La sensación es inequívoca: Unión continúa transitando el mismo camino de medianía y conformismo. La ambición deportiva no está presente, el salto de calidad no llegó y parece imposible que llegue. En lo futbolístico, el club está sumido en un letargo, del que parece no despertar.
Unión y su dirigencia están sumidos en un letargo
La dirigencia de Unión se muestra inactiva en materia futbolística.
Ni siquiera el título obtenido por Colón sacudió las fibras íntimas de los dirigentes. Como si nada hubiese pasado. El plantel retornó a los entrenamientos el 7 de junio, 22 días después no se sumó ningún refuerzo y encima en las últimas horas se marchó la figura del equipo: Nelson Acevedo.
Pero con el agravante de que se fue en condición de jugador libre, por lo cual Unión perdió capital económico y futbolístico. Y además se fue a jugar a Godoy Cruz, como para hacer aún más flagrante el error cometido por la dirigencia que encabeza Luis Spahn.
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El Vasco Azconzábal solicitó mantener en el plantel a Acevedo, Ezequiel Cañete y Mauro Luna Diale. Y sumar tres refuerzos: un goleador, un marcador central y un volante ofensivo. Y la realidad indica que el único que está es Cañete, ya que Acevedo se fue, Luna Diale sigue en Buenos Aires y no llegó ningún refuerzo.
A esta altura, el panorama es realmente desalentador. No hay manera de ilusionarse con el plantel que tiene Unión, al cual claramente le falta recambio y sumar jerarquía. Ya de por sí, con la baja confirmada de Acevedo tiene menos plantel que en el torneo pasado.
Y encima los nombres que se mencionan como posibles refuerzos no despiertan esperanza. Unión está cerca de concretar el arribo de Nicolás Cordero, delantero de 22 años que es suplente en Huracán y que tiene apenas cuatro goles en Primera División.
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Otra cuestión que golpea al hincha es observar a Ignacio Malcorra en Lanús y a Enrique Triverio en Huracán. Dos jugadores que siempre estuvieron en la mira para ser repatriados y que en este caso volvieron al fútbol argentino pero no a Unión. No llegaron a ningún equipo grande y eso es lo más difícil de entender.
Por otro lado, el club sigue sin contar con un secretario deportivo, Martín Zuccarelli dejó su cargo en los primeros días de marzo. Es decir, que cuatro meses después nadie ocupa su cargo. Otra desprolijidad, habida cuenta que en los últimos años Zuccarelli era el encargado de gestionar los refuerzos.
Cuesta y mucho, por no decir nada, rescatar algo positivo en la gestión deportiva llevada a cabo por la dirigencia. No hay una voz oficial, que al menos comunique en relación a lo que se viene haciendo. El silencio y la inacción terminan siendo el denominador común en la directiva rojiblanca.
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Se ponderan las obras que se están realizando, porque es algo que quedará para siempre. Por ello, resulta saludable crecer en infraestructura. Eso es indiscutible, pero también es muy cierto que Unión es un club de fútbol y que en ese aspecto transita a la deriva.
No hay un horizonte deportivo, ni un proyecto a largo plazo. Tanto el club como la dirigencia están en modo avión, desconectados de la realidad futbolística. Y eso lo sufre el hincha, el plantel y el cuerpo técnico. Unión sigue lejos de dar el salto de calidad, simplemente porque aquellos que lo conducen no dan muestras de querer intentarlo.













