitución, sobre todo con aquellas personas que lo han vivido y hoy trabajan en territorio?
—  Desde nuestra organización tenemos mucho respeto por aquellos compañeras o compañeros que han ejercido la prostitución y que hoy tienen una posición más cercana al abolicionismo porque entendemos que cada una de nosotras tenemos una historia distinta y no podemos poner a una como lo representativo de todo el resto. Por eso siempre nos cuesta mucho hablar de nuestra historia personal. Porque la mía no es la misma que la que atravesaron mis compañeros, y lo mismo, la historia de otros no es la mía ni de muchas otras de cómo comenzamos a ejercer el trabajo sexual y cuál fue la situación que nos llevó a terminar paradas en una esquina, o trabajando en redes sociales o a través de un departamento privado. Lo que nos unió a nosotras en Ammar es justamente lo que compartimos con la mayoría de los compañeros que es el estigma, la discriminación y la falta de derechos. Derechos laborales como la obra social, la jubilación y la persecución policial. Esos son los mayores mecanismos que nos llevaron a nosotras a organizarnos y ser la organización nacional como es Ammar que hoy por hoy cumple 23 años.

Sí hay una crítica nuestra al abolicionismo estatal. Una cosa es la compañera que fue prostituta, que tuvo una historia atravesada por la marginalidad, por la falta de oportunidades, por la desigualdad económica y que pide otro trabajo, pero otra cosa son ciertas funcionarias, diputadas, concejales que han desplegado políticas para combatir la trata de personas pero que terminaron combatiendo el trabajo sexual, llevando a una mayor clandestinidad a un montón de nuestras compañeras al generar marcos ilegales donde se termina vulnerando aún más nuestros derechos. Pensaron políticas para combatir la trata prohibiendo el cabaré pero nunca se convocó a esas compañeras para preguntarles de qué manera trabajaban para poder pensar conjuntamente cómo podían generar mejores condiciones laborales y no terminar atacando siempre al eslabón más débil. Acá no se terminó luchando contra la trata sino que fue contra un montón de mujeres y trans que deciden ejercer el trabajo sexual y que lo hacemos en condiciones indignas. Nosotras somos las primeras en criticar las condiciones en que tenemos que ejercerlo, pero no creemos que la respuesta del Estado sea prohibir o abolir, sino que desde nuestra experiencia como sindicato compartida con otros gremios y organizaciones sociales que pertenecen también a la CTA creemos que la herramienta es la sindical, y es a través del reconocimiento.

El trabajo sexual existe y se intentó abolir en un montón de oportunidades. De hecho el Estado en el que estamos es abolicionista, sin embargo hay un montón de personas que nos dedicamos al trabajo sexual y lo defendemos como tal. Entonces, me parece que una cosa es lo que se ha pensado sin nuestras voces y otra es desplegar políticas donde se nos respete por más que en lo que digamos muchas no se sientan representadas. Entendemos que hay un montón de compañeras que no quieren ejercer el trabajo sexual pero me parece que la respuesta no es prohibir y arrojar mayor poder a la policía, sino que se debería pensar en políticas públicas reales. En un presupuesto para que las compañeras puedan tener un trabajo digno con obra social a las que nos autopercibimos como trabajadoras sexuales. No creemos que una política invalide a la otra, pensamos que pueden ir de la mano, con alternativas laborales a quienes no quieren ejercer la prostitución, pero derechos laborales para las trabajadoras sexuales.

— ¿Cómo es la situación en Santa Fe?
— "Santa Fe es una de las pocas provincias que tiene derogado el código contravencional, de hecho es un proyecto que presentó la compañera Sandra Cabrera, una dirigente de la filial de Rosario, que por denunciar la trata de personas, niños y niñas con fines de explotación sexual fue asesinada de un tiro en la nuca hace 14 años. Su crimen quedó totalmente impune. Antes de su asesinato pudo ingresar en la Legislatura provincial la derogación del código de faltas de Santa Fe. En el año 2005, luego del asesinato de Sandra se generó mucho mayor impulso para que organizaciones de derechos humanos, del colectivo LGTB y también otras alianzas que generamos como Ammar puedan tratar ese proyecto y sea Santa Fe una de las pocas provincias que lo tienen derogado. Pero lo que no se pudo sacar es el miedo que muchas le siguen teniendo a las fuerzas de seguridad. Hicimos una recorrida, estuvimos hablando con 38 compañeras donde muchas nos contaban situaciones de violencia. Dicen que en el último tiempo comenzó a aparecer la policía que les pide el DNI, les hace averiguación de antecedentes, si no tienen encima el documento las llevan a la comisaría y las tienen detenidas 10 horas. Nos dijeron que no solo ven que la crisis económica las afectó como al resto de los trabajadores sino que eso genera que haya mayor conflictividad social en la calle, que hay chicas menores de edad que comienzan a ejercer la prostitución y se preguntan qué hace el Estado por esas adolescentes. Esa es la realidad de ellas. Un par nos contaron que habían dejado de trabajar durante un tiempo y se habían puesto un kiosco, y que ahora, entre la crisis y las tarifas que tienen que pagar tuvieron que volver a la esquina porque debieron cerrar el negocio. En ellas se tiene que pensar cuando hablamos de políticas públicas, y la abolición o la prohibición no son las respuestas".

—¿Existe la posibilidad de una organización sindical de prostitutas en Santa Fe?
—Con las que estuvimos reunidas sí tenían entusiasmo de decir "queremos poder organizarnos de la forma que lograron hacerlo en Capital Federal o en Paraná, que es lo más cercano. Vengan un par de meses a quedarse". Y les respondimos que no es que tenemos que venir a organizarlas sino que pensar que si hubo un grupo de trabajadoras en esos lugares que pudo hacerlo, tiene que incentivarlas a que también puedan repetirlo acá. Claramente cuentan con el apoyo de Ammar, y también con la CTA. Estuvimos con José Testoni (secretario general de la CTA en Santa Fe) reunidas, quien nos dijo que las puertas del sindicato están abiertas para que las compañeras de Santa Fe puedan tener la organización ahí. Así que en octubre vamos a hacer una asamblea donde vamos a intentar elegir una delegada para que Ammar Santa Fe vuelva a funcionar dentro de la CTA y comenzar nosotras a hacer un acompañamiento en la formación sindical y feminista de las compañeras pero también conteniéndolas porque sabemos que no es fácil, que cada provincia tiene un contexto distinto y que una de las cosas que más les preocupa a las compañeras es la condena social, el poder decir públicamente "soy trabajadora sexual", que la familia se entere pero que la sociedad esté cuestionando la toma de decisiones sobre sus propios cuerpos y proyecto laboral.

—Siempre se habla de los debates entre abolicionistas y regulacionistas dentro del feminismo, pero ¿hay tensión dentro del sindicalismo?
—Para nosotros el sindicalismo fue el primer espacio que nos reconoció como trabajadoras. Más allá de la discusión que haya en el feminismo, que si la prostitución puede ser considerada un trabajo o no, nosotras creemos que el mejor laburo que tuvo Ammar en estos 23 años fue ser parte de una central de trabajadores que nos considera como trabajadoras, y que no cuestiona o nos niega esa identidad sino que nos hizo parte. Nuestra construcción y mirada tiene que ver con ser parte de una central. Saber que no somos las únicas explotadas, que hay toda una clase obrera que no elige libremente su trabajo, que lo hace por necesidad, que está atravesado por malas condiciones laborales, pero que frente a todo eso se organiza para intentar mejorar y garantizar que sus derechos básicos sean reconocidos. Por supuesto que en su principio generó tensión. Nosotras pensábamos que quienes se iban a oponer a la sindicalización de las trabajadoras sexuales eran los dirigentes que por ahí están atravesados por cuestiones machistas, patriarcales, pero sin embargo nos sorprendieron y quienes generaron mayor resistencia fueron las mujeres. Eso nos hace comprender aún más de qué manera nos ha atravesado el patriarcado que siempre estamos viendo a la otra compañera como competencia o atravesada por cuestiones morales relacionadas a la sexualidad y el disfrute sexual que tenemos que tener cada una con nuestro propio cuerpo.

—La sociedad tiende a polarizar los temas, ¿pensás que como feminista hay que definirse dentro del abolicionismo o dentro del regulacionismo?
—Hay un montón de feminismos, no hay uno solo. Creo que hablar de un solo feminismo es negar que hay un montón de ramas, que hay compañeras que pertenecen al feminismo popular, negro, comunitario. Sí creo que nos tiene que permitir encontrar una agenda en común. Y tiene que venir de la mano de derribar todos los prejuicios que tenemos como compañeras, como feministas que venimos de distintos contextos sociales y políticos en donde claramente están arraigados en nuestra sociedad un montón de patrones socioculturales y que lejos de derrumbarlos, muchas lo terminan predicando. No queremos que ninguna tenga que definirse como abolicionista o a favor de las trabajadoras sexuales, me parece que eso es un error. Si nosotros lo potenciamos como "la grieta del feminismo", no vamos a generar nunca un consenso porque ya lo estamos planteando como una división. Con esta juventud, que en los últimos tiempos ha tenido un mayor protagonismo en los debates por el aborto por ejemplo, que potencien un modelo superador al que nosotras venimos teniendo históricamente con ciertos feminismos. Que ese modelo diga "dejemos de hablar de abolicionismo o de regulacionismo y hablemos de respetar los derechos de todas las mujeres, lesbianas, travestis y trans". Si hay una compañera que viene y te dice "mirá, yo soy trabajadora sexual", de ninguna manera podemos cuestionarla o juzgarla porque hay que entender que ser feminista es eso: respetar la decisión que la otra toma para con su vida, aún si yo no la tomaría para la mía. Hay un montón de compañeras que deciden ejercer el trabajo sexual frente a las pocas oportunidades laborales porque en todo caso la prostitución no es el problema de fondo. Sino que es que las mujeres pobres cuando salimos a trabajar tenemos muy pocas opciones y estamos destinadas a ejercer labores de cuidado mal pagos y precarizados. Podés ser niñera, empleada de casas particulares, cuidar ancianos o ser puta. Entonces, tenemos que construir mayor igualdad social. No combatir al último eslabón, y que la prostitución sea el mal de todo.

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