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Feminismo y Justicia: en qué se avanzó desde el primer Ni Una Menos

Entrevista en profundidad a Alejandra Del Río Ayala, jefa de la Unidad fiscal de Violencia de Género, Familiar y Sexual sobre las investigaciones que llevan adelante

Miércoles 03 de Junio de 2020

Uno de los ejes principales del Movimiento Ni Una Menos en el país es la exigencia a la Justicia de escuchar y dar una respuesta a las víctimas de la violencia patriarcal. Este miércoles se cumplen cinco años de una gran movilización en contra de todo tipo de violencia machista que se ejerce contra las mujeres a partir del femicidio de Chiara Páez en 2015. En plena pandemia por coronavirus, las marchas quedan descartadas y se invita a participar desde la reflexión. UNO Santa Fe entrevistó a la fiscal Alejandra Del Río Ayala, jefa de la Unidad de Violencia de Género, Familiar y Sexual de la Fiscalía Regional 1 Santa Fe del Ministerio Público de la Acusación (MPA) sobre la perspectiva de género en la Justicia, fallos que reconocen y derrumban estereotipos y lo que queda por cambiar.

—¿Qué pudieron percibir sobre el trabajo que se realiza en la unidad durante el aislamiento obligatorio, en relación a lo que era antes de la pandemia?

—El ritmo de trabajo, la rutina en general no varió en el sentido de la carga. Al principio se hizo trabajo remoto porque la primeras fases de aislamiento requerían que no salgamos así que nos llevamos los legajos para trabajar desde casa y tratamos de consensuar una forma laboral de poder seguir pidiendo informes virtuales. Empezamos con la modalidad de entrevistas telefónicas. Eso fue lo que nos permitió seguir avanzando en muchas investigaciones que de alguna manera tiene su lado positivo por el hecho de que no haya tanta masividad de gente circulando sobre todo ahora, que se ve en la Mesa de Entrada de la Fiscalía. Nos permite trabajar tranquilos y sin interrupciones.

Respecto de la denuncias, hubo en comisaría de la mujer entre el 25 de marzo y el 26 de mayo 67 casos de abuso. Es bastante poco en comparación a antes de la pandemia. Bajó mucho la cantidad de denuncias. Las primeras dos o tres semanas había tal vez dos denuncias por semana. Se fueron acrecentando a medida que se pudo salir de la casa. Tiene sentido porque la mayoría de los abusos son intrafamiliares y contra niños y niñas. Sí se mantuvo la cantidad de denuncias de mujeres adultas. Un alto porcentaje de esas 67 denuncias es de víctimas mayores de edad, cuando en realidad en períodos normales ese rango representa un ínfimo porcentaje en comparación a las víctimas menores. Eso da la pauta de que quienes fueron a denunciar son las personas que pudieron acercarse a la comisaría por sus propios medios, que claramente no son niños y niñas.

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—Claro, quienes tienen un poco más de autonomía.

—Exacto. Y que tienen otros tiempos, otras posibilidades. Generalmente la víctima adulta denuncia cuando psicológicamente se encuentra en condiciones de hacerlo. Es decir que la traba viene más desde lo subjetivo que desde un impedimento de acercarse físicamente a la comisaría o algún tipo de traba más material.

—¿Ayudó la posibilidad que abrió el MPA a principio del aislamiento obligatorio de poder hacer las denuncias por mail?

—Ayudar ayudó. Hay muchos casos de violencia de género o incluso sexual de mujeres adultas que se canalizaron a través de las denuncias online pero no con niños y niñas. También tiene que ver con que más allá de que los chicos manejen una computadora o un celular la verdad es a los que menos les llegan las noticias o este tipo de información. La página del MPA y cómo hacer una denuncia es algo que a lo mejor puede llegar a comprender una piba de 14, pero no una de seis o siete. Probablemente no tenga idea de que exista el MPA con lo cual no facilitó a niños y niñas porque son lo casos más difíciles y complejos.

—¿Y qué pasó con la violencia de género durante el aislamiento?

—Al principio de la cuarentena había mermado pero muy poquito en relación a épocas normales. Y ya se estabilizó, sigue siendo la misma cantidad que suele haber por semana. Varía mucho. En la unidad tenemos turnos de 48 horas por violencia de género y por ahí uno te dice que fue tranquilo con cinco llamados por día, y el fiscal siguiente te dice "me mataron a llamadas, tuve 30". Es muy variable el día a día. No obstante, las denuncias son muchísimas.

—Se cumplen cinco años del Ni Una Menos que justamente comenzó con un caso de la provincia de Santa Fe. ¿Pensás que hubo avances en la Justicia? ¿Qué es lo más notable?

—Creo que sí, hubo muchos avances. Lo veo muy patente en la parte de delitos sexuales en la Justicia. Creo que hoy sí se puede decir que hay muchos juicios por delitos sexuales, hay muchos casos que se judicializan constantemente. Cada semana no solo se inician investigaciones sino que finalizan otras. En el período de cuarentena, en las últimas dos semanas logramos concretar un montón de audiencias, de procedimientos abreviados que ya se habían formalizado y se lograron condenas. El cambio está en que antes prácticamente no se trabajaban y ahora hay una unidad que tiene cuatro fiscales abocados a delitos sexuales lo que es algo enorme en la Justicia. También se refleja en las resoluciones, a grandes rasgos en la gran mayoría de los jueces y juezas uno ve receptividad en ciertos pronunciamientos, en ciertas concepciones que antes no existían o que eran muy criticadas en la Justicia.

—Se vio hace poco con el caso, por ejemplo, del kinesiólogo.

—Hay algo clave en ese fallo que termina analizando algo que venimos insistiendo desde hace años las feministas que es el tema de los estereotipos de género. Esto de que si a vos te roban la cartera –y lo dice muy claro el fallo citando a autoras feministas– nadie te va a preguntar "che, ¿no se la habrás dado vos voluntariamente?". Porque nadie va a pensar que vos vas caminando por la calle y le vas a entregar tu cartera a un extraño. Acá en delitos sexuales históricamente pasó eso. Siempre ante una denuncia de abuso sexual se pensó primero si no había alguna actitud de la víctima que hubiera sido merecedora de esa acción, o que lo hubiera invitado al imputado a cometer ese hecho.

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Ese fallo lo destierra de plano y en eso se expide en varias páginas en las que analiza el tema de los estereotipos, e incluso hay un dato que no es menor y a cinco años del movimiento Ni Una Menos, es que vienen teniendo mucha publicidad los estereotipos, la crítica a la Justicia, la violencia de género con lo cual uno está más empapado de estos discursos y un poco más allegado a estos discursos. El fallo no obstante no se limita a mencionar cuestiones que circulan públicamente sino que hay citas concretas de autoras feministas, las que conforman el núcleo duro de los estudios de género. Está muy bueno porque evidentemente los camaristas se han sentado con libros de estudios de género, han leído, estudiado. Citaron a Catharine Mackinnon, que escribió "El feminismo inmodificado", que es un libro que tiene muchos años pero que jamás pensé que iba a ver citado en una resolución judicial. La verdad creo que el posicionamiento de la judicatura ha cambiado. Sin embargo siguen circulando estereotipos, sigue habiendo un montón de cosas para cambiar.

—¿Tuvo repercusión en las víctimas al momento de denunciar que sufrieron un delito?

—Pienso que sí. Hemos visto muchos casos, sobre todo en el último año de chicas jóvenes mayores de edad que han sido víctimas en su infancia que lo han contado en el marco de sus familias pero que nunca pasó nada y hoy vienen y te dicen "yo lo quiero denunciar, esto está mal, no quiero que le pase a otra y en su momento no lo denuncié porque nadie me facilitó la denuncia, no me hicieron caso" y hoy toman el coraje y van y lo denuncian. Creo que tiene que ver con que hay una respuesta y con que hay otro posicionamiento de la mujer en relación a este tipo de delitos.

—¿Qué estigmas quedan por romper en la Justicia? ¿Cuáles son las cosas para cambiar que decís que hoy son fundamentales?

—Muchas. Una de las críticas más grandes que tengo yo para con el sistema de Justicia entero, no es una crítica a jueces y juezas sino también a nosotros los fiscales y a los organismos del Estado que acompañan a las víctimas, es no saber acompañar a una víctima, no saber reconocer una situación por no saber trabajar sin un relato. Es en lo que más estoy luchando porque claramente hay muchas niñas, como también en casos de violencia de género de mujeres que vuelven con su agresor, no lo quieren denunciar y no tienen elementos para salir de la situación de violencia. Hay niñas que tienen un contexto sumamente opresor y la Justicia, lo digo con mea culpa, no sabemos investigar si no hay un relato. Y eso es algo que tenemos que empezar a corregir porque a veces los chicos no pueden hablar y no puede ser que la ayuda esté supeditada exclusivamente a que haya un relato concreto de que algo le pasó.

Hace muy poco hubo una sentencia de cámara de un juicio mío del año pasado, Zárate, fuimos con tres víctimas con una de las cuales nunca fueron a cámara Gessel porque es una nena que nunca pudo hablar. Y el contexto estaba acreditado en el juicio. Fue una nena muy silenciada que nunca pudo reconocer el abuso, incluso con una testigo que vio las situaciones de abuso. Pero como no hubo relato no se lo condenó. Y cuando fuimos a cámara logramos revertir esa situación logrando una condena. Pero es a fuerza de insistir con cuestiones que hay que empezar a desterrar. Los chicos no siempre pueden hablar.

—Te definís como feminista. Se puede imaginar que no es solo trabajo, sino además una convicción. ¿Cómo se sostiene en el tiempo escuchar todos estos relatos de abusos y violencias para buscar justicia?

—No solo es formación sino que también tenés que tener una personalidad determinada. A mí me ponés a investigar delitos contra la propiedad y no sé si sentiría la misma motivación, más allá de que la obligación del fiscal es investigar todo. Reconozco que en esto tengo un compromiso especial, me siento útil. Porque me da la posibilidad de ayudar a niños y niñas, a personas que sufren. No voy a decir que sufren más o menos que otros delitos, porque siempre que está involucrado un proceso penal hay un sufrimiento de por medio. Pero sí son casos terribles. A veces vemos y escuchamos cosas que todos los días me pregunto cómo puede ser que pasen. Lo bueno que tiene este trabajo es que nunca dejo de sorprenderme. Creo que cuando uno pierde la capacidad de asombro pierde el sentimiento por lo que hace, y acá eso no pasa nunca. Hay cosas inconcebibles, insólitas y eso de alguna manera te motoriza a seguir trabajando y tratar de hacer lo mejor posible.

También las frustraciones son muy grandes, cuando uno ve que no puede avanzar con una situación. Me pasa a veces que veo una causa, le creo a la víctima y no sé cómo probarlo o es prácticamente imposible demostrar el delito. Eso te deja un sabor muy amargo porque son situaciones muy injustas. Son delitos feos, difíciles, porque nunca vas a encontrar un justificativo para que el agresor haga lo que hace. En estos casos sobre todo donde hay niños y niñas, se abren legajos en niñes o de delito sexual y ves la peor miseria humana.

—De acá en adelante, ¿cómo ves la Justicia?

—Espero que mejor, que se siga incorporando la perspectiva de género y que se sigan formando todos los operadores del sistema. Es una deuda que tenemos con la sociedad, es una exigencia legal hoy por hoy. La formación es lo que nos va a transmitir la calidad de las investigaciones, todas las decisiones y que sean un poco más justas. Es imprescindible. Sí creo que tiene que haber más recursos destinados a este tipo de delitos.

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