Violencia de género

Femicidio en Esperanza: "La reincidencia tiene un alto porcentaje"

Lo aseguró la fiscal de la unidad especial de violencia de género y abuso sexual, Alejandra Del Río Ayala, al analizar el brutal homicidio de la comerciante en Esperanza. Activistas feministas también analizaron el hecho que conmueve a la provincia 

Martes 12 de Noviembre de 2019

Jorge Romero, el femicida de Gabriela Degiorgio, fue imputado este lunes por la autoría de homicidio calificado criminis causae y por mediar violencia de género, abuso sexual con acceso carnal y robo. A diferencia de lo que se dijo en un primer momento, el hecho se enmarca en un caso de femicidio y no de un asesinato por robo.

El mismo hombre, hoy de 28 años, había sido condenado, el 28 de agosto de 2014, a seis años de prisión por el Juzgado de Instrucción de la Sexta Nominación en el marco del sistema conclusional de causas. El delito por el que lo atraparon fue por golpear brutalmente e intentar abusar sexualmente de una mujer en una panadería que atendía en el sur de la ciudad durante el 2013. Cumplió la condena y recuperó su libertad el 15 de julio de este año. Anoche se realizó una marcha de silencio en Esperanza.

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El análisis

Si bien la fiscal del Ministerio Público de la Acusación, Alejandra Del Río Ayala, no trabaja en el caso del femicidio de Gabriela, es especialista en la temática por su experiencia en la unidad especial de violencia de género y abuso sexual. UNO Santa Fe la consultó para comprender la situación social en la que se dan estos casos de extrema violencia contra la mujer.

Sobre los casos como el de Romero, en el que estuvo preso por un intento de lo que ahora se reconoce como femicidio, Del Río Ayala dijo: "Más allá del porqué del delito, lo cierto es que una vez que una persona presa ingresa en el servicio penitenciario se supone que se somete a una pauta de resocialización que en realidad es el verdadero fin. Al menos desde lo constitucional que es estar preso. No sé cómo son los programas de resocialización, no es el ámbito específicamente nuestro, pero lo cierto es que esto pasa bastante a menudo. Esto no es una excepción. Que una persona que comete un delito, cumple una condena y sale y vuelve hacer lo mismo, no es una excepción. Con lo cual se puede pensar, y de hecho hay disciplinas que así lo sostienen, que la reinserción no funciona como debería funcionar".

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Sobre datos o estadísticas del MPA sobre reincidentes, la fiscal explicó: "Hay primero que hacer una gran diferenciación en cuanto a lo que son los delitos contra la propiedad, con los de guante blanco, contra la vida en sí que no tienen motivación en el género. Otra cosa son los delitos de género".

"Todo lo que es un abuso sexual, lesiones, femicidios, tiene una clara motivación en las diferencias de género. En esos casos yo estoy convencida de que se trata de crímenes de poder. Siempre. Porque hay toda una estructura patriarcal que habilita que estas formas de relacionarse de los hombres hacia las mujeres tenga una impronta violenta. Y lo vemos", aseguró.

"No puedo dar un número exacto, no tenemos estadísticas", aclaró y se explayó: "Pero sí es un alto porcentaje el de mujeres que recurren al sistema penal, a la que le pega la pareja o a la que la maltrata el jefe por ser mujer o la que es víctima de violencia sexual. Incluso lo vemos no solo en la misma víctima, vemos agresores que hoy están con una pareja y le pegan, y después están con otra pareja y también le pagan; o vemos hombres que abusaron sexualmente de niñas, los condenan, salen y lo vuelven a hacer".

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"Es una constante. Al mismo tiempo uno no puede generalizar y decir «todas las personas que cometieron delitos sexuales lo volverán a cometer», me parece que es sumamente peligroso hacer esa ecuación así tan lineal porque no hay ninguna base ni científica ni sociológica que lo pueda afirmar pero sí podemos reconocer que hay reiterancia. A veces hay reincidencia de la persona que ya estuvo condenada por ese delito, cumplió la pena y lo vuelve a cometer. Y a veces hay repitencia que es cuando la persona por la circunstancia que sea no estuvo o no pasó por el sistema penal o judicial pero cosecha más de una víctima", agregó.

A menudo se ve que frente a un caso donde la mujer es asesinada con extrema violencia, como el caso de Gabriela, aún hay cierta resistencia en hablar de violencia de género o incluso expresar que se trata de un femicidio. Ante la pregunta si es frecuente que a los hombres los maten también a golpes y con un abuso sexual en un contexto de robo, Del Río Ayala explicó: "Los hombres también mueren a golpes, hemos visto niños que mueren a golpes en el que también hay una dimensión de género en ese caso, hay un análisis para hacer. Y también hay hombres que mueren a golpes. No trabajo en homicidios, por lo que no conozco las características de las muertes de varones. Pero sí puedo decir que cuando la violencia en general, por conocimientos que uno tiene, es contra el hombre se despliega masivamente y termina en la muerte, a veces tiene que ver con alguna lucha que se dio, alguna golpiza entre varios".

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"En cambio en las mujeres, lo hemos visto en los femicidios de todo el país y desde hace muchos años, mueren con muchísimas puñaladas, muchos tiros, con brutales golpizas. Ya ahí con la forma de matar uno ve la saña con la que se comete el delito. Ahí se ve este patrón de género, el desprecio hacia la vida de la mujer. Y las violaciones, o los ataques sexuales en general, desde lo que antes se llamaba el piropo en la calle pero que es grosero y denigrante, hasta la violación se cometen en mucha mayor medida hacia mujeres y niñas. Esto no es algo casual", sostuvo.

Según datos del Registro Único Provincial de Situaciones de Violencia hacia la Mujer publicado a principios de este mes, la relación que mantiene o mantuvo la mujer con el agresor al momento de situaciones de violencia registradas, el 24 por ciento eran parejas; el 18 por ciento eran exparejas; el 16 por ciento eran otros familiares y el 29 por ciento eran no familiares. En esta misma línea, de los 226 femicidios cometidos en todo el país en lo que va de 2019 según un relevamiento de Mumalá, solo el cuatro por ciento fue perpetrado por desconocidos. En Esperanza los dos femicidios de este año, de Agustina y de Gabriela, los femicidas serían desconocidos por las víctimas.

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"Los delitos sexuales que son callejeros o que son distintos a lo que es la violencia intrafamiliar o entre personas más íntimas no son casos aislados. Lo que pasa es que también en lo que es abuso o acoso sexual es muy difícil que la Justicia pueda actuar sobre todo en lo segundo porque en realidad no está tipificado como un delito, entonces a veces se hacen denuncias y otras no se hacen. Es un universo que no se conoce y desde el cual no se trabaja desde lo penal pero casos hay un montón. Esto lo hemos visto en chicas que trabajan sexualmente, que hacen la denuncia a veces para conseguir una profilaxis o para curarse en el momento pero después no quieren continuar porque a veces es muy difícil para la víctima justificar de alguna manera que no provocó la situación, que no participó en que les haya pasado eso", argumentó Del Río Ayala sobre este punto.

Y siguió: "Entonces muchas veces no quieren continuar por una culpa o vergüenza de lo que pasa. Son hechos que son difíciles de demostrar y las víctimas no se quieren someter a eso. Pero esos ataques no son aislados, de hecho en Rosario hace poco hubo un juicio en donde se llevó a un imputado con 18 víctimas, que tenía estas características. Eran todas víctimas que circulaban, que iban a tomar un colectivo, o que iban a la escuela o que iban al club y las abordaba en la calle y las violaba".

En relación a la prevención de la violencia de género, la fiscal apuntó: "De un tiempo a esta parte, desde la masiva sanción de leyes sobre violencia de género se ha puesto de cierta forma erróneamente el foco en la víctima. Hace unos años participamos con una colega en un congreso con una ponencia sobre lo que es el gobierno de la violencia sexual donde se pone el eje en la víctima y en realidad, si bien no está mal porque hay que explicarle a la gente cómo funcionan los circuitos violentos y cómo prevenirlos cada uno desde su lugar, también se debe poner el foco para la prevención del lado de los posibles agresores o de quienes ya han sido agresores".

"Si no caemos en el simplismo de culpabilizar a la mujer, porque le decimos que no salga sola, que no se ponga pollera. Y no es para nada legítimo, porque lo que tenemos que acostumbrarnos es que cada uno tiene que respetar el cuerpo, la individualidad y la vida del otro, especialmente cuando son mujeres. Entonces está bien que por ejemplo se enseñe a niños que nadie puede tocar su cuerpo, pero la prevención no puede quedar ahí. Tiene que ir un paso más allá y también trabajar con estas circunstancias que son base para que todo esto no se cometa", concluyó.

El silencio en Esperanza

El colectivo feminista de esa localidad decidió no sumarse a la movilización por el asesinato de Gabriela. Cabe recordar que en enero, durante la marcha en reclamo por el femicidio de la adolescente Agustina Imvinkelried las activistas feministas fueron agredidas verbalmente por Analía Verónica Palmioli por tener pañuelos de la Campaña por el Derecho al Aborto legal Seguro y Gratuito.

"Nuestra postura fue no marchar junto a ellos, porque nosotras venimos trabajando hace muchísimos años pidiendo políticas públicas para la prevención y la erradicación de la violencia, queremos que se modifique el Código Penal Procesal, más presupuesto para las políticas de género, etcétera. Y esta marcha lo que pidió es mano dura y pena de muerte. Nosotras no adherimos a eso. Se intentó hacer ver este caso como un caso de inseguridad cuando en realidad es de género. Esperanza es una ciudad que tiene dificultades para resolver colectivamente sucesos como estos y ayer se manifestó. También es una sociedad que tiene dificultades para aceptar al feminismo. Era una marcha del silencio que se convocó "sin ideologías", pero terminó en la basílica. Además se pidió que sea sin pañuelos, sin banderas", sostuvieron a UNO Santa Fe desde el colectivo feminista Se Dice De Mí.

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Y agregaron: "Nosotras no estamos de acuerdo con las marchas del silencio porque gritamos cuando nos violan, nos golpean y no vamos a dejar de gritar para que dejen de matarnos. El silencio, la lógica de que calladita eres más bonita, es también la de la violación. El violador termina matando a la víctima para que deje de gritar, para silenciarla. Tampoco acordamos con una marcha donde no se propone nada, lo que se pretende es resolver muerte con más muerte. No podemos ser parte de eso y por eso ayer no marchamos".

"Desde el femicidio de Agustina nosotras hicimos una carta pública a la intendenta en la que pedimos que convoque a los colectivos que están trabajando en la ciudad para pensar estrategias para tener una ciudad libre de violencia hacia las mujeres y nunca fuimos convocadas. Siempre se miró para otro lado. En el municipio hay un área que trabaja de manera muy restringida en género, por la bajada de línea de quienes gobiernan. Evidentemente los políticos en Esperanza piensan que el tema no les da votos o beneficios políticos", cuestionaron.

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Al mismo tiempo observaron: "Son dos casos muy particulares porque los femicidios en estas circunstancias a modo de lobo solitario en el general son los menos. Siempre son en manos de parejas o exparejas, no son frecuentes estos de un cazador solitario pero lamentablemente los dos que tuvimos en Esperanza este año tienen esa característica. Esperanza tiene femicidios históricamente, nada más que no se los nombra de esa manera. Nadie quiere reconocerlo. Nosotras como colectivo recibimos permanentemente consultas de mujeres y tenemos que hacer acompañamientos a comisarías, fiscalías o ayudarlas a conseguir las medidas de restricción. Y es algo que no nos corresponde, porque si bien somos feministas y estamos comprometidas con la causa, no es lo mismo que el Estado. Le pese a quien le pese, el imputado Romero va a ser juzgado por femicidio lo que le va a merecer una pena mucho más fuerte que si fuese un asesinato en curso de robo. La incorporación de la figura de femicidio al Código Penal es una de las grandes conquistas del feminismo".

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