En febrero pasado, un nene de cuatro años murió al tocar un alambre electrificado en su casa de Santo Tomé. Se llamaba Lautaro Bustaver y esa noche estaba jugando en la vereda de José Cibils al 4.500 cuando se apoyó en el alambrado olímpico que hace de cerco en el frente de la vivienda y recibió una fuerte descarga.
El cerco que electrocutó a Lautaro hacía días que “daba patadas”
Lautaro fue llevado de urgencia al Samco y desde allí llamaron una ambulancia para trasladarlo al hospital de niños Orlando Alassia. Murió en la ambulancia. La investigación quedó a cargo del fiscal Estanislao Giavedoni, quien en diálogo con Diario UNO explicó que todas las pruebas recabadas hasta el momento apuntan a que se trató de un hecho accidental y descartó que se tratara de un cerco electrificado de manera intencional. En esta línea, su trabajo ahora se centra en determinar a quién le correspondía reparar la fuga de electricidad para evitar que el accidente ocurriera.
“Uno de los primeros testimonios de la causa es el del operario de la Empresa Provincial de la Energía (EPE), quien determinó que en el pilar de la casa había una fuga. Muchos de los vecinos declararon que los moradores de la vivienda sabían que existía esta fuga. Ahora lo que hay que determinar es a quién correspondía la responsabilidad de reparar esa fuga, si a quienes vivían en la casa o a la propia EPE”, explicó el fiscal. Entre las medidas investigativas, Giavedoni solicitó –con un requerimiento por escrito– a la EPE que determine además si existían conexiones clandestinas, tanto en la casa donde ocurrió el hecho como en los inmuebles linderos. “Este control y relevamiento más general no sólo permite analizar el tema de las responsabilidades sino que además queremos evitar que ocurra algún otro accidente”, aclaró el funcionario judicial.
Concretamente, cuando el operario de la EPE recibió el llamado de los vecinos el día del accidente, detectó que uno de los cables que salía del medidor de la casa estaba pelado y eso es lo que provocó la descarga de electricidad en el pilar de la luz. Según fuentes de la causa, fueron varios los testigos que señalaron que hacía días que el pilar “daba patadas”. Se cree que con las intensas lluvias que hubo en los días previos al accidente, el alambrado y la tierra mojada se convirtieron en una trampa mortal.
“Se puede hablar de un descuido, de negligencia por no ocuparse de solucionar el problema del pilar, de un hecho culposo por imprudencia de los moradores de ese inmueble. Pero no es un caso de dolo o hecho con intencionalidad”, analizó el fiscal.
Quemaduras profundas
Uno de los médicos del Hospital de Niños, adonde fue trasladado Lautaro tras el accidente, explicó los efectos de una descarga eléctrica de estas características y por qué sus consecuencias son tan violentas en el cuerpo de un chiquito. “El contacto con electricidad produce una quemadura externa, sobre la piel que tocó, y otra interna. La interna es mucho mayor porque puede estar quemada la carne hasta el hueso, son quemaduras profundas”, explicó Mateo Helmfelt, jefe de Guardia del Hospital de Niños adonde llevaron a Lautaro Bustaver.
Y amplió: “Si alguien se contacta con 220 pero tiene un cable pelado, o con una heladera y está descalzo, va a formar parte de un circuito y va a pasar por todo el cuerpo. Se llama arco voltaico. La electricidad pasa por el cuerpo y por el corazón, y puede producir un paro o arritmias. Además, la electricidad hace que los músculos se contraigan, como esos aparatitos para hacer ejercicio. Por otro lado, con el chispazo la persona se cae y se golpea y puede tener fracturas”.
Así, los efectos de la electricidad sobre una persona empiezan por una pequeña quemadura y pueden producir la muerte: “La electricidad corriente puede ser mortal. Va a depender de con qué se contacte la persona y si tiene la posibilidad de estar aislada. La típica patada es leve y te la puede dar algo con menor o mayor electricidad. Justamente la corriente normal es alterna para que te dé la posibilidad de la patada y poder así despegarte, porque si fuera continua te quedás pegado”. En este sentido, el médico indicó que en los cercos electrificados –que muchas veces se utilizan en el campo para perimetrar un área para animales–, la corriente suele ser continua pero de menor voltaje.
La explicación del médico aclararía por qué los casos de muerte se dan más frecuentemente con niños pequeños: “Por ser menores y tener menos tamaño son más vulnerables. Si la fuente de electricidad tiene una corriente más alta, como pasa con rayos o cables de alta tensión, el daño puede ser mucho mayor. Además, el tejido graso ofrece más resistencia”, apuntó.
Sólo 19 días antes de la muerte de Lautaro, se produjo un hecho similar en Buenos Aires. Un nene de 12 años, llamado Isaac, terminó de la misma manera al tocar una puerta que estaba conectada a una fuente eléctrica. Fue el 30 de enero en el partido de Moreno. El chico jugaba con otros amigos al fútbol y se les había ido la pelota al terreno de al lado. Como era una casa abandonada, cruzó la medianera para ir a buscar la pelota. Ahí se tropezó con un rastrillo y tocó la puerta que estaba electrificada. Murió una hora y media después de haber llegado al hospital de Moreno. El dueño de la vivienda, ubicada en Danubio y Rojas, fue al hospital ni bien se enteró del hecho y se dirigió a la comisaría, donde quedó imputado por el delito de homicidio culposo.













