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Condenaron a cadena perpetua a un femicida serial por los crímenes de Sandra Ojeda y Ramona López

Jonatan Rivero usó la violencia extrema para asesinarlas. Lo sentenciaron, de manera unánime, a una vida en prisión por dos femicidios sexuales y un abuso sexual

Martes 26 de Julio de 2022

Jonatan Rivero recibió por unanimidad la pena a cadena perpetua por ser autor penalmente responsable de femicidio, abuso sexual y femicidio y abuso sexual con acceso carnal y robo simple. Fue autor penalmente responsable de los femicidios sexuales de Sandra Ojeda en 2014 y Ramona López en 2018. "Te vas a pudrir adentro", le gritaron los familiares de López a Rivero cuando se conoció la sentencia.

Además lo sentenciaron por un abuso sexual - contra "Paula", un nombre de ficción- en 2018. Además se lo incluirá dentro del registro de abusadores. Al momento de la lectura estuvieron presentes por el Ministerio Público de la Acusación Carlos Arietti y Alejandra Del Río Ayala

Sobre la condena que recibió Rivero, Del Río Ayala dijo a UNO Santa Fe: "La verdad que estoy muy conforme, no solo por la condena en sí, sino porque además se condenó por los tres hechos. El tercer hecho fue difícil porque la víctima no pudo venir, no estaba en condiciones de poder declarar con lo cual, la prueba obviamente era suficiente entiendo aún sin su testimonio. Es algo que pasa cuando hay abusos sexuales".

"Otra cuestión muy importante, me parece a resaltar, es que el Tribunal se refirió a los dos primeros hechos como femicidios. Simbólicamente es muy importante, no se habló de un homicidio calificado por violencia de género, sino por femicidio que es el artículo 80 inciso 11. Además los concursos que se plantearon, incluso en el segundo hecho, con el abuso sexual con acceso carnal también fue acreditado", agregó.

Por su parte, Arietti apuntó: "Desde el Ministerio Público de la Acusación estamos satisfechos de poder darle después de tanto tiempo una respuesta a los familiares de las víctimas que era lo que estaban esperando. Se vio aquí que estaban muy afectadas y esperamos que esto sea también un paso para ellas, para que puedan comenzar su sanación".

Los hechos

Blas Parera y 12 de Infantería es una parada de trabajadoras sexuales. Era una esquina que Jonatan Rivero frecuentó varios años, las mujeres que ejercen en la zona lo conocían. Pasó por allí a buscar a Sandra Ojeda en 2014 y a "Paula" en 2018. Con la primera caminó unas diez cuadras hasta un descampado en Camino Viejo a Esperanza y Alberti donde la abusó, la golpeó, la estranguló y la prendió fuego. Por ese crimen fue detenido e imputado ese mismo año pero la fiscalía de Homicidios nunca presentó la acusación en su contra y quedó libre.

A la otra mujer, que sobrevivió, la llevó a cien metros, detrás de la Escuela nº19 Juan de Garay. La violó bajo amenaza de cuchillo y le robó mil pesos. Meses antes que Paula se salvara asesinó a Ramona López, también en un contexto de brutalidad total y de sometimiento sexual.

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A los hechos, que fueron con violencia extrema, los describió la fiscalía durante todo el juicio contra Rivero por los femicidios sexuales de Sandra Ojeda el 6 de diciembre de 2014 y de Ramona López en 2018. Y por el abuso sexual con acceso carnal y robo a otra mujer (con el nombre no real de "Paula") el 30 de diciembre del 2018.

Actuó en representación de la Unidad Fiscal Especial de Violencia de Género, Familiar y Sexual (Gefas) del Ministerio Público de la Acusación la fiscal Alejandra Del Río Ayala. El tribunal está conformado por Rosana Carrara -presidenta-, Sergio Carraro y Pablo Ruiz Staiger. La defensa pública de Rivero estuvo a cargo de Betina Dongo y Silvina Corvalán, que habían solicitado su absolución.

Femicidios sexuales

En 2018 Rivero vivía junto a su hermana en un monoblock ubicado en Viñas y Azcuénaga, a unos 1300 metros de la parada de Sandra y Paula. Y a unas 40 cuadras de la Plaza Fournier, otra zona roja, donde el 17 de noviembre de ese año se cruzó con una trabajadora sexual que conocía previamente. La noche terminó con un tercer amigo D.S. que se sumó a la juntada improvisada. Fueron los tres a la casa de la chica para tomar una cerveza. Se sacaron una foto.

En ese domicilio de avenida Facundo Zuviría y Castelli estaba Ramona López. Una anciana, enferma, que dormía en su cuarto. Cuando llegaron la mujer le avisó a López, su mamá, que iban a estar un rato, que le dejaba plata. Al rato, le contó que los tres se iban a otro lugar. Pero Rivero no se sumó a ese plan. En la vereda les dijo que se iba.

Encontraron el ADN de Rivero en un preservativo y una colilla hallados en la escena del crimen. Un vecino de Ramona lo vio entrar a la casa, solo. "Él sabía que estaba sola durmiendo, indefensa. Siendo además una persona de edad avanzada. Nos permite sostener este actúa claramente sobre seguro", relató la fiscal durante el juicio oral y público. Contó que la abusó sexualmente y además con un palo que había en el hogar. Y agregó: "La golpeó brutalmente asesinándola y, en algún momento de todo este raid violento, fumó un cigarrillo entero".

En el caso de Sandra lo ubicaron una gran cantidad de testigos. Incluidas otras trabajadoras sexuales de Blas Parera y 12 de Infantería que dijeron haberlo visto en esa esquina con ella la noche que fue asesinada. Fue la última vez que la vieron viva. La victima tenía 22 años y tenía a cargo dos hijos pequeños. Rivero la conocía hacía tiempo, la pasaba a buscar a pie y la acompañaba hasta la parada.

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También lo señalaron en el lugar los policías que lo llevaran a la escena del hecho luego que él mismo lo denunciara en la comisaría de barrio Acería. Todos dijeron que se contradijo muchas veces en la declaración, y un oficial describió que le confesó de manera espontánea estar implicado en el asesinato. Además había rastros de sangre de Sandra tanto en la ropa de Rivero como en las uñas del imputado. Y el hombre tenía rastros de rasguños y una mordida en su cuerpo compatibles con la lucha que emprendió la mujer para intentar sobrevivir.

Sobre ambos femicidios Del Río Ayala dijo en los alegatos de cierre: "Las mató porque podía matarlas. Actuó con desprecio, con humillación, porque no le bastó con estrangularla a Sandra, sino que además después de muerta la prendió fuego mostrando en sus acciones lo desechable que era para él ese cuerpo. Estos asesinatos son un acto de poder. El factor de riesgo en estos casos fue ser mujer".

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La fiscal además señaló que estuvo presente el disfrute de la acción violenta ya que encontraron semen en la ropa interior de Rivero luego de los hechos. "No podemos dejar de preguntarnos cómo en semejante escena del hecho del imputado tuvo tiempo de disfrutar un cigarrillo", señaló en el caso de Ramona.

"En ambas situaciones podemos hablar de overkill (matar en exceso). Con intenciones además de desaparecer el cuerpo, en el caso de Sandra que la lleva a un basural y una vez muerta la prende fuego. En todos los casos vemos la presencia de instrumentos o elementos para atacar dominar, someter y controlar. Ve a la mujer como objeto de placer sexual. En estos femicidios hay un contexto colectivo de menosprecio del género femenino y de cosificación de las víctimas. Hay un contexto claro especial de dominio que se ve en el desprecio y la violencia extrema", sostuvo la fiscal.

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