“Los efectos del cambio climático, lejos de ser una amenaza distante, se notan ya en cada rincón de Estados Unidos, condenado por temperaturas que seguirán subiendo en las próximas décadas, según un informe científico divulgado el 6 de abril por la Casa Blanca”, puede leerse en El Mundo de España.
El impacto del cambio climático en la salud de los santafesinos
“Allí se consigna –agrega el medio– que un aumento de las temperaturas de casi 1,1°C en el último siglo ha provocado que las olas de calor sean cada vez más comunes, que los incendios sean más graves, que aumenten las lluvias torrenciales y que el agua escasee en las regiones más secas del país, según el documento de la Presidencia de EE.UU.”.
“El cambio climático, que una vez se consideró un problema para un futuro distante, se ha instalado firmemente en el presente”, dice el informe. El documento fue elaborado durante cuatro años por científicos de los Estados Unidos y supervisado por el gobierno del presidente Barack Obama y titulado Evaluación Nacional del Clima.
El mismo prevé un aumento de temperatura de entre 1,1 y 2,2°C en las próximas décadas debido a “los gases de efecto invernadero que ya están en la atmósfera” y a sus efectos en el clima.
Hacia el final del siglo XXI, las temperaturas podrían ser de hasta 2,75°C más si el país aplica planes estrictos para reducir las emisiones de dióxido de carbono, o de hasta 5,5 grados si las emisiones continúan aumentando rápidamente.
En función de la región en que vivan, los estadounidenses pueden esperar un mayor aumento del nivel del mar, inundaciones, más precipitaciones y olas de calor en el noroeste; huracanes y una creciente escasez de agua en el sureste y el Caribe; y cada vez más sequías e incendios en el sureste, según la evaluación.
Dengue y leishmaniasis
Ahora bien, todo eso no impacta solamente en el país del norte. “El cambio climático y el calentamiento global se retroalimentan y, a la vez, son causa y consecuencia y su impacto puede verse en diversos órdenes tanto en lo ambiental como en el plano de la salud humana”, explicó por su parte a Diario UNO la Técnica en Saneamiento Ambiental y miembro de la Dirección de Promoción y Protección de la Salud de la provincia de Santa Fe, Mariana Maglinese.
“Básicamente, tenemos que pensar que las enfermedades vectoriales como las provocadas por insectos se incrementan con la proliferación y migración de los mismos del norte hacia al sur, dada la tala indiscriminada en regiones selváticas. Tal es el caso del mosquito aedes (de origen tropical) que trasmite la fiebre amarilla, el dengue y la fiebre Chikungunya, históricamente presente en Centroamérica aunque hoy ya lo encontramos en el paralelo 42”.
“También –agregó Maglianese– sucede con la leishmaniasis, una enfermedad transmitida por la picadura de moscas del género Phlebotomus propia de Corrientes, Chaco y Misiones, que representa una amenaza la provincia de Santa Fe”.
Las manifestaciones clínicas de esta enfermedad van desde úlceras en la piel que cicatrizan espontáneamente hasta formas fatales en las cuales se presenta inflamación severa del hígado y del bazo. La enfermedad afecta tanto a perros como a humanos.
Desde la Organización Mundial de la Salud (OMS), explican que la leishmaniasis “está vinculada a la deforestación, la construcción de represas, los sistemas de riego y la urbanización. Los cambios ambientales que pueden influir en la incidencia de la leishmaniasis son, entre otros, la urbanización, la integración del ciclo de transmisión en el hábitat humano y la incursión de las explotaciones agrícolas y los asentamientos en las zonas boscosas”.
“En relación al cambio climático, la leishmaniasis es sensible a las modificaciones en las precipitaciones, la temperatura y la humedad. El calentamiento de la Tierra y la degradación del suelo afectan en muchos aspectos a la epidemiología de la leishmaniasis”, agrega la OMS.
Serpientes venenosas
Maglianese explicó que la alteración en el ciclo biológico del agua (que entre otros aspectos implica más precipitaciones o más sequías), la deforestación de bosques, la alteración de los reservorios naturales, modifican el escurrimiento de las aguas, incrementan y modifican los cauces y hacen que se evapore más rápidamente el agua.
La deforestación implica un impacto letal para la biodiversidad y la extinción de algunas especies o su migración a zonas donde encuentren alimento como roedores en el caso de las serpientes y menos calor. “Eso incrementó los casos de ofidismo (mordedura de yararás, entre otras) en zonas semi urbanas donde no eran habituales, en Santa Fe”, ilustró.
Posteriormente, dijo que la deforestación es propia del sistema de producción imperante, que es extensivo e intensivo: cada vez se usan más hectáreas de tierra y se cultiva y cosecha sin descanso, lo que lleva a la pérdida de nutrientes de la tierra. Además, dijo que el sistema de producción agrícola ganadero es uno de los principales aportadores de gas metano y dióxido de carbono, que provocan el efecto invernadero y la elevación de la temperatura global.
Mientras tanto, un informe del panel intergubernamental de Naciones Unidas arrojó advertencias sobre las modificaciones que está sufriendo el clima en nuestro país.
El informe advirtió sobre el aumento de las precipitaciones en la provincia de Buenos Aires, el área metropolitana, el centro y sudoeste de la Argentina en los últimos 30 años. La extensión de las inundaciones está asociada, entre otras causas, a los cambios en el uso de la tierra.














