A 446 años de la fundación de la ciudad

Afrosantafesinos: "Existieron y existimos las personas negras en Santa Fe"

En el aniversario de la fundación de la ciudad, UNO Santa Fe recuerda la historia invisibilizada de los descendientes africanos en la región. Una especialista explica cómo reivindicar y reconocer la presencia de negros y negras en las familias santafesinas.

Viernes 15 de Noviembre de 2019

De correr sin aire por su pueblo, sin entender quién es el perseguidor, a mirar las gruesas cadenas que están atadas en pies y manos. En la bodega de un barco cualquiera, los ruidos del metal rompen el mareo en la oscuridad de un viaje interminable. La incertidumbre se hace silencio entre miradas ajenas sin respuestas. Al llegar a una tierra desconocida, hay que caminar a pesar de los empujones y golpes. Entre gritos de un idioma extraño, se ofrecen los cuerpos al mejor postor. Y mientras las monedas caen lentamente en las manos del cómplice del primer cazador, un nuevo nombre bautiza el futuro mientras borra las historias, las creencias y hasta los sueños de volver a encontrarse con la familia que quedó partida sin tener una verdad certera.

La historia se repite en una cantidad incalculable de personas que fueron traídas desde África para ser esclavizadas en este país con el fin de formar parte del ejército que le dio la independencia a la República Argentina, de construir las casas de los pudientes colonizadores, trabajar los campos o hasta de tener que producir bebés para compra y venta. Santa Fe no fue la excepción a la explotación y negación de la existencia de la descendencia afro. Aún cuando la resistencia no solo fue ejemplar, sino fundamental para la cultura, y la construcción de la sociedad actual.

La Casa de la Cultura Indo-Afro-Americana de Santa Fe “Mario López” (La Casa) trabaja para erradicar todo tipo de violencia y discriminación en la ciudad a la vez que lleva adelante tareas para reconstruir y preservar la historia en invaluables objetos, libros y testimonios de la cultura afro en toda la región. Para conocer las marcas afros en la ciudad, UNO Santa Fe dialogó con Mirta Alzugaray, afrodescendiente y referente de La Casa, con estudios que le han permitido participar como ponente en congresos, universidades y museos. Además es comunicadora comunitaria, artesana y ceramista. A su vez, integra la Red de Afroargentinos del Tronco Colonial y aborda la perspectiva de género y el feminismo negro.

—¿Se conoce la temática afro en Argentina?

—Fue una decisión ideológica política invisibilizar la presencia de los africanos y africanas que fueron esclavizados en la época de la colonia, traídos como animales y categorizados de esa manera. Comprados y vendidos como ganado, como un bien de uso, como un inmueble o como un mueble. Entonces al momento de la conquista de América se diezmaron los pueblos originarios y afros porque necesitaban mano de obra para sostener el buen vivir de los españoles conquistadores, como pasó en Argentina. En la conquista no todos eran reyes, ni acaudalados económicamente, pero no iban a poner manos a la obra para construir una casa o para cuidar el ganado. Para eso se sometió a seres humanos, que fueron extraídos de África por europeos que vivían de la caza de personas, en lo que se llamó en su momento el comercio triangular que consistía en llevar mercancía de los países europeos e intercambiarlos por personas.

“Los traían a América porque el principal objetivo era la extracción de plata. Los africanos que ingresaban esclavizados por el puerto de Buenos Aires por españoles tenían como destino pertenecer al virreinato del Río de la Plata del Potosí, entonces se hacía todo ese camino hacia ese lugar llevando carne humana, los llevaban arriando. Por eso también las primeras fundaciones de la ciudades fueron hechas en ese camino. Rosario, Santa Fe, Córdoba, Santiago del Estero, y así hacia el norte, porque era el camino para llegar hasta ahí. En ese camino eran comprados y vendidos también dentro de las ciudades”.

“En general la mano de obra africana en la Argentina fue destinada, a diferencia de otros países de América, a buena parte del servicio doméstico pero también hubo en plantaciones y cría de ganado explotación de carne humana. La Iglesia Católica fue uno de los principales esclavizadores en la Argentina, y lo podemos ver por ejemplo en las reducciones jesuíticas de la provincia de Córdoba que había mayormente tres o cuatro curas y el gran porcentaje de población de esas reducciones eran africanos esclavizados y esclavizadas. Eso se empezó a ver hace poco con el revisionismo histórico”.

—Muchas veces se escucha decir que "en la Argentina no hay negros"...

—Es la creencia que quisieron instalar en el imaginario social. Desde Sarmiento y Mitre como creadores de esta imagen histórica que tenemos, llegados de los barcos europeos, fueron los primeros que invisibilizaron la presencia africana en nuestro país. La creencia es que murieron por las guerras de la independencia o por la fiebre amarilla, pero en realidad no es así. Fue otra forma de resistencia el mestizaje. Fue para poder mezclarse con el resto de la sociedad y no ser parte de ese sector que era siempre despreciado, porque ser negro o negra en este país es lo peor que te puede pasar. En cuestiones de aceptación social es esto.

“En concreto la presencia siguió estando pero completamente invisibilizada porque no formábamos parte de un sector que quisiéramos ser nombrado en la historia. Si se lee el manual que se usaba en la escuela primaria hace 30, 40 años por lo menos, de la población africana no había ninguna mención salvo por ejemplo el vendedor de velas, o la vendedora de empanadas o la mazamorrera que se veía en los actos de 25 de Mayo. Y en esa situación todavía se nos sigue proponiendo como habitantes del suelo argentino. Pero al momento de celebrar el 9 de Julio que es la independencia del país nosotros ya no formamos parte de ese imaginario social porque en realidad los africanos y africanas en ese tiempo todavía seguíamos siendo esclavizados”.

“Entonces se muestra en los actos escolares de una sociedad completamente patricia. Y los sectores más desfavorecidos no integran ese imaginario. Como que todos somos libres y está todo bien, cuando en realidad no era así. Había un sector de la población que seguía siendo sometido. Revisando la historia, la idea es vernos lo más europeos posibles. Argentina del cono sur es el país que se ve más europeo. Hay una negación hacia la presencia africana y también de los pueblos originarios. Porque ser argentino, en el imaginario, implica verse blanco y europeo. Eso fue sostenido por muchísimos años a lo largo de la historia y hasta la actualidad”.

“Hay una invisibilización de decir que en la Argentina no hay negros para no vernos. El fenotipo negro, si te ponés a ver cada rostro en esta ciudad la mayor parte de la población tiene esta características, y es la mayor parte de la población empobrecida. El cabello ondulado, las narices anchas, los labios gruesos son parte del fenotipo afro. Entonces, ¿por qué digo que esta invisibilización es ideológico política? Porque no nos queríamos ver negros. Formaba parte de un sector social del cual no queríamos pertenecer. Entonces Sarmiento y Mitre dijeron, "no, aquí en la Argentina no hay negros, murieron todos, desaparecieron". En realidad fuimos los primeros desaparecidos de la historia. Desaparecimos hasta de los libros de historia”.

"Un ejemplo de la invisibilización se puede ver en las guerras que libraron al país, como es el caso de la sargento María Remedios del Valle, a quien desde hace años se busca revalorizar, ya que lideró batallones en el Alto Perú, sobrevivió a balazos y azotes públicos de los realistas y se le otorgó el cargo de sargento mayor por la Sala de Representantes de la provincia de Buenos Aires en 1829, que revistó hasta su muerte en 1847. O el sargento Juan Bautista Cabral, que pasó a la historia nacional por morir en defensa del coronel José de San Martín y durante poco más de dos siglos se omitió que era de origen zambo y esclavo".

—En este revisionismo histórico, ¿hay números de cuántas personas fueron esclavizadas?

—En las reducciones jesuiticas puede haber números, hay estudios. Pero no me preocupan los números sino la invisibilización actual. Que a eso apunta el trabajo de La Casa, a revalorizar nuestra presencia porque no desaparecimos. En su gran mayoría, en las guerras murió la población masculina negra. Las mujeres no todas iban a la guerra. Algunas sí, otras no.

“A diferencia de lo que se cree, cuando vino la migración después de las guerras europeas a ese migrante se le proporcionó un terreno o herramientas para poder hacer la América y contribuir a este país con su sangre y sudor trabajando el campo. Pero a los africanos y a las africanas al momento de abolir la esclavitud no se les entregó absolutamente nada. Salvo un papel que decía que éramos libres. Pero en la realidad el 99 por ciento de ellos siguieron trabajando en las mismas familias de las que formaron parte como esclavizados. Y fueron relegados a los sectores más empobrecidos de la sociedad”.

—¿Qué pasó con las mujeres?

—El del hombre negro más que nada su fuerza de trabajo. Los primeros años de esclavitud se traían hombres a trabajar porque lo se explotaba era su fuerza de trabajo. Entre 15 y 25 años. Ese era el promedio de la pieza que se vendía y se adquiría acá. Pero después fueron traídas las mujeres negras, para calmar los apetitos sexuales de los hombres negros. Porque el miedo era que el negro tomara a la mujer blanca para satisfacer sus necesidades sexuales, entonces abriendo el paraguas traen negras. Pero después le vieron el negocio: los cruzaban y tenían más esclavizados. Y cuanto más había en una familia implicaba una mayor riqueza para el amo.

“Desde la mirada del género, desde la casa de la cultura afro, ponemos énfasis en todas las formas en que las mujeres negras fueron explotadas. Tenían hijos e hijas que eran vendidos. Se comercializaba el producto de su vientre. Y también de su pecho, porque se alquilaban las amas de leche para alimentar los hijos e hijas de otras familias españolas. Y ese peculio lo cobraba el esclavizador. Tanto la venta de sus hijos como de la leche. También eran alquiladas para la prostitución, y esa plata también la cobraba el amo. También fue vendida y explotada su fuerza de trabajo: para la limpieza, lavado de ropa, venta callejera. El cuerpo de la mujer negra fue explotado desde todos los aspectos. Al margen de que por supuesto, la clásica era que venía una mujer negra de edad promedio para trabajar en tu casa y la violación de parte de su propietario era número cantado aunque siempre se negara. En algunos lugares de la sociedad argentina, en el norte más que nada, existía el derecho de pernada. que quería decir que cuando una esclavizada formaba matrimonio con un esclavizado, la primera noche la tenía que pasar con el amo. El cuerpo de la mujer negra ha sido explotado desde todos los lugares”.

—¿Y en la ciudad de Santa Fe?

—Uno de los sectores primordialmente de presencia africana acá en Santa Fe es el sur de la ciudad. La zona del Museo, lo que conocemos como el paseo de las tres culturas, la Casa de Gobierno donde fue el casco histórico en el que la ciudad empezó a emerger. Ahora conforme la ciudad se fue ampliando los sectores más empobrecidos van formando parte de los bordes, los orilleros. Y en esos sectores es donde la presencia africana es mucho más marcada, al igual que los pueblos originarios.

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Objetos realizados por africanos encontrados en Arroyo Leyes. Se expone en el Museo Jesuítico Nacional. El museo está ubicado a la vera del Camino Real es Sitio de Memoria de la Esclavitud (UNESCO) e integra el Grupo Córdoba - Ruta del Esclavo.<div><br></div>
Objetos realizados por africanos encontrados en Arroyo Leyes. Se expone en el Museo Jesuítico Nacional. El museo está ubicado a la vera del Camino Real es Sitio de Memoria de la Esclavitud (UNESCO) e integra el Grupo Córdoba - Ruta del Esclavo.

“No hay estudios hechos o datos fehacientes de dónde mayormente está establecida la población de descendencia africana porque no estamos conformados en comunidades. No somos como el pueblo qom, el cual se agrupa y convive. Nosotros estamos completamente diezmados”.

“Sí se puede decir que hace unos años se conoció un hallazgo de cerámicas en Arroyo Leyes de una importante cantidad de piezas que estaban enterradas y que en una gran sequía empezaron a salir a la luz. Esas piezas en su momento fueron puestas a consideración por los arqueólogos en 1930 y en ese momento el análisis que se hizo es que no tenían una fuerte presencia española en la contextura de las piezas y la impronta que tenían era que no eran de los pueblos originarios de Santa Fe. No eran ni una cosa ni la otra. En su momento como no se supo bien, se dijo que eran piezas falsificadas por los propios arroyolences para ser vendidas a coleccionistas. Porque en ese momento estaba de moda y venían y compraban, entonces se desestimaron como piezas reales o auténticas”.

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<div><div>A los dos rostros humanos que adornan frente y dorso, se le agregan rostros animales cuando se coloca la vasija de perfil.</div><div><br></div></div>
A los dos rostros humanos que adornan frente y dorso, se le agregan rostros animales cuando se coloca la vasija de perfil.

“Muchos años después se pone el ojo sobre estas piezas nuevamente y se llega a la conclusión que fueron realizadas por manos africanas. Se habla de un quilombo entonces en la zona del Leyes. De un asentamiento de africanos y africanas que normalmente convivían con los pueblos originarios porque eran quienes no los sometían, el blanco sí. Entonces puede ser porque hayan huido, o por lograr la libertad, que los africanos y afrodescendientes tendían a convivir con los pueblos originarios. Aún se está investigando si el asentamiento de Arroyo Leyes pudo haber sido una familia o una cantidad de integrantes no muy grande asentados en la costa santafesina”.

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<div><div>Un rasgo particular de estas piezas es su iconografía. Los motivos plasmados en las vasijas no guardaban relación con la iconografía utilizada por los pueblos originarios.</div><div><br></div></div>
Un rasgo particular de estas piezas es su iconografía. Los motivos plasmados en las vasijas no guardaban relación con la iconografía utilizada por los pueblos originarios.

“El problema es que cuando fueron desechadas, desestimadas, se perdió una cantidad enorme de piezas, pero lo poco que quedó fueron rescatadas y fueron esparcidas por diferentes museos de provincias argentinas. Ahora hay un trabajo de poner en valor esas piezas, de hacer conocer esa historia y tal vez, por qué no, buscar la restitución de las piezas a su lugar de origen. Hay un par de familias que son originarias de la localidad que tienen el fenotipo afro recontra bien marcado, aunque no sepan si tienen descendientes africanos. Estamos perdiendo toda esa riqueza cultural que debería ser orgullo de nuestra localidad, para mostrarle al mundo esta historia”.

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<div><div>Las pipas eran las piezas más numerosas en el hallazgo de Arroyo Leyes, que es su mayoría fueron destruidas. Además del cuidado y dedicación en su trabajo, resultan de gran importancia porque permiten abordar los modos de interacción con otras comunidades.</div><div><br></div></div>
Las pipas eran las piezas más numerosas en el hallazgo de Arroyo Leyes, que es su mayoría fueron destruidas. Además del cuidado y dedicación en su trabajo, resultan de gran importancia porque permiten abordar los modos de interacción con otras comunidades.

—En este proceso social de invisibilización de la afrodescendencia, ¿no se pierde dentro de las mismas familias el conocer de dónde se vienen?

—Hay una demanda de la sociedad de dar cuenta de donde viniste. Si nos remitimos a las personas que fueron traídas desde África sabemos que fueron compradas y sometidas a un sistema que les quitaba el nombre, no se les permitía ejercer sus religiones, no podían hacer sus bailes, no podían hablar sus propios idiomas y toda tu descendencia era vendida ¿de qué manera podés hacer el rastreo? No hay forma. ¿Cómo puedo saber yo de dónde vinieron mis antepasados si cuando llegaron a la Argentina pasaban a ser propiedad de "..."?. Yo porto el apellido Alzugaray, que es español. Pudo haber sido el apellido del que esclavizó a mi antepasado. Que lo compró, le puso de apellido y de ahí siguió la descendencia. Entonces se perdió por completo en su gran mayoría la posibilidad de rastrear hacia atrás de donde venimos. A través de las investigaciones sabemos los sectores de donde provino la mayor parte del continente africano. Pero no se puede decir que soy zulú, mina, nigeriana, no se sabe. No tenemos forma de rastrear eso.

—¿Cómo hace alguien que se siente identificado con estos rasgos, fenotipos, que nombrás, que a lo mejor no conoce su historia familiar completa y quiere saber más del tema?

—Nosotros apelamos a la autopercepción. Lo que te vibra adentro. En mi familia particularmente el color que se porta en la piel es un color blanco. Toda mi familia es de piel blanca, pero vos los mirás y el fenotipo es igual que el mío. La nariz ancha, los labios gruesos, el cabello ondulado. Es más, he tenido tíos y tías que tenían el pelo mota. Y eso es una característica africana. Hay un escritor que habla de que en la Argentina tenemos cuatro abuelas. La conquistadora, que es la de los españoles de la cual todo el mundo habla y sabemos todo; la abuela inmigrante que vino en posguerra y muchas de ellas existían en más de una familias santafesina, de ella conocemos la hambruna que pasaron en sus lugares de origen y por eso vinieron; pero de la abuela originaria y de la africana no sabemos nada. No tenemos registros, ni forma de relatar la historia anterior a nosotros, a nuestra presencia.

“Entonces esas cuatro abuelas existieron y existen, el tema es de qué manera rastrearlas. Siempre en las familias hubo el tío o la tía negra, el abuelo chocolate, o el familiar que sin mencionar que era negro se le decía de alguna manera visibilizando esa característica, que tenía piel oscura. En la mayoría de las familias santafesinas está esa presencia. Y si una de esas presencias en tu familia está, entonces corre sangre negra”.

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“Yo particularmente no me lo planteo sino que me autopercibí afrodescendiente desde el momento en que conocí La Casa de la cultura afro. Ahí hice el quiebre en mi vida. Porque venir de una familia donde la piel blanca era tan notoria... Tengo primos y primas de cabellos rubios, ojos verdes hijos de hermanos de mis padres. Me hizo preguntarme siempre de dónde venía. Muchas veces le cuestioné a mi mamá si no era adoptada y en realidad hay una cuestión de resistencia racial”.

“Soy lo que soy lo que se denominaría en otro momento "el salto patrás". Donde lo que se conoce actualmente es que el gen blanco consume al gen negro, por eso entre el cruce entre un hombre negro y una mujer blanca o viceversa la predominancia es la blanca. En mi familia sucedió eso, se fue blanqueando. Pero ese gen siempre tiende a resistir. Entonces en algún momento vuelve a florecer. En este caso lo hizo conmigo. El portar el cutis, la piel, más oscura que el resto de mi familia fue una forma de mostrarle a mi familia que había sangre negra, que esa presencia estaba. Cuando conocí la casa de la cultura afro con 21 años me empezaron a cerrar un montón de cosas”.

—El primer paso es acercarse...

—Exacto. E investigar en tu propia familia. Buscar fotos antiguas. Intentar conocer los nombres, las características de las personas que formaron parte de tu familia en tiempos anteriores y de esa manera si te vibra adentro... A mí me vibró. Fue eso de decir escucho los tambores, y no me puedo quedar quieta. Hay algo adentro que te va llamando. Acercate, investigá y si querés formar parte en buena hora si así sucede. Lo que nos está sucediendo en la Argentina es que la autopercepción no se está dando. Entonces la invisibilización se sigue sosteniendo. Y si las personas que nos autopercibimos no salimos a la calle a contar esta historia queda solamente en una reducción del pasado. Existieron los negros. No es que ya no están. En honor a esas ancestras que siguieron sosteniendo de alguna manera como pudieron algunas costumbres africanas, que siguieron contando la historia de boca en boca es que nosotras necesitamos volver y poner en palabras esta historia. En honor a ellas es que lo seguimos haciendo. El tema es que no se quiere ver.

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