Colón construyó un mercado de pases ambicioso, coherente y ejecutado con precisión, pero también dejó una señal que no pasa desapercibida: el once ideal que tiene en mente Ezequiel Medrán no incluye jugadores formados en la cantera rojinegra. Es una definición futbolística, pero también política, que interpela al club en un momento clave de su historia reciente.
Colón, sin raíces en el once ideal: un proyecto fuerte, pero desconectado de su cantera
El equipo titular de Colón que imagina Ezequiel Medrán expone una decisión tan clara PERO discutible: no hay lugar para los surgidos de inferiores.
Por Ovación
Prensa Colón
Un mercado exitoso, sin discusión en Colón
Sería injusto no reconocer el trabajo realizado. Medrán, junto al director deportivo Diego Colotto, delinearon un plan claro y la dirigencia cumplió, cerrando los números para traer exactamente lo que se fue a buscar. El resultado es un plantel con jerarquía, experiencia y nombres probados para la categoría.
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Incluso, Colón va por más: busca dar otro golpe con la posible llegada de Federico Rasmussen, zaguero experimentado que ya compartió defensa con Pier Barrios en Godoy Cruz. Una dupla con rodaje, liderazgo y conocimiento mutuo, ideal para una Primera Nacional que castiga a los equipos livianos.
El impacto Lértora: jerarquía y riesgo para Colón
El gran movimiento político y simbólico del mercado fue el retorno de Federico Lértora. Un nombre pesado, con identificación plena con el club, pero también con una apuesta de alto riesgo: está cerca de cumplir 36 años y no juega profesionalmente desde abril de 2025.
Colón decidió asumir ese riesgo. Apostó a su liderazgo, a su ascendencia en el vestuario y a su conocimiento del club. Pero, paradójicamente, ese regreso no alcanza para disimular una realidad: la identidad formativa quedó relegada.
El equipo ideal: experiencia por sobre pertenencia
El once que Medrán fue moldeando de cara al inicio del torneo —que finalmente se postergará una semana— marca una tendencia clara:
-Matías Budiño en el arco
-Mauro Peinipil como lateral derecho
-Facundo Castet por izquierda (único que se mantiene, pero no surgido del club)
-Pier Barrios y Federico Rasmussen como centrales (con Nicolás Thaller o Sebastián Olmedo como alternativas)
-Julián Marcioni por derecha
-Ignacio Lago por izquierda
-Ignacio Antonio y Matías Muñoz en el eje central
-Matías Godoy como enlace
-Alan Bonansea como referencia de área
El dato es contundente: ninguno es producto de las inferiores de Colón.
Los pibes, al fondo de la fila
Los futbolistas formados en casa aparecen recién como alternativas lejanas. Zahir Ibarra pierde terreno con la llegada de zagueros experimentados; Conrado Ibarra es tercer lateral izquierdo; Zahir Yunis queda como cuarto central; y en ataque, Iván Ojeda y Matías Córdoba corren muy desde atrás en la carrera por el puesto.
Incluso se busca otro volante central tras la salida de Nicolás Talpone, lo que profundiza la lectura: la confianza está puesta en lo externo, no en lo propio.
Una decisión legítima, pero discutible
Colón armó un plantel fuerte, competitivo y preparado para la exigencia de la Primera Nacional. Desde lo deportivo, el camino elegido es entendible. Desde lo institucional y simbólico, deja un vacío.
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En los últimos años, el club se sostuvo en el sentido de pertenencia. Es cierto: esa receta tampoco funcionó y los resultados fueron desastrosos. Pero pasar de ese extremo al otro, borrando a la cantera del equipo ideal, abre un debate inevitable.
El desafío ahora será que los resultados respalden la decisión. Porque si la experiencia no alcanza y el equipo no responde, la ausencia de identidad no será solo un detalle: será una factura difícil de pagar.















