Como hacía tiempo no sucedía, en la previa al Clásico, Colón llegaba de punto. Un equipo que sumaba tres derrotas consecutivas, con jugadores en un nivel muy bajo y la confianza en el subsuelo. Además de la interna puertas adentro entre la dirigencia y Marcelo Saralegui, ya que el entrenador se negó a dejar su cargo, ante el pedido de los dirigentes, luego de la caída ante Sarmiento.
Colón llegaba de punto, pero terminó salvando la ropa
Colón llegaba al Clásico como punto, pero logró rescatar un empate y dejó una mejor imagen que su rival.
Toda esa tensión y el clima enrarecido que envolvía al mundo sabalero, hacían presagiar un Clásico adverso. Los argumentos futbolísticos como para pensar en un buen resultado no abundaban y la principal ilusión por parte de los hinchas de Colón pasaba por la famosa frase de que "un Clásico es un partido aparte".
Encima, el partido arrancó de la peor manera, ya que a los 20' lo perdía y ese gol de Luciano Aued, presagiaba la tormenta. Muchos gastaban a cuenta de que el resultado adverso, podía demoler a un equipo falto de confianza y sin atributos futbolísticos. La sensación que sobrevolaba el estadio 15 de Abril era que si Unión estaba lúcido, el Sabalero podía sufrir una catástrofe.
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Pero eso no sucedió, primero por errores de Unión a la hora de manejar los contragolpes y luego por mérito de Colón, que con el correr de los minutos comenzó a dominar a su rival y lo superó de manera nítida en el segundo tiempo. Bajo la conducción de Baldomero Perlaza (la figura del Clásico) el elenco visitante se fue imponiendo hasta llegar al empate y estuvo cerca de ganarlo.
La piña que significó el gol de Unión no lo mandó a la lona. Es cierto que trastabilló y estuvo algunos minutos obnubilado, pero se mantuvo en pie y pudo continuar el combate. Y si bien el cotejo terminó en empate, si esto fuera boxeo, Colón habría tenido una leve ventaja en las tarjetas. Porque terminó dejando una mejor imagen que su adversario.
Un empate que le da oxígeno no solo al plantel, sino también a los dirigentes que decidieron ponerle fin al ciclo de Saralegui. Una derrota en el Clásico hubiese significado un hecatombe, teniendo en cuenta que el próximo partido Colón juega como local. Por ello, este resultado, permite que por unos días, el clima sea de mayor tranquilidad y la salida del técnico ayudará a descomprimir el ambiente.
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No hay dudas que Colón terminó salvando la ropa e incluso si se animaba, podía quedarse con todo. Por momentos pareció conformarse con el empate, algo que se desprende de los cambios realizados por Saralegui. Le faltó arriesgar un poco más y aprovechar el desconcierto de Unión en la etapa complementaria.
Aún así, antes del partido y por como llegaba el Rojinegro, está claro que un empate se trataba de un muy buen resultado. Habitualmente se dice, que los Clásicos no se pierden y esa fue la premisa que lo llevó a Colón a empatar y no enloquecerse por los tres puntos. Como si supiera que el punto lo mantenía con vida y que un descuido podía resultar fatal.
Lo positivo para el equipo es que se sobepuso a la adversidad y que cuando tenía todo para sucumbir, salió a flote. Indudablemente que debe mejorar muchísimo en todos los aspectos, pero al menos, en el partido más importante del torneo, no hizo agua. Colón estaba para el cachetazo, pero logró esquivar la mano que lo hubiese puesto nocaut y aguantó la pelea de pie, logrando un empate aliviador.














