Historias de vida

La conmovedora historia de adopción de una familia santafesina

Sara Gómez quedó viuda con cuatro hijos mientras uno de ellos estaba en trámite de adopción. A los trámites los había iniciado con su esposo, pero el hombre falleció antes del fallo. Años después el chico encontró a su madre biológica por televisión

Domingo 03 de Noviembre de 2019

"Tengo oro en polvo en la mano... ¿qué más se puede pedir que esto?", dice Sara Gómez (70 años) al poner en voz alta los audios que le mandan sus hijos desde Buenos Aires, Rosario, Tandil o pocas cuadras de su casa en Santo Tomé. Le cuentan lo que hicieron ese día, hacia donde van y en cada interacción le recuerdan que la aman. Tiene cuatro hijos, las dos mayores son mujeres y los más chicos son varones. Tiene varias fotos con la familia en su comedor, muy cerca de las dos camas preparadas para visitas en el cuarto de ingreso a su casa de barrio Nuestra Señora de Lourdes en Santo Tomé.

Hace una semana, la noticia de una resolución sin precedentes en un juzgado de Familia de Rosario la identificó: "Eso no es nuevo, me pasó a mí", le dijo a UNO Santa Fe. El caso revelaba que se dictó la sentencia de adopción post mortem de un nene a un matrimonio oriundo de San Lorenzo: el marido contrajo una gravísima enfermedad y falleció en medio de la tramitación judicial.

"Un día vino mi marido –Juan Carlos Franco– y me dijo que había conocido una chica en la rotonda del Club Unión, ella estaba siempre por la zona de un lavadero de autos donde ahora hay una verdulería. Le dijo que tenía un nene que no podía mantener, que no lo podía tener. Entonces la vimos, y me lo entregó. Nosotros éramos jóvenes, y dijimos: «está bien, pero con papeles»", recuerda Sara lo sucedido en 1974, cuando ambas mujeres tenían 28 años.

Los trámites los comenzaron juntos en Tribunales en ese momento y siguieron su curso hasta 1979. En el medio, tres años antes de que el juez resolviera la adopción, Franco murió en un accidente de tránsito en la curva de Cilsa. Sara quedó viuda con cuatro hijos (uno recién nacido) y con miedo a perder la tenencia.

"Pensaba que me lo iban a quitar porque no tenía pensión, nada. Estaba mal asesorada porque por el apellido me correspondía. Él era operario en la Fiat, que era una fábrica grande frente al aeropuerto y quienes trabajaban ahí tenían muy buen sueldo. Me habían dado obra social por un año y medio más, y un trabajo de limpieza por ser la mujer de un trabajador de esa empresa. Hasta que un señor de ahí me avivó y me dijo que me correspondía una pensión. Cuando me fui ya había pasado un año y medio, así que me fui al Ansés. Los papeles de adopción estaban en proceso. Entonces cuando tuve sueldo me acerqué a Tribunales porque ya tenía un sustento para poder seguir con los trámites", describe.

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"Justo el Día de la Madre mi hijo me preguntó por qué está anotado así", dice Sara. Cuando C. (se pidió la reserva del nombre) llegó a su casa y a la de Juan Carlos, ya tenían dos hijas biológicas. Al año, nació el último hijo de la pareja. En la libreta de matrimonio, C. está anotado último cuando no es el menor de los cuatro sino el tercero.

"Pasaron cuatro años hasta que el juez dispuso que se inscriba en la libreta de casamiento con el apellido mío y de mi marido porque el trámite se empezó estando vivos los dos. Lo dictaminó el juez, no lo pedí. Cuando me presenté para saber si me lo iban a quitar o no, me dijeron que no, que el expediente seguía en curso. Era todo año a año y él ya era mi hijo sin el apellido pero tuve la suerte. Él falleció el 6 de octubre del 1976 y a mí me lo inscriben en el 79. Por suerte un juez lo dictaminó sino al día de hoy no sé... Lo hubiera criado yo, cuidado yo, eso seguro, pero no iba a tener el mismo apellido que mis otros hijos. Lo diferente es nada más que él está inscripto como Franco Gómez. En cambio, los otros solo tienen el primer apellido, no el mío. Quedó así porque como yo era viuda... después mis conocidos me preguntaron que por qué no le ponía mi apellido a los otros, pero dejé las cosas como estaban".

La vida de Sara siguió y a los 30 se casó con Ramón López, su compañero de toda la vida. "Hace un año y medio falleció. Me crió los hijos como si fuesen de él me ayudó a luchar", describe. Además toda su vida trabajó de cortinera. Cosía cortinas para tiendas de decoración en la ciudad de Santa Fe. Se jubiló hace cinco años.

La televisión que une

De la llegada de C. a casa, Sara contó: "Ya pasaron mas de 40 años, ya la memoria de uno se complica... Lo que me acuerdo es que llegó como una locura, un nene en casa, un bebé. Tenía un año y unos meses. La verdad que era hermoso. Toda la familia estaba encima. Usaba pañales todavía y eran los de tela, había que limpiarlos. Y así se fue criando con los hermanos como si nada. Nunca le oculté nada a él, todos sabían que era adoptado. En casa hubo una reunión porque le tuve que cambiar el apellido, tuve que hacerle el documento nuevo, la libreta del jardín. Pero después nadie tocaba el tema, eran todos chicos. El más chico no había nacido cuando él llego a casa. Abrió los ojos y ya tenía a su hermano. Se habló del tema como que fuese un cuento. No te preguntaban porque ni sabían qué era una adopción tampoco".

"Él empezó hace unos diez años con el tema de querer saber más. Un día vino y me preguntó si era hijo de desaparecidos y yo le dije que no sabía la historia de la mujer pero que vino y lo dejó. Aparte fue antes del 76 cuando él llegó. Yo le dije que si quería preparábamos unos sándwiches, comprábamos una gaseosa y nos íbamos al pueblo de Cayastacito a preguntar por su familia biológica pero nunca lo hizo. No le podía dar más datos de los que ya le había dicho porque no tenía".

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Hace unos cinco años la búsqueda de la historia de la identidad de C. dio un vuelco de la manera más inesperada. En una siesta cualquiera por el programa Los Unos y los Otros con la conducción de Oscar "Negro" González Oro, la madre biológica del joven aparecía buscándolo. "Me llamó mi hermano y me dijo: «Me parece que la mamá de C. está en la tele». Prendo el aparato y era ella. Hablé por teléfono al canal y le dije que mi hijo andaba interesado en saber su origen. A mí no me interesa tener una relación con la señora, lo único que me interesaba era mi hijo. Hasta el Negro Oro me llamó para invitarme al canal, pero le dije que no me iba a hacer presente porque no era mi historia, sino la de mi hijo".

"Es como un libro, ¿viste cuando te falta la última página y vos la querés completar? Bueno él tenía que hacer eso. Lo acompañó al programa una de las hermanas, estuvieron en el estudio y formaron una relación aparte. Los hermanos tenían miedo que mi hijo se enamore de la madre y se vaya. Yo no, no es así. Él me dice siempre: «Vos vas a ser siempre mi mamá, ella es la vieja»", detalló Sara.

Sobre adopción

Hoy, los hijos de Sara son grandes, tienen sus familias y algunos viven en diferentes ciudades por sus trabajos. Se reúnen todos en Navidad, para que los 13 nietos puedan compartir en familia con su abuela. "C. me dio cinco, es el que más nietos me dio. Es mas callado de los cuatro pero es el más vivo. Es un chico que no le tiene miedo a nada", lo describe.

Sobre la adopción relata: "No es malo adoptar. Hay que aprender a quererlo, para empezar, a tener paciencia. Al principio pensé que no me iba a adaptar pero lo pude hacer. Porque el chiquito no tenía la culpa de lo que pasaba. Cuando falleció mi esposo él ya hacia cuatro años que estaba con nosotros. Cuando ya te encariñás no es fácil que vengan y te lo saquen. Y después luché".

Y reflexiona: "Tienen que cambiar las leyes de adopción. ¿Por qué tenemos que esperar más de un año?, ¿y el chico? Le tienen que dar la oportunidad a los chicos y a los padres. Cuánta gente hay que se tuvieron que ir afuera a buscar chicos a Taiwán, a la India, a Miami y no sé dónde más. Es tremendo. Hay que empezar con la casa. Las adopciones no son historias, son verdades, lo que pasa es que muchas veces no queremos ver la realidad. A veces pienso que si todos pudiéramos adoptar un chico, acá no habría huérfanos, ni comedores, ni nada. Lo que pasa en Argentina es que hay mucha burocracia para la adopción".

Sara además cuenta que tuvo que enfrentar muchos prejuicios durante la crianza de sus hijos: "Me han dicho cosas como que no sabés si te va a salir malo porque no le conocés la sangre, y sin embargo C. para mí es todo. Siempre está pendiente de mi enfermedad, tuve cáncer de mama y sigo en la lucha. A mi marido lo cuidé cada día de su internación antes de que falleciera. Yo lo necesito, lo llamo y está acá. Un hijo adoptado te puede salir malo, pero un hijo parido también te puede salir malo. La gente cree que la mejor sangre es la suya y que como esa no hay otra. Hay mucha discriminación. Yo digo que el hijo es como vos lo criás. Si vos le enseñás a respetar, lo aprenden. Yo he llevado a mis hijos a devolver cosas a la escuela, no me da vergüenza decirlo, cuando veía un lápiz, una lapicera, una goma, o cualquier cosa que no era de ellos, al otro día lo llevaba de la mano y le decía que se lo devuelva a la maestra. A lo mejor por esa vergüenza que pasaron no lo hacían más".

"Adoptá si tenes ganas de adoptar. Yo no me arrepiento ni un día de tener el hijo que tengo, doy gracias a Dios de que llegó a nuestra vida. Porque si yo no lo hubiera tenido ¿qué hubiera sido de él?, ¿en que manos hubiera caído?. Y ellos no se criaron entre lujos, si yo no trabajaba no comía. Era cuidar lo que tenías, la ropa para salir, para trabajar, de entre casa, porque no tenía para comprar todos los meses. Fue dura también la vida, pero no fue mala. Dios me compensó mucho. Hoy lo principal es que estamos unidos".

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