El País

El año en que Macri cometió todos los errores posibles

Un preciso repaso por las decisiones del gobierno nacional que provocaron una grave crisis económica 

Domingo 30 de Diciembre de 2018

Creyó que con el triunfo electoral alcanzaría. El 30 de octubre de 2017 Macri llamó a un acuerdo político. Era una promesa que había hecho a algunos allegados –el ala política- a poco de asumir: se debía pactar en la fortaleza del triunfo y no en la debilidad de la minoría, repetía. El acuerdo llegó. Fue vacío y todos vinieron al pie. La fortaleza duró poco.

En noviembre de 2017, cerró con los gobernadores un pacto fiscal; con los sindicatos parecía tener cerrada una reforma laboral; con los empresarios… a esos hay que dejarlos hacer negocios, no hay que meterse demasiado.

La economía parecía domada. No iba a haber crecimiento a tasas chinas, pero sería el primer año no electoral en mucho tiempo que no se caería. Con el respaldo político de haber ganado las elecciones, el plan era dictar los aumentos de tarifas en el primer trimestre. Se bajaba el pie del acelerador a la obra pública. Y después del Mundial (¡El Mundial!) arrancaba la etapa de la campaña 2019. Siempre con una economía vigorosa, aunque de crecimiento moderado.

Nada de eso pasó. Las primeras señales de alerta llegaron en febrero cuando la inflación marcó 2,4%. Muy por encima del 1% que Macri seguía prometiendo para más temprano que tarde. Un informe de la consultora Focus Market de enero mostraba una debilidad en las proyecciones del consumo de los primeros meses del año. Era otra luz amarilla. Había que esperar a que se efectivizaran las paritarias, decían.

Mientras la inflación no daba señales de ceder, el Gobierno perdía credibilidad. Y una de sus principales políticas de ajuste sufría una fuerte amenaza: Diputados volteó el tarifazo dispuesto a principio de año. Había más dudas sobre el modelo. El dólar empezó a trepar y se acabó el gradualismo. En mayo, pasó de 20 a 25. En ese momento, Macri tenía la opción de convocar a la oposición racional y generar un nuevo acuerdo político más duradero. No lo hizo.

Cuando la gente empezó a encender luces amarillas (todavía no rojas), Macri le echó nafta al fuego y anunció que volvería a pedir asistencia al FMI. Otra vez un planteo en soledad que incluso sorprendió a sus aliados de Cambiemos.

En cambio, en un discurso público salió a acusar al peronismo “amigo” de seguir “las locuras de Cristina Kirchner”. El peronismo en el Senado salió rápidamente a cerrar cualquier puerta a una negociación y le votó la ley antitarifazo. Lo obligó a Macri a vetarla. En la práctica, no tuvo ningún efecto concreto, pero fue visto como una mala señal: las políticas del gobierno de Macri no tenían respaldo de la oposición.

El frente interno (“fuego amigo”) no estaba mejor. Los radicales (fuerza fundamental para la estabilidad del gobierno en el Congreso) mostraban en público y en privado sus diferencias con el Ejecutivo. Fundamentalmente, reclamaban participar más en la toma de decisiones. En el PRO también había reclamos: su gente (encabezada por Vidal y Larreta) le pedía a gritos asistencia a la economía real. Tarde echó a los ministros de Energía, José Aranguren y de Producción, “Pancho” Cabrera. De todos modos, sus políticas eran dictadas por Macri: nada cambió.

En la Casa Rosada insistían con que esos serían los últimos cambios en el Gabinete. “Mauricio está cómodo así”, decían. Mientras tanto, en el libreto oficial seguían hablando de “tormentas”: lo que pasaba en la economía era producto de factores externos.

Pero el Gobierno tuvo otro golpe de realidad: a fin de agosto el dólar volvió a subir. Macri quiso frenar la suba anunciando un nuevo acuerdo con el FMI, más importante que el anterior. La idea de recurrir nuevamente al Fondo fue de Caputo y Dujovne. “La forma de comunicarlo no”, dijeron en el entorno de uno de los funcionarios. Se falló en la comunicación y en la política. Otra vez falló Macri.

El discurso en el que Macri reconocería por fin la crisis duró menos de dos minutos. Pero lo más grave fue que el Fondo no conocía el contenido de ese mensaje en que se daba al acuerdo como cerrado. Esto generó más temor en el mercado. El dólar superó los 40 pesos y Macri se vio obligado a reconocer la crisis y dar un volantazo.

El cambio de gabinete fue anunciado tarde y mal. Hubo rumores durante todo un fin de semana en que Olivos parecía un mercado persa. Finalmente, Macri optó por su mismo esquema pero cambiándole los títulos: cambiar algo para que nada cambie. Solo degradó a secretarios a algunos ministros, borró a los vicejefes de gabinete (pero los dejó asesorando en las sombras).

Marcos Peña quedó corrido, al menos momentáneamente, y relegado a los temas que son de su interés: las campañas políticas y la gestión de los parques nacionales a los que suele ir recurrentemente de visita.

Se fue Caputo, se cerró con el Fondo, se implementó un fuerte ajuste, se logró la aprobación de un presupuesto… el optimismo de Peña cedió a cierta aceptación de la gravedad de la situación por parte del ministro de la economía real, Dante Sica… el plan de Guido Sandleris y del FMI para controlar el dólar y moderar la inflación parecía estar dando resultados parciales. Aunque la crisis entraba en su peor fase, se logró cierta percepción de calma…

Hasta que Macri tomo otra mala decisión a fin de año. Fue en el operativo policial de River Boca, que terminó suspendido porque un grupo de hinchas le tiraron piedras al micro.

Si bien el operativo de seguridad estaba a cargo de la policía de la Ciudad, la zona por la que transitaba el micro estaba bajo control de Prefectura que son fuerzas nacionales. En un operativo normal no habría habido fuerzas de seguridad de la Nación ¿Qué hacían ahí? Fue un coletazo de una decisión tomada por Macri. Días antes había pedido que se jugara con público visitante. Eso solo se podía hacer si las fuerzas federales colaboraban con la seguridad. Así Patricia Bullrich y su equipo se metieron en el operativo.

Cuando finalmente se dio marcha atrás a la idea de jugar con visitantes, ya Prefectura era parte del operativo y no se los podía desplazar. Prefectura debió haber limpiado la zona cuando pasaba el micro. Pero la descoordinación de varias fuerzas terminó en escándalo. Sin aquel tweet de Macri nada de esto hubiera pasado.

Ganó River y, como siempre, nos olvidamos todo. Pero por las dudas, no vayamos a tener el fin de año en paz, otra vez antes del 30 de diciembre anunciaron todos juntos los reajustes tarifarios para el año que viene superando por entre 10 y 30 puntos la inflación prevista para 2019. Se decidió con Macri de vacaciones en Villa La Angostura… desde donde se toman las decisiones más importantes de la gestión cada diciembre.

Otra vez la estrategia de anunciar todo junto en el verano para después dar “buenas noticias”; otra vez, vuelve Marcos Peña al centro de la escena; otra vez reaparece Lopetegui, ahora devenido en secretario de energía para intervenirle el ministerio a Dujovne.

Volvimos a enero de 2018 pero con el doble de inflación, seis meses de caída de la actividad económica, un presidente con la peor imagen pública del país, cinco puntos más de pobreza y un futuro cada vez más incierto.

Pablo Winokur / A24

¿Te gustó la nota?